Hace 20 años que Jorge se especializó en construir muros y vallas en todos los países del mundo. Ahora su empresa, Quickfence S.A., está desarrollando uno de sus últimos proyectos en la frontera de Ceuta y Melilla, elevando una nueva valla fronteriza de diez metros de altura.

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En el encargo que le realizaron desde la empresa pública Tragsa quedan ya eliminadas las concertinas, las polémicas cuchillas que culminaban el enrejado a lo largo del límite de las dos ciudades autónomas con Marruecos. El acuerdo que tiene con el Ministerio del Interior le obliga, como suele suceder, a la máxima confidencialidad.

Los datos de las obras, pese a que la construcción ha echado ya a andar, los guarda con el mismo celo que imprime a los otros trabajos que tiene en marcha en distintas partes del mundo. 

Antes de emprender en asuntos más enfocados, como él dice, en seguridad perimetral y en "infraestructuras críticas", Jorge inició su andadura profesional en el alambre soldado. "Fabricaba vallas de una forma genérica", explica a EL ESPAÑOL.

"Vallas para piscinas, para chalés, para urbanizaciones". Con el paso de los años, su firma desembocó en el sector de la seguridad a gran escala y se especializó en él. Ese área constituye el grueso de las actividades de su compañía. 

Aunque ahora Interior ha optado por ellos para erigir la nueva valla que rodee Ceuta y Melilla, la mayor parte de los trabajos los realizan en el extranjero. "Exportamos un 98 por ciento de lo que hacemos. Tenemos proyectos incluso en Australia".

Quickfence S.A. es una referencia mundial en sistemas de malla de alta seguridad. La empresa de Jorge cuenta con 7 empleados y una facturación de 3,6 millones de euros, una cifra considerable dada la magnitud de los trabajos que acometen.

Uno de los tramos de la nueva valla de Ceuta y Melilla, en plena construcción. EL ESPAÑOL

Tal y como explican en su página web, sus instalaciones "incluyen una de las pocas líneas de producción de vanguardia en el mundo junto con innumerables otras máquinas de alta tecnología, lo que permite la fabricación de alta velocidad y calidad de nuestros productos". 

Afincados en Toledo

El ámbito en el que se mueve este empresario nacido en Madrid es reducido. Se trata de un sector de nicho. No hay tantas empresas tan especializadas como la suya por el mundo. Quizás por eso a muchos, aunque no a él, les sorprendió cuando se ofreció para construir el muro de más de 3.000 kilómetros que Donald Trump proyectó en la frontera con México.

No era la primera vez que entraban a concurso en negocios de esas características. "Ya habíamos participado en un tramo que se construyó con George Bush también allí", apunta el líder de la firma. "El sector es muy pequeño, y cuando surge algo nuevo al final te enteras o te llaman". 

Era el año 2005 cuando el ejecutivo del presidente norteamericano les otorgó aquella labor. Lograron edificar, junto con otra empresa británica, unos 900 kilómetros de muro en el estado de Texas, una gran parte de lo que hay construido en la actualidad.

Quickfence acomete por lo general grandes proyectos, pero han trabajado en toda clase de escenarios: centros comerciales, escuelas, urbanizaciones, cárceles, proyectos relacionados con los trenes de alta velocidad en España... Y, por supuesto, fronteras internacionales.

La empresa nació en Madrid poco antes de empezar el siglo XXI. Años después, cuando las cosas comenzaron a ir bien, Jorge buscó un terreno más amplio y lo encontró en la localidad de Yuncler (Toledo). Aunque mantienen la sede en la capital, allí se encuentran la gran parte de los trabajos desde entonces.

El muro de Trump

Cuando conocieron la noticia de que la administración Trump abría el concurso público para conceder la construcción del muro en los estados que colindan con México ni se lo pensaron.

Lo organizaba el Departamento de Seguridad Nacional de los Estados Unidos. Tuvieron que esperar un tiempo hasta que les dijeron que no eran, por el momento, la opción escogida. "No nos lo adjudicaron, yo creo, porque en en ese momento estaban muy 'proamericanos'".

Dice que siguen en contacto con ellos y que en años posteriores quizá tengan una nueva oportunidad. Mientras tanto, el proyecto de Melilla y de Ceuta continúa su marcha. La están elaborando de chapa metálica y barrotes de acero. El presupuesto para esta especie de empalizada que cerca las dos ciudades autónomas asciende a 17 millones de euros. 

Con esa nueva altura, la separación entre España y Marruecos pasará a convertirse en una de las vallas de frontera más elevadas del mundo.