Son las cinco de la tarde, las cinco de la tarde. Ya ha trascendido la detención del de ANC en Madrid; ya tienen un sucedáneo de mártir en una jornada particular, la detención de Jordi Alemany. En la glorieta de Atocha, donde antes anduvo el scalextric, hoy van apeándose esteladas y autobuseros con cercos en el sobaco con un pitillo y un recolocarse la entrepierna tras 624 kilómetros. Es la 'fan zone', el comienzo del paseo por el Estado Opresor y el triángulo del Arte, que dicen las guías.

Antes de que atronaran los megáfonos, ha bajado este cronista por los bulevares (Alberto Aguilera, Sagasta, Génova)  y ha visto una bandera de España en la valla policial en la puerta en la Audiencia Nacional. En la Puerta de Alcalá, bajo la arcada central, varias rubias se fotografían a la sombra de algo que se parece un ninot. Un ninot femenino que aún no sé quién ha llevado ahí. Un primer vistazo previo por Colón, epicentro del 'enemigo' de las "tres derechas", me da una imagen de jóvenes al sol, con la estelada, civilizándose en la media tarde unos minutos antes de 'fer pais' en el corazón de la Meseta.

La calle de Alfonso XII está llena de buses estacionados a la solana: transportistas como Pons o Domènech, que ponen en la larga calle el apellido industrioso y biensonante de un viaje "histórico" en autobús. Un taxista madriles lleva la ventana abierta y suelta un "cabrones", pero como con sonrisa del que fuma sin pasajeros. Ya las esteladas van bajando y el Madrid del Barrio de Salamanca está de siesta, o parece estar de siesta. El mercurio marca 26° a la sombra.

'Cots Alsina' es la empresa de transportes fletada por ANC, y así lo identifica el luminoso. Frente a los autobuses 'indepes', el autobús turístico está impedido de la vista de los árboles del Retiro. Sacan fotos desde el techo del autobús y los guiris se sienten en una suerte de parque temático de los Balcanes: algo de la manifa 'indepe' ha contado 'The Sun'.

Apretar

Alguien corre bajo el sol.  En la misma boca del metro de Atocha-Renfe oigo 'avinguda' y 'Atocha' con ese chasqueo de lengua tan característico del Norte del Ebro. Hace un calor inopinado y hay que contar banderas y urnas. Buscar la urna como reto es lo mío.

Si se enfila directamente Recoletos hacia el Norte, la Policía va encajando a los manifestantes. La trasera de toda 'manifa' es lo que tiene: niños con carritos y abuelas que dejan retratarse, con lazos reciclados, mechas amarillas, y un abanicarse con una gorra. Pero hay que avanzar, y "apretar'.

Unos manifestantes, con una urna durante la marcha. Reuters

Paralelo al Jardín Botánico va subiendo la expectación, acaso porque los AVEs llegan a tiempo y las quedadas de los 'indepes' son cortas y entrañables y van a la Cibeles a la que han puesto en la muñeca una estelada. Desde atrás hacia adelante de la manifestación hay olores y canciones diferentes, porque cuando la CUP y los neoconvergentes hacen piña, llega el fin de la Historia

Voy hacia el escenario en Cibeles. Está el sexagenario con bigote que se parece vagamente a Antonio Escohotado, con camisa de cuadros y el bigote nicotinado. Fuma, lleva camisa, la pancarta de plástico empapelado de "Llibertat" y deja retratarse.

Se sigue avanzando, y el tiro de cámara, entre el contrasol y lo que difumina el calor da una perspectiva del Paseo de Recoletos; si no fuera por la temperatura de estío.

Els segadors

A toda manifestación hay que tomarla como a un toro: de pitón a rabo. En lo que voy llegando al escenario de Cibeles va pasando ante mis ojos la gente diversa que le 'canta las aleluyas' al golpismo 'separata'. Siendo el catalán un pueblo mercantil, hay pocos estantes de mercadotecnia. El primero que me encuentro me pide "la voluntad" por una pegatina del lazo: vende esteladas, banderitas de Azaña y camisetas de la 'marcha verde' por la educación. 

Hay un entrecruce de ancianos vestidos como para subir al Aneto. Todos llevan zapatillas del Decathlon para terrenos intermedios. Y el calor sube. 

Por el cogollo del bollo de la marcha va pasando un pakistaní que da a dos euros la lata de Mahou verde. Y lo paran, y este latero no quiere fotos: acaso sea un constitucionalista de nuevo cuño. 

Un trompetín ensaya  'Els Segadors', y el grueso de la marcha hace como que no sabe y sabe como que no hace. Ferran Estrada, con más de ochenta años y una barretina se arranca, mira a cámara y me pide un tema: le pido un tango y sale por "Mi Buenos Aires querido'. Y así minuto y medio.

Mientras este cronista gana Cibeles, se ve envuelto en una gran bandera republicana que nubla a las banderas del SAT andaluz: como si el alcalde de Marinaleda y Puigdemont fueran un frente popular, una sororidad extraña. El anarquista y el señorito unidos por banderas nuevas.

De repente hay algo que me subyuga. Mientras las prietas filas indepes van como zombies a Cibeles, oteo que las dos Españas conversan amigablemente -se adjunta foto-. Entre el barullo una pareja y dos amigos, Paris -de nombre mitológico/ilíaco- y con la bandera constitucional discuten con unos republicanos sobre la forma de Gobierno y la Libertad. Ajenos a la manifestación, en suave contradicción.

Alguien tienta a la masa con el himno de los partisanos "O bella ciao"; nadie sigue la letra. Minutos después ocurre lo mismo con "L'Estaca" de Llach y hay quien se abanica y mira el móvil por desconocer qué hay entre el abuelo Siset y "l'estaca'. Ya con "Els Segadors" el tarareo es como más democrático.

Una jornada particular 

Hay banderas del Bearn -"qué culto es usted"- me responden a mi acento periodístico.  De Euskadi y hasta de Andalucía y de Castilla comunera. Me quieren vender "Mundo Obrero" porque me ven cara de militante. Y sí, es entonces cuando el 'speaker' derrapa sobre la libertad, Madrid, Castilla, los pueblos del Estado y cita hasta a Tierno Galván.

Avanzar es comerse banderas en las que aparecen desde Forcadell a Valtonyc como héroes del pueblo. También se oye desde megafonía citar a Marcelino Camacho. En el cruce entre Alcalá y Cibeles la Policía Nacional pide los papeles a una señora escoltada por un caniche, una bandera de España y un marido.

Banderas durante la marcha. Reuters

Más allá se retratan con banderas de España a toro pasado. Muchos tienen cara de novilleros y no quieren posar. 

Las calles de Madrid vieron eso. Llegó el verano con barretina. En la basura sólo quedan botes de Fairy y Mahou, de la verde. El amarillo se volvió verde en Madrid. Una jornada particular como en la película de Ettore Scola.