Nunca antes un presidente del Gobierno en ejercicio había rendido homenaje oficial a Manuel Azaña, presidente de la Segunda República (1936-39) y del Gobierno (1931-33). Pedro Sánchez viajó a Montauban, en el sur de Francia, para depositar flores frescas en la tumba del expresidente republicano. Las rosas, rojas y amarillas, formaban en la coro una bandera de España. "El Gobierno de España rinde homenaje a Manuel Azaña", se podía leer en la inscripción. 

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Sánchez se ha desplazado después a Colliure, donde está enterrado el poeta Antonio Machado. Al llegar allí se ha encontrado con unas decenas de manifestantes independentistas que trataron de boicotear, en nombre de otra república, la visita de Sánchez a los representantes políticos y culturales del republicanismo que sufrió exilio, ejecuciones y persecuciones. 

El presidente del Gobierno ha recordado las consecuencias de la Guerra Civil Española y de la II Guerra Mundial para advertir de que hoy en Europa "no cabe pensar que el antisemitismo, la homofobia, la xenofobia y el nacionalismo excluyente son pequeños vientos sin importancia que se apagarán solos".

Ha pronunciado un discurso en la playa de Argelès-sur-Mer donde estuvo el campo de refugiados españoles tras la Guerra Civil, al final de una jornada en el sur de Francia que ha dedicado a la memoria del exilio: antes ha visitado las tumbas del último presidente de la II República, Manuel Azaña, y del poeta Antonio Machado.

Sánchez ha añadido que su viaje también es una manera de pedir "perdón" en nombre de España a los que sufrieron el exilio como Azaña y Machado, a quienes ha destacado como ejemplo del sufrimiento, ya que pide igualmente disculpas a todos los exiliados anónimos.

A Sánchez lo acompañaron en el avión presidencial familiares de Azaña y Machado, representantes de asociaciones del exilio español, o intelectuales como el historiador Nicolás Sánchez Albornoz, el director del Instituto Cervantes, Luis García Montero, la escritora Almudena Grandes, el hispanista Ian Gibson o los cantautores Rosa León y Paco Ibáñez". También asistieron las ministras de Justicia, Dolores Delgado, y de Educación y Portavoz, Isabel Celaá, así como miembros del equipo de Moncloa. 

La visita acaba en Argelès-sur-Mer con una visita al Cementerio de los Españoles y al antiguo campo de refugiados españoles, por los que pasaron unos 100.000 ciudadanos españoles. Cerca de medio millón de personas huyó de España por la frontera francesa al acabar la Guerra Civil.

La visita se enmarca dentro de la apuesta del Gobierno por la Memoria Histórica y la restitución de los honores a las víctimas de la guerra y el bando republicano cuando se cumplen 80 años del fin de la Guerra Civil.

Ante el discurso de Sánchez, protestaban unos 30 independentistas a unos cinco metros en la playa de Argelès-sur-Mer donde estuvo un campo de refugiados españoles al acabar la Guerra Civil. Sánchez no pudo iniciar su discurso, que se retrasó unos minutos, ante consignas como "¡Fuera!" y "¡No tenéis vergüenza!", en favor de la independencia de Cataluña y en contra de que haya dirigentes independentistas presos.

Poco después ha optado por empezar el discurso y, en unos minutos, la policía francesa ha alejado a los concentrados, que han seguido tocando silbatos y coreando "¡Libertad presos políticos!", "¡Fascistas!" y "¡Vergüenza España!", mientras el presidente ha dirigido sus palabras al resto de asistentes -algunos, con banderas de la II República-.