La presencia del arzobispo de Bolonia, Mateo Zuppi, en el acto de desarme celebrado en Bayona el pasado domingo causó malestar entre los obispos vascos, que se han apresurado a aclarar que su participación se produjo a título personal y no en representación de la Santa Sede ni por mandato del Vaticano.



Zuppi, responsable de la Congregación de San Egidio, actuó como testigo de la entrega de las coordenadas de los zulos al coordinador de la Comisión Nacional de Verificación, Ram Manikkalingam. Junto a él estuvo también el reverendo metodista irlandés Harol Good, que ejerció de notario de la destrucción del arsenal del IRA en Irlanda del Norte.



Aunque Zuppi no llegó a tomar la palabra, su sola presencia en la escenificación orquestada en la localidad francesa constituyó una “sorpresa” para los obispos del País Vasco, que al igual que el prelado de Bayona, Marc Aillet, no habían sido avisados de la asistencia al acto del sacerdote italiano.

El más mediático de la cúpula eclesiástica vasca, José Ignacio Munilla, que está al frente de la Diócesis de San Sebastián, ha pretendido este lunes puntualizar que Zuppi fue a “a título personal” y no siguiendo las instrucciones emanadas del Vaticano, rebatiendo una información publicada por El Mundo sobre el respaldo prestado por la Santa Sede.



Munilla ha aprovechado su programa semanal Sexto Continente en Radio María para explicar que Zuppi acudió al Ayuntamiento de Bayona “por su cuenta y riesgo”. “Puedo decir que el obispo de Bayona nos ha comunicado a todos los obispos que desde la Santa Sede, desde la Secretaria de Estado, le han comunicado que puede decir públicamente que el arzobispo de Bolonia acudió a ese acto a título particular, sin ningún tipo de bendición ni explícita ni implícita por parte de la Santa Sede”, ha explicado a preguntas de un oyente de Pamplona crítico con la implicación de la Iglesia en el acto de materialización de entrega de las armas de ETA.



Ha negado, por tanto, la involucración de la Iglesia en el desarme y ha considerado “llamativo” el intento de utilización del “rostro de la Iglesia” en estos “tiempos de laicismo”. “¿Será signo de que el laicismo ha terminado?”, se ha preguntado con el mismo tono irónico con el que ha expuesto que los organizadores “buscaron un obispo por su cuenta” para ver “si podían servirse de alguien” para “realzar” el acto.



La posición de la jerarquía vasca no es compartida por todos los sectores de la comunidad religiosa. Los tres prelados, Mario Iceta (Bilbao), Juan Carlos Elizalde (Vitoria) y José Ignacio Munilla (San Sebastián) se pronunciaron dos semanas antes del desarme sobre la entrega de las armas en su primera entrevista conjunta concedida a El Correo. En ella mostraban su “alegría” por el paso que iba a dar la organización terrorista pero lo consideraban “claramente insuficiente”, aguardaban la “disolución definitiva” de ETA y advertían de que la banda no se estaba rigiendo por parámetros éticos sino de “estrategia política”. Sus declaraciones fueron contestadas desde distintos colectivos cristianos vinculados a la izquierda abertzale, que les acusaron de alinearse con “el poder central” y reflejar las posiciones de un único sector, sin atender los deseos de la mayoría de la sociedad vasca sobre la desaparición de “todas las violencias” y la actual política penitenciaria.



URKULLU EN EL VATICANO



Los nombres de Mateo Zuppi y San Egidio no son desconocidos para quienes han seguido de cerca la evolución del terrorismo en el País Vasco, sino que aparecen vinculados a distintos intentos y negociaciones para acabar con la violencia de ETA y coadyuvar a su desarme.



Además, Zuppi ha sido galardonado con las más altas distinciones que otorgan tanto el Gobierno vasco (premio René Cassin de Derechos Humanos) como el PNV (premio Sabino Arana) y la comunidad romana a la que pertenece es ahora mismo el referente del Ejecutivo de Urkullu para convertir a Euskadi en un corredor humanitario piloto que complemente el sistema estatal de acogida de refugiados.



El lehendakari acudió a Roma en enero para conocer de primera mano los programas para inmigrantes implementados por los responsables de San Egidio. Durante el transcurso de su estancia en la capital italiana Urkullu y el Secretario de Paz y Convivencia de su Gobierno, Jonan Fernández, se entrevistaron también con el secretario de Estado del Vaticano, Pietro Parolin, al que pusieron al tanto de la agenda de derechos humanos del Ejecutivo autonómico y las gestiones que estaban llevando a cabo en materia de paz y convivencia.



Según expuso el portavoz del Gobierno, Josu Erkoreka, en el encuentro se abordó la aportación que podía hacer la Iglesia al fin de ETA aunque sin “encomiendas” concretas de mediación. La entrevista se concertó sin contar con los obispos vascos y sin que estos tuvieran conocimiento de la misma, lo que obligó al lehendakari a reunirse pocos días después con ellos para frenar el malestar generado por su visita al Vaticano.

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