El incendio de las calles en cerca de una decena de capitales de provincia españolas ha alarmado a los principales investigadores de la Policía Nacional. Los alborotadores buscaban protestar contras las medidas de aislamiento, y pronto, con esa excusa, se unieron a la manifestación extremistas de uno y otro signo, intentando monopolizarla y generando el caos a su alrededor. Lo hicieron rompiendo mobiliario urbano, enfrentándose violentamente a lo agentes y sin seguir las normas sanitarias previstas por las autoridades.

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Madrid, Barcelona, Valencia, Málaga, Bilbao, Murcia, Santander, Burgos, Vitoria, San Sebastián, León, Logroño... un movimiento protagonizado en su mayor parte por jóvenes de entre 20 y 30 años, adscritos en su mayoría a movimentos de ultraderecha y de extrema izquierda.

Los destrozos, el saqueo de tiendas y los ataques preocupan en el seno de la Policía Nacional. Quienes indagan estos altercados temen que lo ocurrido pueda "ir a más", sobre todo cuando empeore la situacuión económica por la pandemia o se endurezcan las restricciones de movilidad.

El domingo se vivió la segunda madrugada de protestas de esta primera gran revuelta de jóvenes por toda España. Los altercados más graves se vieron en Madrid. Hubo un momento de la noche, ya avanzadas las protestas en la Gran Vía, en que a los antidisturbios de la Policía Nacional no les quedó más remedio que sortear, cada 20 metros, una barricada de fuego y contenedores. Al paso, observaban que los jóvenes las habían prendido con pastillas incandescentes, de las que se emplean para avivar las brasas de las barbacoas.

Jóvenes ya fichados

Al tratar de dispersarles, les llovían pedradas, alguna valla de obra y toda clase de proyectiles. Hubo destrozos en el mobiliario, gritos y bengalas, e incluso, confirman fuentes de la investigación, se detectaron productos químicos para elaborar cócteles molotov.

El caos se apoderó durante unas horas de las calles del centro de Madrid. Pero el movimiento en contra del toque de queda y de las restricciones impuestas por el gobierno para frenar el avance del virus, tuvo su réplica simultánea en otros puntos de la geografía española.

Algunos no eran nuevos en el terreno de la barricada. Varios antidisturbios que tuvieron que sofocar las revueltas explican a EL ESPAÑOL que detectaron entre quienes protagonizaban las protestas algunos conocidos a los que ya tenían fichados de otros operativos anteriores.

A la manifestación se sumaron grupúsculos de la extrema izquierda, coincidiendo allí con ellos también neonazis de extrema derecha. La mayoría de ellos se organizaron a través de sus respectivos canales de Telegram, donde recibieron convocatorias de que había manifestaciones en marcha. 

Jóvenes queman contenedores en el centro de Madrid. EFE

Fueron incluso detectados ultras de equipos de fútbol de una y otra sensibilidad. Según informan fuentes del operativo, desde algún individuo al que se identificó como miembro de los Bukaneros, (ultras del Rayo Vallecano) como otros caracterizados con las consignas habituales de los Ultra Sur.

Sin organización

Hubo 59 detenidos el sábado en toda España: 8 en Logroño, 8 en Santander, 4 en Igualada (Barcelona), 4 en Bilbao, uno en Málaga, otro en Ibiza y 33 en Madrid. Esta última protesta, la más multitudinaria, se había convocado a través de las redes sociales. El plan era exhibir lemas tales como "Madrid dice basta", "Stop a la mafia política, stop a la dictadura" o "Madrid se arruina".

A las doce de la noche en la Puerta del Sol, esos grupos salieron a la calle para incumplir el toque de queda. Los agentes estaban avisados y el dispositivo de la Unidad de Intervención Policial (UIP) ya se había activado cuando quienes iban a manifestarse llegaron al lugar. 

Hasta allí fueron también quienes organizaron en su día las caceroladas de Núñez de Balboa, la plataforma Paseamos Juntos Por España. Una de sus portavoces, ya conocida por su presencia en las manifestaciones a sartenazos orquestadas antes del verano, se presentó con un reducido grupo de gente en el lugar para manifestarse "en contra de la dictadura". 

Fuentes de la investigación advierten de que no existe una coordinación a nivel nacional. La mayoría de los altercados en todo el país fueron protagonizados por grupos de todo tipo, muchos de los cuales tan solo buscaban un pretexto para armar un gran escándalo, una excusa para comenzar a saquear tiendas en sus respectivas ciudades.

Sin ir más lejos, en Logroño los disturbios los protagonizaron unos 150 jóvenes violentos las noches del sábado y del domingo, que se saldó cuatro personas detenidas y con tres contenedores quemados en varias calles tras haberse convocado en el paseo de El Espolón.

Varias decenas de jóvenes encapuchados han protagonizado en la tarde noche de este domingo distintos altercados en el centro de León, donde han volcado vallas y tirado sillas y mesas de terraza en Burgo Nuevo, la calle Alcázar de Toledo y las aledañas a la plaza de la Inmaculada, así como el vuelco de contenedores en las inmediaciones de San Marcos.

Mientras tanto, en el centro de Bilbao, otros chavales arrojaban bengales a los agentes de la Ertzaintza. En San Sebastián y Vitoria se producían otros actos de vandalismo. En Murcia y Cartagena, jóvenes negacionistas y de extrema derecha replicaban los actos vandálicos quemando coches y contenedores al grito de "Libertad" y  "arriba España". 

Punzones y rodamientos

En contra de los mensajes de distintos partidos políticos como Podemos o Vox, las manifestaciones no habían sido organizadas pormenorizadamente días atrás. Han sido convocatorias geográficas muy puntuales, no concertadas a nivel nacional y secundadas por grupos de alborotadores profesionales que participan en ellas sin motivación política alguna y con el único ánimo de provocar incidentes.

Por el momento, el Sindicato Unificado de Policía (SUP) ha condenado las protestas ante las cuales sus hombres han tenido que enfrentarse. "No estamos ante gamberradas sino ante violencia gratuita que debe ser cortada de raíz por el resto de la sociedad, desmarcándose de actos de protesta en los que no se pueda acreditar quién convoca y con qué objetivo lo hace".

A la Unión Federal de Policía (UFP), mientras tanto, le preocupa la situación en la que viven sus agentes afiliados, en gran medida los adscritos a las brigadas de Seguridad Ciudadana. Temen que continúe existiendo esa inseguridad personal y jurídica en situaciones límite como las que viven los antidisturbios en altercados de esa magnitud. Piden al Ministerio del Interior instrucciones claras "de cual debe ser la forma de actuar, por no hablar de lo 'barato' que penalmente resulta agredir a un Policía, hecho que los violentos conocen y que nos lleva a situaciones de auténtica indefensión".

Había de todo en las calles de las grandes ciudades españolas, pero en mayor medida jóvenes de todo tipo de sensibilidades. Ellos fueron, mayormente, los detenidos por los disturbios en las diferentes ciudades. En Madrid, sin ir más lejos, 2 de los 33 arrestados eran menores de edad. 8 no llegaban a los 20 años. 22 de los detenidos tenían edades comprendidas entre los 20 y los 30. 14 de ellos tenían antecedentes previos por otros delitos similares. Solo uno sobrepasaba la treintena.

Consigo llevaban punzones, rodamientos, toda clase de materiales con los que herir o golpear a los agentes que intentaban sofocar la rabia de la protesta. Hubo carreras, insultos, contenedores incendiados. Los agentes que investigan ahora los hechos advierten: no había tanta gente, no estaban organizados, pero las cosas pueden ponerse peor. Mucho peor.