Pedro Sánchez apenas balbuceó unos monosílabos. Había terminado el acto en el que 1.400 armas habían sido aplastadas con una apisonadora delante de las cámaras de decenas de medios de comunicación.

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En ese momento, Maite Araluce, presidenta de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT), se acercó al presidente del Gobierno acompañada de su consejero, Miguel Folguera:

-Nos acercamos nosotros, porque como no nos recibes...

Fernando Grande Marlaska, ministro del Interior, estaba junto a Sánchez. Los representantes de la AVT pudieron, por primera vez en muchos meses, preguntarle a los miembros del Ejecutivo por qué no se les da a las víctimas del terrorismo "una explicación por los acercamientos" de etarras "que cada viernes generan tanto dolor en nuestro colectivo". 

-Sí, sí, ya, ya...

Fue lo único que alcanzó a decir el presidente, según la versión de los representantes de la AVT. La conversación fue breve, y el momento incómodo, sobre todo por el silencio de Sánchez y Marlaska, que no esperaban seguramente que les abordasen de esa forma.

TOMÁS SERRANO Tomás Serrano

Ante la mirada de personalidades y cronistas próximos al improvisado corrillo, la presidenta de la AVT le habló con rotundidad: "Esas armas las han empuñado los terroristas que acercais cada viernes a sus casas. Los mismos terroristas que se niegan a colaborar con la Justicia para esclarecer los atentados sin resolver". 

La "propaganda" 

En el acto, al que asistieron miembros del Gobierno, representantes de las instituciones del Estado, de todos los cuerpos y fuerzas de seguridad, y de víctimas y familiares de quienes fueron "asesinados, secuestrados o extorsionados por el terrorismo", el presidente se comprometió a "arrojar luz sobre los crímenes de ETA nunca esclarecidos". Aseguró también que seguirá "defendiendo la memoria de quienes fueron asesinados, heridos o secuestrados".

El evento de la destrucción pública de las armas incautadas durante décadas a organizaciones terroristas, en su mayoría a ETA, no contó sin embargo con el visto bueno de la mayor parte de las asociaciones de víctimas. La sensación general de los familiares de los asesinados es la de haber presenciado un acto absolutamente "propagandístico". 

Es lo que piensan tanto quienes se quedaron en casa como los que asistieron al Colegio de Guardias Jóvenes Duque de Ahumada de la Guardia Civil. Desde el Colectivo de Víctimas del Terrorismo (COVITE), por ejemplo, se preguntan: "¿Cómo vamos a ir a un acto público en el que se destruyen las armas con las que han asesinado a nuestros familiares? ¿De verdad alguien cree que esto es motivo de celebración?". 

Según la organización liderada por Consuelo Ordóñez, hermana del exdirigente del PP Gregorio Ordóñez (asesinado por ETA en 1995), el acto era puramente "propagandístico", y su único objeto era ocultar el "rotundo fracaso" del Estado de derecho con las víctimas del terrorismo, especialmente con las de ETA, a "más de la mitad" de las cuales "se les han negado sus derechos a la verdad y a la justicia".

Araluce y Fidalgo, de la AVT, junto al presidente del Gobierno y el ministro del Interior. AVT

También se desmarcó Dignidad y Justicia. Su presidente, Daniel Portero, habló de "una maniobra publicitaria" del Ejecutivo de Sánchez para tratar de "tapar el abandono, humillación y traición a los que tiene sometidas a las víctimas del terrorismo".

1.377 armas

"Jamás iríamos a un acto público en el que se destruyen pruebas que han podido servir para esclarecer los asesinatos de nuestros familiares, agrega Ordóñez."Nos han asegurado que las armas ya no tienen valor judicial para futuras investigaciones, pero es lógico que tengamos dudas sobre si servirían para esclarecer alguno de los más de 350 crímenes de ETA que todavía están sin resolver".

La artillería incautada durante tantos años a ETA llevaba años custodiada por la Intervención de Armas de la Comandancia de Madrid de la Guardia Civil, uno de los cuerpos competentes en esta materia. Todas ellas están sujetas a sumarios instruidos por los distintos juzgados centrales de la Audiencia Nacional entre 1977 y 2005.

Fueron 1.377 armas completas (697 pistolas, 172 revólveres, 274 subfusiles, fusiles de asalto, rifles de precisión y escopetas de ánima lisa) las que se destruyeron bajo la rueda de la apisonadora.  

Poco después de que Araluce le exigiera explicaciones al presidente se acercaron otras personas al corrillo, como la ministra de Defensa, Margarita Robles, y la tensión del encuentro se desvaneció. Los miembros del Gobierno no tardaron en marcharse.

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