Mariana Goya
Publicada

Todo empezó lejos de casa. Jorge Terreu (Zaragoza, 1998) estaba estudiando Ingeniería Informática en Lyon cuando la distancia dejó al descubierto un problema que hasta la fecha había pasado desapercibido.

"Me di cuenta de que mi abuela en aquel momento tenía 89 años y siempre se ha apañado muy mal con la tecnología", recuerda.

Hasta entonces, la cercanía familiar compensaba las dificultades: si no cogía el teléfono, alguien acudía a su casa. Pero desde Francia, la incertidumbre se convirtió en rutina.

Terreu se lanzó a la búsqueda de un móvil que pudiera controlar remotamente, pero no encontró nada. Y ese vacío fue el germen de todo.

Así pues, el maño se puso manos a la obra y decidió construir su propio prototipo de una herramienta capaz de eliminar las barreras tecnológicas para Maximiliana, su abuela.

"Yo controlaba este móvil de forma remota para que pudiera hacer una videollamada sin que ella tuviera que tocar nada", explica a ENCLAVE ODS. El dispositivo descolgaba solo. No había menús complejos ni botones innecesarios. Solo conexión.

El experimento funcionó. Y cuando el resto de la familia empezó a llamar a través de aquel prototipo, Terreu entendió que el problema que había resuelto era estructural.

Maximiliana cuenta ya con más de 5.000 usuarios. Cedida

"Creí que esto podía ser muy interesante, no solo para mi abuela, sino para las personas que están en su situación", confiesa.

Hoy, ese primer impulso se ha convertido en una solución consolidada que ya cuenta con el apoyo de 5.000 usuarios y una red de más de 20.000 familiares.

Tecnología inclusiva

El móvil Maximiliana —bajo el nombre de la propia abuela de Terreu— simplifica funciones, pero también redefine quién gestiona la tecnología.

Es decir, el usuario principal —la persona mayor— apenas tiene que interactuar con el dispositivo. No hay contraseñas, ni desbloqueos. Basta con coger el teléfono y tocar dos veces la imagen de un familiar para iniciar una llamada.

Detrás, sin embargo, existe una estructura más sofisticada. Son los familiares quienes, a través de una aplicación, controlan completamente el dispositivo añadiendo contactos, configurando cómo se responden las llamadas o bloqueando a números desconocidos.

"Todo lo hace el familiar, de forma que la persona mayor se olvida", explica Terreu.

El sistema incluye además funciones como la respuesta automática de videollamadas, pensada como medida de seguridad, o un gesto de emergencia que permite llamar a un contacto agitando el móvil.

Y es que, cuando se habla de un rango de usuarios de 75 a más de 100 años, la personalización de cada detalle se vuelve un aspecto fundamental.

Ese nivel de precisión ha sido el resultado del seguimiento directo de los primeros usuarios. "Estar muy encima fue clave para entender exactamente el problema", señala.

Jorge Terreu muestra el funcionamiento de Maximiliana. Cedida

Una de esas primeras rectificaciones fue el cambio en el sistema de llamadas. Inicialmente, bastaba con un toque para marcar, pero pronto detectaron un fallo: "No entendíamos por qué había tantas llamadas sin querer".

La explicación llegó observando el día a día. "Cuando recibían visitas tocaban la pantalla para enseñar las fotos y llamaban sin querer" y de ahí vino la incorporación de un segundo toque a modo de confirmación.

1.757 años en una llamada

Si hay un momento que sintetiza el alcance del proyecto, es la videollamada más longeva del mundo. 17 centenarios, cada uno desde una comunidad autónoma distinta, participaron en un encuentro que sumó 1.757 años de vida.

La iniciativa surgió como una forma de cuestionar un prejuicio profundamente arraigado. "Queríamos hacer algo para mostrar que cualquier persona mayor puede utilizar la tecnología", explica Terreu.

Cada participante recibió un dispositivo adaptado y la llamada fue registrada con un sistema técnico específico que permitía grabar cada imagen de forma individual.

"Fue emocionante poder escuchar anécdotas de su vida y ver su perspectiva", recuerda. "Nadie habló del trabajo. Hablaban de familia y de momentos especiales", indica.

Entre las escenas más memorables destaca la de Paquita, de Madrid, que con 105 años respondió cantando cuando le preguntaron por su edad. Un gesto espontáneo que rompía cualquier expectativa. "Contestó con una alegría y un desparpajo tremendos".

Y es que precisamente ese es el objetivo de Maximiliana: generar un proyecto que reduzca la brecha digital al mismo tiempo que cambie la forma en que se percibe a las personas mayores.

"Queremos quitar ese estigma de que es demasiado tarde para la tecnología", afirma Terreu.

Captura de la videollamada más longeva del mundo. Cedida

Por el momento, parece que van por buen camino. O, por lo menos, así lo refleja el feedback de las familias. "Nos dan las gracias por haber podido estar cerca en momentos que ni imaginas", confiesa.

La propuesta, además, apunta a un cambio cultural. "Todo va muy rápido y eso va en contra de dedicar tiempo a las personas mayores". Frente a esa velocidad, propone observar cómo viven quienes han llegado más lejos. Porque quizás, en esa pausa, esté la clave para reconectar.