La Sociedad General de Autores (SGAE) se convirtió durante años en el lugar perfecto para desviar dinero sin control y facturar falsamente bajo el cartel de defensa de los derechos de los autores. En medio de esa trama, mediante la cual se habrían desviado millones de euros sin justificación alguna, aparece Ramoncín, José Ramón Márquez, quien se habría "lucrado ilícitamente" a través de facturas por trabajos inexistentes, sostiene la Fiscalía.

Este miércoles comenzó el juicio en la Audiencia Nacional al rey del pollo frito, quien comparte banquillo de acusados junto al ex director general de la filial digital SDAE José Luis Rodríguez Neri, que podrían acabar entre rejas durante cuatro años y diez meses por los delitos de falsedad documental y apropiación indebida.

Ramoncín, que en varios momentos mostró cierto enfrentamiento con el fiscal, insistió que la SGAE no era "la cueva de Alí Babá" ni las facturas que emitió por un importe total de 57.402 euros era un "arreglito" con su amigo Neri. No fue un favor para sacarle de una situación económica complicada una vez que su carrera como artista había quedado zanjada.

La SGAE, según sostuvieron en el juicio ambos acusados, no podía desaprovechar el talento del cantante en la vertiente digital. "Era una persona absolutamente talentosa a la que yo tenía que escuchar, además de su fuerza y compromiso con la Sociedad", recalcó el ex directivo, al que se atribuye un papel todopoderoso en la sociedad de autores.

La versión es la siguiente: Ramoncín es un personaje con mucho talento que la SGAE necesitaba para lanzar proyectos. Tanto es así que entre 2008 y 2011 propuso cuatro ideas, por las que le pagaron. Sin embargo, a día de hoy ninguna se ha traducido en nada. Los dos acusados mantienen que las propuestas eran brillantes pero había que conseguir clientes y en ese punto fallaron los proyectos.

El negocio era para Ramoncín

Para Neri, invertir en las ideas "no era ningún riesgo razonable" porque el negocio estaba claro, además de que las cantidades pagadas a Ramoncín no suponían un perjuicio cuando la SGAE maneja cuatro millones de euros. Y todo esto se hizo mientras el cantante formaba parte de la Junta Directiva de la SDAE como consejero emérito. Eso sí, él se salía de las reuniones cuando se votaban sus propuestas.

La Fiscalía Anticorrupción no se cree su versión. Considera que el negocio "sobre todo" fue para el cantante, que en esas fechas se encontraba en una situación económica complicada. Él mismo lo explicó durante su interrogatorio. A partir de 2006 su carrera musical se truncó por culpa por un grupo de anarquistas que le boicotearon por defender los derechos de los autores. Le sacaban "a pedradas" y a gritos de "puta SGAE" de los escenarios, colgaban su fotografía ensangrentada con pintadas en la puerta de su casa hasta un punto que tuvo que abandonar los conciertos. "Me iba a quedar en la calle, no tenía trabajo".

Fue entonces cuando, "sobrevenida su desdicha", pidió a Neri que le echara una mano con varios proyectos suyos. Incluso como buen amigo le prestó 30.000 euros, "que a día de hoy todavía no se lo he devuelto". Fue entonces cuando sacó su talento. Tenía ideas muy buenas y se las ofreció a la SGAE. Incluso le llegó a plantear a Neri que, si el proyecto salía adelante, le ofrecía el 50% de los derechos de autor. "Viene en los correos electrónicos que he presentado y no ha visto o no ha querido ver", espetó al fiscal en pleno interrogatorio.

Un negocio digno de Steve Jobs

Pero Neri no le ayudó por "beneficencia". Con su amigo talentoso lo que hizo fue negocios. Según se desprende de sus palabras, el cantante iba a revolucionar el mercado. Primero, con su idea del reality El creador, en el cual se seguiría todo el proceso de un cantante desde que graba una maqueta y que se podría vender a alguna televisión por un precio considerable, nada comparable con los 10.000 euros que se pagó a Ramoncín.

Su siguiente idea fue la Caja Fuerte Virtual, por 5.800 euros, una auténtica estructura para neutralizar a los piratas musicales. Ramoncín incluso sugirió a Neri que se lo vendieran al dueño de Apple, Steve Jobs, y su precio se dispararía. Pero al final, también quedó en nada. No se le dio "ningún tipo de desarrollo ni de utilidad", según mantuvo el fiscal de Anticorrupción José Miguel Alonso en su escrito de acusación. "Si la idea era tan buena, ¿por qué no pidió usted por ella cinco millones de euros?", cuestionó el fiscal. "No comprendo esa pregunta, bueno sí la comprendo pero me niego a contestarla", respondió el cantante.

El tercer negocio, ¿Hablamos el mismo idioma?, por 28.050 euros, iba a ser un concurso de televisión que, según los acusados, a día de hoy todavía se está moviendo. Eso sí, no hay programa piloto porque no hacía falta. Y el cuarto, un plan de divulgación de los derechos de autor, pensado para ayuntamientos y colegios, por lo que cobró 6.962 euros y que tampoco llegó a traducirse en ningún contrato.

Los trapos sucios de la SGAE

El cantante setentero tuvo un quinto ingreso por 6.490 euros pero la explicación de éste último es todavía más rocambolesca. El Tribunal Supremo condenó a la web Alasbarricadas.org a indemnizar a Ramoncín con 6.000 euros. Éste pretendía solicitar la ejecución de la sentencia para cobrar la cantidad pero finalmente la SGAE le pidió que no lo hiciera, para no remover más el asunto, y a cambio sería ésta misma quien le pagaría tal indemnización.

El tribunal tiene que decidir si Neri facilitó que su amigo Ramoncín cobrara estas cantidades a cambio de nada y con el conocimiento de los otros dos acusados, el ex director general de la SGAE, Enrique Loras, y el ex responsable de los servicios jurídicos, Pablo Antonio Hernández.

Este juicio es sólo una pieza separada de los trapos sucios que durante años se movió en la SGAE, una caja de los truenos que abrió el juez Baltasar Garzón, continuó Pablo Ruz y ahora ha asumido José de la Mata. El caso Saga llevó a la Policía a entrar en la sede central de la sociedad durante la presidencia de Teddy Bautista.

De la investigación se desprende que Neri habría desviado 32 millones de euros a través de Microgénesis, una empresa situada en lo más alto de la estructura piramidal de compañías fantasmas, gestionadas por el ex director general y familiares suyos.