ETA envió a dos interlocutores en las primeras fases de las negociaciones con el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero: José Antonio Urrutikoetxea, más conocido como Josu Ternera, y el dirigente de la organización, el histriónico Francisco Javier López Peña, alias Thierry. Les acompañaba un tercer terrorista, Jon Yurrebaso. No se tomaron nada bien la explotación de la operación policial en torno al bar Faisán, en el que la Policía trató de identificar una red vinculada al impuesto revolucionario de la banda, y amenazaron con romper cualquier diálogo.

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Al otro lado de la mesa, los enviados del Gobierno: el líder socialista vasco Jesús Eguiguren, el profesor y letrado José Manuel Gómez Benítez y el exministro Javier Moscoso. Se prestaron a disculparse por el operativo y se prestaron a poner un nombre encima de la mesa: el del entonces juez -hoy ministro de Interior- Fernando Grande-Marlaska. "Es un accidente", afirmaron. Se comprometieron a intentar "minimizar" las detenciones de miembros de ETA "desde la Fiscalía".

¿Qué ocurrió en esos contactos? Como ya contó EL ESPAÑOL, existen tres documentaciones. La primera, las anotaciones que hizo el centro suizo Henri Dunant, firmadas por ambas partes y guardadas bajo llave en un banco. Segundo, las que tomaron los representantes del Gobierno español. Y tercero, las de los terroristas, conocidas como las actas de ETA; buena parte de ellas están recogidas en el libro Historia de un desafío (editorial Península), escrito por el coronel Manuel Sánchez y la cabo primero Manuela Simón, ambos de la Guardia Civil.

Estas actas fueron intervenidas en sucesivas desarticulaciones y detenciones. Fuentes de la lucha antiterrorista dan total credibilidad a su contenido y consideran que reflejan fielmente el transcurso de aquellas reuniones.

Las cesiones

Las tres primeras rondas de contactos fueron técnicas, en las que se desarrollaron los términos en los que se producirían las negociaciones. En las posteriores se abordaron las cesiones hasta las que se estaba dispuesto a llegar para afrontar un hipotético fin de ETA.

Fernando Grande-Marlaska, hoy ministro del Interior, era entonces juez de la Audiencia Nacional. EFE

El nombre de Fernando Grande-Marlaska surgió en la quinta ronda, que transcurrió entre el 26 y el 28 de noviembre en la localidad suiza de Lausana. En un lado de la mesa estaban Jesús Eguiguren, el exministro de Presidencia Javier Moscoso y el profesor y letrado José Manuel Gómez Benítez. En el otro, el ya citado Josu Ternera, el jefe de la organización Thierry, y el terrorista Jon Yurrebaso, quien tomaba las anotaciones de los encuentros.

ETA se había comprometido a un “alto el fuego indefinido y permanente”. Los portavoces del Gobierno, entre otras promesas, apuntaban a una reducción considerable de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad en el País Vasco y Navarra, a revisar la llamada doctrina Parot y a frenar las detenciones de los terroristas.

Este último punto es el que suscitó mayores asperezas en las negociaciones. “La Guardia Civil sólo obedece al duque de Ahumada”, apuntaron los enviados del Gobierno, de acuerdo a las actas intervenidas. Pero también había otra piedra en el camino: Fernando Grande-Marlaska había sustituido a Baltasar Garzón, en excedencia, al frente del Juzgado Central de Instrucción n.º 5 de la Audiencia Nacional.

El hoy ministro de Interior ordenó la explotación de operaciones policiales sobre ETA y su entorno. La más sonada -por sus consecuencias- fue la del bar Faisán, contra un supuesto colaborador de la banda terrorista en el cobro del impuesto revolucionario. Esta operación irritó especialmente a Ternera y Thierry, que reprocharon a los enviados del Gobierno la presión policial. Estos últimos, apuntan las actas de los terroristas, se disculparon del siguiente modo:

“Marlaska se puede considerar un accidente, como la kale borroka [los negociadores de Zapatero habían reprochado a los etarras que sus cachorros siguieran provocando altercados, y éstos respondieron que su control no estaba al alcance de su mano]. (…) No ha habido detenciones operativas policiales fuera de las realizadas por Marlaska. Todavía es posible que se produzcan detenciones a partir de dosieres abiertos. Podemos intentar minimizarlo desde la Fiscalía, pero no nos podemos comprometer de una manera rotunda”.

Los sucesos que tuvieron lugar en el bar Faisán propiciaron los reproches de los miembros de ETA. EFE

La caída de 'Ternera'

El resultado de aquellas negociaciones ya es conocido. ETA hizo estallar una furgoneta bomba en la Terminal 4 del aeropuerto de Madrid Barajas el 30 de diciembre de 2006; la explosión acabó con la vida de Carlos Alonso Palate y Diego Armando Estacio, además de provocar cuantiosos daños materiales. Pese al atentado, hubo dos rondas de reuniones más, hasta que el diálogo se rompió por completo el 5 de junio de 2007, cuando la banda terrorista anunció su ruptura del alto el fuego.

Rotas las negociaciones, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado se centraron en la asfixia policial de ETA. Entre las detenciones destacadas figuraban las de Thierry y Yurrebaso, interlocutores con el Gobierno de Zapatero en las negociaciones. Faltaba Josu Ternera

El nombre del histórico etarra se había convertido en una obsesión para el Instituto Armado, que redobló esfuerzos sobre él después de que leyera el comunicado en el que la banda terrorista apuntaba a su disolución. El pasado 16 de mayo fue detenido en Francia en el marco de la operación Infancia Robada, que resarció en cierta medida a los Servicios de Información del cuerpo.

Aquella detención volvió a cruzar en cierto modo los nombres de Eguiguren y Ternera, cuando el primero calificó al segundo como el “héroe de la retirada” de la banda. Se refería precisamente al papel que desempeñó en las infructuosas negociaciones con ETA.

Josu Ternera, momentos antes de ser detenido en Francia.