Alberto D. Prieto M.A. Ruiz Coll

El Ministerio de Asuntos Exteriores, que dirige Arancha González Laya, urdió en colaboración con el Gobierno argelino el plan para sacar de España al líder del Frente Polisario, Brahim Ghali, de espaldas a los ministros de Defensa, Margarita Robles, y de Transportes, José Luis Ábalos.

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Algo muy parecido ocurrió el pasado abril, con la entrada en nuestro país del enemigo público número uno de Rabat. Entonces, el CNI (Defensa) y el departamento de Interior, de Fernando Grande Marlaska, advirtieron de lo que podría ocurrir. Pero la titular de Exteriores siguió adelante con su plan, tal como indican fuentes internas del Gobierno, sin avisar a Marruecos de la "atención humanitaria" que se daría al enfermo Ghali en España.

Pero la operación salida resultó incluso más insólita, rayana en lo chapucero. La descoordinación entre Exteriores, Defensa y Transportes fue la que obligó a abortar el primer intento de sacar a Ghali, en la mañana del martes. Laya no quiso dar explicaciones e incluso la tarde del miércoles canceló una rueda de prensa que tenía convocada tras reunirse con la viceprimera ministra y ministra de Asuntos Exteriores, Asuntos Europeos y Comercio de Bélgica, Sophie Wilmés.

Como ya explicó EL ESPAÑOL, un reactor bimotor Gulfstream IV del Gobierno de Argelia, con matrícula 7T-VPM, que había despegado desde la base militar de Boufarik a las 8:36 de la mañana del martes con destino al aeropuerto de Logroño, fue detectado por los controladores militares, que desconocían su plan de vuelo.

Esa misma mañana, el líder polisario debía declarar por vía telemática ante el juez de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz desde una habitación del hospital San Pedro de Logroño, donde ha permanecido ingresado desde el 15 de abril para ser tratado de coronavirus. El plan era evaluar a Ghali desde el aeropuerto Agoncillo de Logroño, tan pronto como concluyera su declaración judicial, dando por hecho, como ocurrió finalmente, que Pedraz no impondría ninguna medida cautelar.

Arancha González Laya, ministra de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación. Efe

En condiciones normales, la Dirección General de Protocolo, Cancillería y Órdenes del Ministerio de Asuntos Exteriores se habría encargado de informar al Ministerio de Defensa de la llegada de un "vuelo de Estado" oficial, como el Gulfstream IV del Gobierno de Argelia que entró en el espacio aéreo español sobre las 10 de la mañana del martes para recoger a Brahim Ghali.

El Ejército del Aire habría comunicado el plan de vuelo del avión oficial -habitualmente tramitado desde el país de origen y aprobado por Eurocontrol-, de modo que el centro de control aéreo militar habría tenido conocimiento de la llegada de la aeronave con antelación.

Pero no ocurrió así en este caso, ya que Exteriores no informó a Defensa, como es preceptivo, de la llegada del avión oficial del Gobierno argelino. Fueron los integrantes de la Escuadrilla de Circulación Aérea Operativa (ECAO), con base en Barcelona, los que advirtieron poco antes de las 9 de la mañana de que un avión argelino había entrado en el espacio aéreo español, careciendo de autorización para ello.

El control aéreo militar impartió entonces la orden a los controladores civiles de Baleares de que la aeronave, que sobrevolaba en ese momento Ibiza, debía abandonar inmediatamente el espacio aéreo español. Hay otro dato que demuestra la improvisación que obligó a abortar este primer plan.

Discusión torre-piloto

Fuentes del sector consultadas por este diario confirman el momento esperpéntico vivido en el momento en el que se puso en contacto el controlador aéreo militar con la aeronave. Se le prohibió la entrada en el espacio aéreo español, y se produjo una discusión entre la torre y el piloto, que insistía en seguir adelante porque tenía "autorización oficial" para entrar y aterrizar en España.

Recorrido del vuelo fletado en Argel, con destino a Logroño, y obligado a dar la vuelta al llegar cerca de Ibiza.

Pero lo cierto es que en el aeropuerto de Logroño tan solo se contaba con una dotación escasa de bomberos, de categoría 1, por lo que la aeronave no podía aterrizar allí. Las mismas fuentes del sector aéreo aclaran que "eso indica que las instalaciones no estaban operativas".

Un avión como el Gulfstream IV, de tamaño reducido, no supone un desafío para las instalaciones logroñesas, pero si no había bomberos y un avión se dirigía allí "es que alguien no había preguntado". Es decir, que Exteriores no se había informado de si se podía hacer la operación.

Lo cierto es que el ambiente interno en el Gobierno ha llegado a ser extremadamente tenso a propósito de la operación Ghali. Marruecos llevaba meses apretando las tuercas a España -el cierre de la aduana de Melilla, su asfixia comercial y también a Ceuta, la suspensión y posterior desvío de la Operación Paso del Estrecho, el aplazamiento sine die de la RAN, la crisis de los cayucos a Canarias...-, y tras el reconocimiento de la supuesta marroquinidad del Sáhara por EEUU en diciembre, el régimen de Mohamed VI sólo esperaba una excusa más.

Fuentes de Interior, conscientes de cómo juega Rabat "con el grifo" de la inmigración ilegal, insisten en que advirtieron a Exteriores. También el CNI avisó de las tensiones acumuladas y de un posible "gesto inamistoso" de Marruecos. Y en la tarde del lunes 17 de mayo, cuando comenzó el asalto de 10.000 personas a Ceuta, todas las miradas se dirigían a Laya por no haber gestionado la acogida del líder del Polisario, con una guerra retomada pocos meses atrás contra Rabat.

Un atropellado 'plan B'

Algo muy parecido ha ocurrido esta semana con el dispositivo de salida de Ghali. Marruecos exigió no sólo que "respondiera ante la Justicia", sino que España demostrara "buena fe". Y, según Exteriores, en esta ocasión sí se avisó al régimen alauí de que el líder polisario saldría "inmediatamente" de España hacia su refugio de Argelia.

Pero las prisas fueron muy malas consejeras. El primer vuelo tuvo que darse la vuelta porque no tenía dónde tomar tierra. Y el segundo se improvisó casi de madrugada, alquilando una nave en Burdeos.

El reactor bimotor Gulfstream IV del Gobierno de Argelia, con matrícula 7T-VPM, que fue expulsado del espacio aéreo español el martes por la mañana.

Ése fue el atropellado plan B del que tuvo que dar cuenta Ábalos en directo, mientras la noticia estallaba con él dando la cara en televisión. A las 23.40 despegaba un jet privado con matrícula francesa F-HMED desde la ciudad del sur de Francia y 39 minutos después. A las 00.19 de la madrugada del miércoles, aterrizaba en el aeropuerto de Pamplona, para llevarse a Argel a Brahim Ghali, que había abandonado el hospital de Logroño tres horas antes.

En esta ocasión, no se trataba de un avión de la fuerza aérea argelina, sino un Hawker Beechcraft 1000, alquilado a la compañía charter francesa Airlec Air Espace. Se trata de un jet con capacidad para transportar nueve pasajeros, que habitualmente es alquilado por ejecutivos o grandes fortunas para realizar viajes de recreo o de negocios por Europa.

Marruecos "burlado"

Esta aeronave tiene su base en el aeropuerto de Mérignac-Burdeos. Una vez en el aeródromo de la capital navarra, recogió a Brahim Ghali, para trasladarlo a Argel. La nave emprendió vuelo de vuelta desde la capital argelina a las 3:33 de la madrugada del miércoles y tomó tierra en su base a las 6:03 horas. 

Todo este embrollo no sólo ha causado malestar en Ábalos, a cuyo departamento se desviaban las responsabilidades este martes, y en Robles, cuyos controladores entraron en tensión ante un "avión de Estado" desconocido que invadía los cielos españoles... sino que tampoco ha servido para apaciguar los ánimos del régimen marroquí.

El Gobierno de Rabat ha calificado de "burla" la salida del líder polisario de España y ha anunciado que no descarta nuevas represalias diplomáticas, como la expulsión del embajador español de su territorio, como ha informado este diario.

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