Hubo un tiempo en el que los de Vox no eran nadie. Y ahí estaba ella. Unos años en los que las sedes que se inauguraban sólo ocupaban la primera planta de un edificio residencial, en los que a los mítines iban 9… 10… personas, y dando gracias. Y ahí, siempre, estaba ella, Cristina Gómez Carvajal, la concejala díscola de Vox en el municipio madrileño de Galapagar. Ahora, sin embargo, en esencia está absolutamente sola. No la quieren ni en su partido, se ha pasado, que ya es decir. Ya nadie le tiene en cuenta lo que hizo.

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El nombre de Cristina Gómez ha vuelto este martes a la luz porque la ministra de Igualdad, Irene Montero, ha puesto una denuncia contra ella. La acusa de coacciones y acoso diario en en su residencia de la propia Galapagar y también a través de las redes sociales. Según la denuncia, que ha sido entregada en el juzgado de Instrucción de Collado Villalba y recogida por Efe, Cristina Gómez ha asegurado que no va a cesar en el acoso hasta que Montero y su pareja, el vicepresidente del Gobierno, Pablo Iglesias, abandonen Galapagar y se vayan, casi al azar, “a Venezuela”.

Pero esta no es su primera polémica. Ya a principios de este mes, el 9 de junio, Cristina Gómez publicó en la red social Twitter que a Fernando Grande-Marlaska, el ministro del Interior, “le ponen los niñitos jovencitos”. El comentario empezó a circular rápidamente por internet, con la gasolina del cargo que ocupa dentro de Vox, y el partido activó el Comité de Garantías para abrir un expediente de expulsión contra Gómez. La concejala es demasiado ultra hasta para el partido de Santiago Abascal.

Cristina Gómez, tercera por la izquierda, y Santiago Abascal, tercero por la derecha; en 2017. E.E.

Con todo esto, Gómez está poniendo en peligro todo aquello que durante tantos años construyó. Según han trasladado fuentes municipales a EL ESPAÑOL, ella fue de las primeras personas en afiliarse a Vox en Galapagar. Prácticamente fundó la delegación del partido ahí, siempre iba de apoderada en las generales y de candidata en las municipales. Pero ahora nada. Y es que su perfil llevó a que Vox en Galapagar priorizara a otras personas frente a ella en las listas en cuanto vieron que había opciones reales de llegar a la Alcaldía o al Gobierno municipal. Ahora está a días de ser expulsada.

Desde los inicios

En realidad, no es fácil seguir el rastro de Cristina Gómez. En su perfil de Twitter ha borrado todas las publicaciones previas a abril de 2019, a pesar de que se creó la cuenta en 2015, al poco de entrar a formar parte del partido. Cuatro años que han desaparecido, reducidos a nada. Quién sabe si por propia recomendación de Vox. Además, es de los pocos concejales que no tiene su currículum subido a la página web del Ayuntamiento de Galapagar.

Sin embargo, este diario ha podido saber que lleva en el partido prácticamente desde su creación en 2014. Tiene dos hijos, menores, y reside en la urbanización Parquelagos de Galapagar, cercana a donde se encuentra la vivienda de Iglesias y Montero, en La Navata. Hasta ahí, cruzando el campo, se acerca cada día a las 21.00 para participar en las caceroladas que tienen lugar a las puertas del chalé del vicepresidente y la ministra.

La primera vez que Cristina Gómez concurrió a las elecciones municipales bajo el paraguas de Vox fue en las que se celebraron el 20 de diciembre de 2015. Ocupaba un alto segundo puesto en una lista formada en su mayoría por independientes. Y es que, entonces, a Vox no les votaba casi nadie. En esas municipales la formación de Santiago Abascal obtuvo un total de 194 votos, un 1,35% del total. Fue la última fuerza votada en unos comicios que ganó el Partido Popular.

Apartada por el partido

A pesar de ello, Gómez no perdió fuerzas y siguió pidiendo el apoyo para el partido. Lo mismo celebraba que Vox abría una sede en Murcia, en una primera planta que parecía una delegación de un sindicato en un pueblo, que compartía cada una de las entrevistas de Santiago Abascal, Rocío Monasterio y compañía.

Y acto que Vox celebraba, ahí que iba. A Cristina Gómez le gustaba fotografiarse con Santiago Abascal, en septiembre de 2017, y con José Antonio Ortega Lara en algo tan residual como el cierre de campaña de Vox en el municipio de Guadarrama. También participó en la conferencia sobre política internacional que Vox celebró en septiembre de 2017, donde se retrató con Pedro Fernández, el concejal de la formación en Madrid que llamó “enfermos” a los gays. También ha participado en numerosas manifestaciones del partido ultra, a las que suele llevar a sus hijos.

Fuentes municipales apuntan a este diario que, a pesar de toda esa dedicación que mostró, a Cristina Gómez le precedía una fama de persona poco seria. Por ello, en cuanto el partido empezó a crecer y a tener posibilidades reales en las elecciones locales, diluyeron su candidatura. El número uno de las listas de 2015 desapareció del mapa y, en vez de Gómez ocupar su lugar como sucesora, pusieron por delante de ella a otras dos personas.

En las elecciones municipales de mayo de 2019, Cristina Gómez se presentó como número tres y esta vez sí que consiguió una concejalía. Vox obtuvo un total de 2.104 votos, un 13,58%, una cifra mucho mayor que aquel 1,35% de los anteriores comicios. Pero ella logró el asiento por los pelos, ya que las listas estaban encabezadas por gente que despertaba mayor confianza entre las filas del partido.

El acoso a Montero

Todas las noches, a las 21.00 horas, desde que todo ello empezó, Crsitina Gómez cruza el campo que separa su casa en Parquelagos de la de Pablo Iglesias e Irene Montero en La Navata para ir a sumarse a aquellos que participan en las caceroladas. Además de pedir la dimisión del Gobierno, se graba en vídeos que luego ella misma sube a Twitter. Esos vídeos, ahora, han sido eliminados.

Es por esas acciones que la ministra de Igualdad ha denunciado a Gómez por coacciones y acoso diario en su domicilio. Montero considera que su condición de cargo público en el Ayuntamiento de Galapagar “agrava e incide en la responsabilidad de su conducta”. En la demanda, además, se incluyen enlaces a los vídeos ahora eliminados. En uno de ellos dice que es “la 21 cacerolada” en la que participa y dice que no va a parar de acosar “hasta conseguir que abandone el país con su familia destino Venezuela”.

Cristina Gómez frente a la vivienda de Pablo Iglesias e Irene Montero. E.E.

Pero Vox ya había iniciado los trámites para expulsarla. Fue a raíz de unas críticas que le hicieron a Gómez en las redes sociales por estos vídeos que ahora han sido denunciados. En respuesta a las críticas, Gómez arremetió duramente contra el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, con un tono profundamente homófobo. “Apúntate a la cola de Marlaska que también le ponen los niñitos jovencitos” y “A tí, qué te va más, ¿lamer coño o comer polla? Me han dicho que Marlaska anda como loco reclutando voluntarios”, son algunos de los comentarios que profirió a principios de este mes.

Por eso, Vox activó a su Comité de Garantías e inició los trámites de su expulsión. Este martes, el portavoz de la formación, Iván Espinosa de los Monteros, comunicó que este nuevo acoso a Irene Montero ampliaría su expediente de expulsión. Tanto que Cristina Gómez dio por el partido, hasta que se pasó.