Doce personas, como si se tratase de doce apóstoles, acompañaron a Pedro Sánchez hace exactamente una semana, en la noche electoral de las europeas, municipales y autonómicas. La imagen no era la de la Última Cena sino la de la Última Elección. Y quién estuvo en su celebración no fue por casualidad sino que los elegidos tienen su importancia e interés. 

Salvo adelantos, de aquí a 2023 sólo se celebrarán tres comicios, los de las tres nacionalidades históricas: Cataluña, que podría adelantar sus autonómicas una vez se conozca en otoño la sentencia del Tribunal Supremo sobre el procés, Galicia y País Vasco, donde por calendario tocan en septiembre de 2020. Los otros 17 comicios que reparten todo el poder en España (generales, 14 autonómicas, municipales y europeas) se concentraron en los últimos seis meses. 

Por ese motivo, el Gobierno que forme Sánchez una vez sea investido deberá durar. No sólo porque parece haber calma electoral en el horizonte sino porque el presidente quiere aprovecharla para acometer importantes reformas. Este sábado se las prometió a los empresarios en la reunión anual del Círculo de Empresarios en Sitges (Barcelona). La sensación de que se ha acabado un extenuante ciclo electoral se conjuga, en el Gobierno, con la de que ahora toca hacer las reformas que marquen el futuro de España para mucho más que los próximos cuatro años. 

Un Gobierno para un tiempo nuevo

En ese sentido, el cambio de tono es radical: de ser un Gobierno destinado a deslumbrar y a insistir en su legitimidad tras nacer de una moción de censura, que actuó en parte como una maquinaria electoral, el Ejecutivo deberá orientarse a la más honda gestión antes de pensar de nuevo en publicitarse para otra campaña.

Pedro Sánchez no ha dado ni la más mínima pista sobre sus intenciones de cara a la formación de su nuevo Gobierno. Su entorno y los principales dirigentes socialistas son un hervidero de rumores y de quinielas. 

La foto de la Última Elección combina importantes apoyos orgánicos, como José Luis Ábalos, secretario de Organización, y su lugarteniente Santos Cerdán, y Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, una de las personas clave para Andalucía de Sánchez.

En la instantánea también estuvieron otras personas, muy cercanas a Sánchez, pero con menos anclaje en el partido. Una de ellas es Margarita Robles, la ministra de Defensa, que antes había sido portavoz parlamentaria, pero también Teresa Ribera, ministra para la Transición Ecológica, o Magdalena Valerio, ministra de Trabajo y Seguridad Social. 

La presencia en la foto de Josep Borrell, el principal ganador de la noche como candidato a las europeas, e Iratxe García, hasta ahora portavoz en la Eurocámara, tiene doble vertiente: la europea y la de partido. Cristina Narbona, presidenta del PSOE y responsable de los programas, también ocupó un lugar destacado. Más sorprendente fue la presencia de Dolores Delgado, ministra de Justicia, cada vez más implicada en actos de partido, y Luis Planas, ministro de Agricultura, que se situó justo detrás de Borrell y Sánchez. En la foto faltaron muchos que son y no estaban, como Adriana Lastra, entre otros motivos porque la atención esa noche estuvo muy descentralizada por tantos comicios locales y autonómicos. 

La base de ministros se mantiene

Todas las fuentes consultadas coinciden en que Sánchez se dispone a mantener a un buen número de ministros en su gabinete. Aluden a que el equipo conformado en 2017 era ya muy potente, y así fue recibido hasta por los oponentes de Sánchez, y que sería poco comprensible empezar de cero. 

Una de las principales incógnitas es Carmen Calvo, otra de las protagonistas de la foto de la Última Elección, muy seria esa noche, probablemente por la suma de centroderecha en el Ayuntamiento y Comunidad de Madrid, que empañó una noche socialista por lo demás bastante feliz. 

Fuentes cercanas a Sánchez creen que Calvo seguirá en el Gobierno como vicepresidenta. Sobre la relación de Calvo y Sánchez se han hecho muchos comentarios, que a menudo pasan por describir el deterioro de la relación de confianza entre ambos.

Sin embargo, Sánchez en ningún momento ha dado muestras claras de que no confíe en su número dos. Según algunos, la continuidad de Calvo tiene todo el sentido por cuanto contribuye a un equilibrio en el segundo nivel del partido. Entre los más cercanos a Sánchez están Lastra y Ábalos, desde el Congreso y desde el Gobierno, con peso orgánico. También Iván Redondo, jefe de gabinete del presidente, con quien Calvo no mantiene la mejor de las relaciones. Volver a contar con Calvo sería contribuir a mantener un equilibrio y no dar a nadie una posición preeminente. 

Delgado, una imagen muy deteriorada

Si hay una ministra que cotiza a la baja en las apuestas es, sin duda, Delgado. En estos meses ha trabado buenas relaciones dentro del Gobierno, al que acudió siendo no muy conocida. Pero su implicación en las grabaciones de Villarejo, que siguen saliendo y relatando la supuesta relación de confianza entre ambos, algunos deslices en lo concerniente a las controversias judiciales sobre el procés o sus apariciones públicas han hecho de ella una diana para la oposición. Es una de las principales candidatas a abandonar el Ejecutivo. 

Margarita Robles podría cambiar de cartera. Con una presencia discreta durante la campaña, hay quien ve en ella una candidata para el Consejo General del Poder Judicial o para las carteras de Interior o Justicia. 

El probable Gobierno conservador en la Comunidad de Madrid hace que las voces de renovación comiencen a adueñarse (de nuevo) del debate sobre el PSOE en la región y en su Asamblea. La sensación de que esta era la ocasión de Ángel Gabilondo de ser presidente y que no habrá otra igual dentro de cuatro años lo convierten en un candidato perfecto a ministro, algo que abriría la puerta a una renovación en la Asamblea. Las carteras de Educación o Cultura son las más obvias para el catedrático de Metafísica. 

Borrell, Calviño y Europa

Josep Borrell y Nadia Calviño son dos grandes incógnitas. El primero ha encabezado la lista a la Eurocámara, a pesar de sus reticencias a hacerlo, y ahora no parece claro que quiera ser diputado cinco años o que vaya a ocupar alguno de los cargos europeos en liza.

Su situación es muy abierta y nadie descarta que siga en Exteriores. Lo mismo pasa con Calviño en Economía, a quien podría gustarle volver a Bruselas como vicepresidenta económica de la Comisión, pero a quien Sánchez valora mucho en el Ejecutivo, precisamente por su conocimiento de las instituciones comunitarias y por su predicamento en sectores liberales. Tanto podría ir a Europa como seguir en el Gobierno. 

A quien todos ven con posibilidades de repetir es a María Jesús Montero, ministra de Hacienda, que podría incrementar su poder siendo nombrada vicepresidenta económica. Parte de su equipo y del PSOE la quiere como líder del PSOE en Andalucía o candidata a la presidencia de la Junta, pero la estrategia actual de Sánchez no pasa por descabezar la federación provocando abruptamente la marcha de Susana Díaz, por lo que Montero podría seguir en el Gobierno hasta entonces. 

Planas, candidato a Exteriores

Planas podría seguir en Agricultura, pero también podría sutituir a Borrell en Exteriores (cartera para la que también suenan Manuel Albares, asesor del presidente, o Cristina Gallach, alta comisionada para la Agenda 2030) o ser comisario español. Su conocimiento de la UE le otorga polivalencia y hay quien lo ve también en Administraciones Públicas, cartera que ha asumido tras la marcha de Meritxell Batet al Congreso. 

Se da por hecha la continuidad en Trabajo de Magdalena Valerio, en Ciencia de Pedro Duque, en Cultura de José Guirao, en Transición Ecológica de Teresa Ribera y en Industria de Reyes Maroto, pero hay más dudas sobre Isabel Celaá en Educación (sobre todo si hay que dar acomodo a Gabilondo) y sobre todo en la portavocía, para la que Sánchez podría optar por la renovación, probablemente con otra ministra mujer. El futuro de la veterana política vasca, así como la asturiana María Luisa Carcedo (Sanidad), no está claro y puede depender de condicionantes personales. 

La presencia catalana podría reforzarse con Miquel Iceta, que ya sonó para el anterior Gobierno y que fue la apuesta fallida de Sánchez para la presidencia del Senado. Sin Batet y quizás sin Borrell, el Ejecutivo necesitaría incoprorar nombres catalanes. Iceta podría ser el encargado de la interlocución territorial, como antes lo fue Batet. 

Todo podría cambiar si en el Gobierno se incluyen ministros de la órbita de Podemos, aunque sean independientes. Se da por hecho que no ocuparían ningún Ministerio de los más sensibles.