Tarde de verano en el Congreso de los Diputados. La pereza se adueña de sus señorías y de los periodistas, que asisten con resignación al séptimo pleno de un total de ocho para renovar el Consejo de Administración de RTVE y elegir un presidente. Ya casi está. El debate no es ni siquiera desapasionado. Es inexistente. En el orden del día sólo figura un punto: votar a los cuatro miembros de la cúpula de la radiotelevisión pública que faltan para completar el Consejo, de 10 miembros. 

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La votación no tiene en principio ningún suspense. Está cantada. Es tediosa porque es secreta y eso obliga a los diputados a desfilar desde los escaños hasta la tribuna para entregar su voto a la presidenta del Congreso, Ana Pastor, que lo mete en una urnita. No menos de 40 minutos así. Y después otros 40, para votar al presidente, aunque será necesario otro pleno, el miércoles, para elegirlo en segunda vuelta.

El Gobierno, que había diseñado el proceso de elección por decreto mientras el PP y Ciudadanos se rasgaban las vestiduras, tiene un pacto sólido con Unidos Podemos, ERC, PDeCAT, PNV, Compromís, Nueva Canarias y Coalición Canaria. Sobre el papel, 179 escaños, tres más de la mayoría absoluta que marca el procedimiento para cerrar el equipo de consejeros. En la cámara se encuentran 177 diputados. Faltan Ana Surra (ERC) y Jordi Xuclà (PDeCAT). Suficientes. ¿Suficientes? 

Hacia el final del recuento, entre el barullo del hemiciclo, comienzan los nervios. "A los letrados no les llegaba la camisa al cuerpo", llegó a decir un veterano diputado. Pero no, no eran los letrados ni el personal de la cámara los que se habían equivocado al contar. A la única propuesta presentada, con cuatro nombres, le faltó un voto para prosperar.

Mucho más que una votación

No fue sólo perder una votación. Los que caían eran los 10 consejeros, los seis nombrados y los cuatro que no prosperaron, sin en principio posibilidad de repetir la votación. Todo ello tras un viacrucis que incluyó intrincadas negociaciones con Podemos, ERC y el PNV, nombres de periodistas para la presidencia (Arsenio Escolar, Ana Pardo de Vera, Andrés Gil) chamuscados sobre las brasas del regateo entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. Las acusaciones del PP y de Ciudadanos de caciquismo. La primera gran erosión de un Gobierno que había sorprendido a todos. 

Pero el Gobierno y sus socios parlamentarios perdieron la votación y la mayoría que hizo a Pedro Sánchez presidente se disolvió en el calor de una ciudad a medio gas por vacaciones. Gobernar era mucho más difícil que llegar al Gobierno. 

La sonrisa de Rafael Hernando, el portavoz del PP y, de momento, virtual líder parlamentario del partido, era enorme, de oreja a oreja. Incluso mientras Pastor hablaba él ya estaba de pie, disfrutando del error ajeno. Un alboroto llevó a la presidenta a reclamar: "¡silencio!". Los diputados del PP se reían de los del PSOE y Podemos como si fuesen aficionados. Los del PSOE permanecían en sus sitios una vez se había acabado la sesión, estupefactos. Los de Podemos, también con cara de espanto. 

"¿Quién ha sido?"

"¿Quién ha sido?", se preguntaban los diputados al salir al patio antes de tiempo. La primera votación del presidente de RTVE ya no se llegó a producir y por ese motivo muchos diputados socialistas mostraban la papeleta que no habían utilizado y que dos diputados, no se sabe de qué grupo, habían dado a  Pastor saboteando el resultado final. Pero en el PSOE ya saben lo que es perder votaciones por no estar a lo que tienen que estar. Todos los partidos se apresuraron a asegurar que habían votado lo que debían. Las cuentas no salían. "Ay, como voten así los Presupuestos", decían parlamentarios de la oposición tras la evidente falta de seriedad. 

"No deja de ser sospechoso" un fallo "caído del cielo", dijo Noelia Vera, portavoz de Unidos Podemos. "Sospechamos que quizá alguien no quiere o no tiene demasiado interés en que la dirección transitoria de RTVE se ponga a trabajar ya de forma definitiva. Las casualidades en el Congreso por desgracia no suelen existir", sugirió. En el PSOE esas declaraciones sonaron a las de una portavoz que, pudiendo saber que los errores estaban en su grupo, podría ocultarlos.

¿A quién beneficia lo ocurrido en el Congreso? Según Podemos, al PSOE. El decreto del Gobierno estipula que, de no prosperar las votaciones del Consejo, el Ejecutivo propondrá un administrador único de RTVE, que tendrá todo el poder, y al que habrá que votar por el mismo procedimiento. Si los socialistas se aseguran la mayoría absoluta para su candidato, no tendrán que bregar en el Consejo con los cinco de 10 miembros que habían sido propuestos por Podemos. 

Desconfianza mutua

En el PSOE desconfiaban de Podemos. "Esto es un toque de atención. Quieren que sepamos que quienes mandan en realidad, son ellos", explicaba una diputada. "Está claro que este ridículo nos viene mal a todos, pero quien más sufre el desgaste es Pedro" Sánchez, según ella.

"¿A quién beneficia esto a parte de al PP y a Cs? Creo que a Podemos. Ahora venderán caros sus votos para alcanzar los 176 para el administrador único", decía otro diputado socialista. 

Los diputados morados y los socialistas no se mezclaban este lunes en el Congreso. Charlaban por separado e inundaban los ceniceros de colillas mientras rumiaban qué había podido pasar. Un error humano es bochornoso, ya que los diputados estaban convocados a un pleno ex profeso (según el PP, los siete han costado a la cámara un millón de euros). Un sabotaje a costa de RTVE sería aún más vergonzoso. 

Sin culpable, lo eran ambos, y su fricción contribuyó a reabrir una grieta que la argamasa del poder debería haber neutralizado.