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Durante 15 días, 57 científicas de 17 nacionalidades convivieron, trabajaron y debatieron sobre el futuro del planeta en Tanzania. Entre ellas había cuatro españolas: la comunicadora Ana Gómez de Castro, la ingeniera aeroespacial Beatriz Casares, la investigadora oceánica Elena Ceballos y la meteoróloga Mercedes Martín.

Formaban parte de la décima edición del programa internacional de liderazgo femenino Homeward Bound, impulsado por Acciona, que hasta ahora se celebraba en la Antártida y que este año se trasladó por primera vez a África.

El proyecto —en el que ya han participado 775 mujeres de 69 países— busca crear una red internacional de científicas capaces de influir en la toma de decisiones globales. Sin embargo, tras dos semanas de trabajo en Arusha, Karatu y el Serengueti, las cuatro coinciden en que el principal obstáculo frente al cambio climático no es la falta de investigación ni de tecnología.

"El conocimiento existe, es sólido y es abrumadoramente consistente. Para nada faltan datos", resume Ana Gómez de Castro. El problema, dice, es que "nos encontramos ante una falta de conexión entre ese conocimiento y las decisiones que tomamos cada día, tanto a nivel individual como colectivo".

La distancia entre saber y actuar

Elena Ceballos investiga cómo el océano captura carbono y regula el clima. Y pese a que desde el laboratorio, el dilema es evidente, parece que desde la vida cotidiana, no lo es tanto.

"El océano absorbe más del 90% del exceso de calor generado por el calentamiento global y alrededor de una cuarta parte del CO₂ que emitimos. Es un regulador climático fundamental, pero su funcionamiento ocurre en profundidad", explica. Y es que, una vez más, asegura, "lo que no vemos, nos cuesta integrarlo en nuestra percepción cotidiana".

Esa invisibilidad, dice, alimenta la percepción de que el cambio climático es un asunto lejano o futuro. Pero nada más lejos de la realidad. "No lo es. Es un fenómeno que ya medimos con datos físicos, químicos y ecológicos muy claros", sentencia Ceballos.

Dos de las expedicionarias españolas en su viaje a Tanzania. Cedida

En ese sentido, la meteoróloga Mercedes Martín reconoce que esa brecha se aprecia cada día en televisión. "El informativo responde a lo inmediato: ¿mañana lloverá o no? Pero el clima no funciona así. Se entiende en décadas". De ahí que considera que "explicar sin simplificar en exceso" sea "el reto".

Según Martín, la sobreexposición a fenómenos extremos tampoco ayuda: "Cuando cada semana vemos incendios, inundaciones o récords de temperatura, puede aparecer una sensación de saturación o incluso de resignación". Porque, como ella misma defiende, "la conciencia no nace del miedo, nace de la comprensión".

Ciencia, política y sociedad

Para la ingeniera aeroespacial Beatriz Casares, especializada en materiales sostenibles y economía circular, el problema también está en cómo se toman las decisiones. "Existe una distancia grande entre ciencia y política y entre ciencia y sociedad", sostiene.

La razón, explica, es estructural: "La política suele buscar soluciones a corto plazo para problemas complejos y la ciencia no siempre tiene soluciones inmediatas, porque la investigación lleva tiempo".

En su caso, la labor que desempeña se centra en el trabajo con polímeros reciclados y la evaluación del ciclo de vida de productos. Y su experiencia en el programa, especialmente tras visitar el Serengueti, reforzó sus convicciones.

"Es necesario cuestionarse qué es realmente más importante y si realmente necesitamos ciertas cosas", afirma. "Debemos valorar también el impacto social y medioambiental de lo que producimos, aunque afecte al valor económico".

Por ese motivo, para Ceballos el diagnóstico es parecido al de sus compañeras expedicionarias: "El reto actual no es solo generar conocimiento, sino integrarlo mejor y transferirlo con mayor eficacia. Existe mucho conocimiento que ya está ahí, pero que no siempre llega de forma comprensible o relevante".

Comunicar… pero de otra manera

Durante años, la solución habitual ha sido repetir que "hay que comunicar mejor la ciencia". Pero, ahora, Ana Gómez cree que esa frase se ha quedado corta.

"Seguimos teniendo una conversación muy superficial sobre impacto social", señala. "Estamos evitando charlas incómodas sobre desigualdad estructural, acceso real a oportunidades o redistribución de recursos".

De ahí que, en su opinión, la clave esté en cómo se conecta la información con la cultura cotidiana, especialmente con los jóvenes. "Muchas chicas y chicos no conocen cómo se trabaja hoy en investigación climática y no pueden imaginarse ahí dentro".

Parte de grupo de científicas que viajó hasta Tanzania en el programa Homeward Bound de Acciona. Cedida

Por eso defiende el papel de la cultura popular. "La música moviliza emociones, genera comunidad y construye relatos compartidos. Si conseguimos que la ciencia entre en esos espacios culturales, el mensaje deja de ser abstracto y se convierte en experiencia".

Y lo explica: "En muchas canciones, Billie Eilish vincula el aumento del nivel del mar o el colapso climático con una sensación de urgencia generacional".

España: avances y carencias

Las cuatro participantes creen que España ha mejorado en divulgación climática. "Hoy existe mayor presencia de científicos en los medios y una ciudadanía más consciente de los riesgos", afirma Martín.

Sin embargo, advierte de una carencia: "Seguimos tratando el clima como un asunto ambiental cuando atraviesa la economía, la salud pública o la planificación territorial".

Ceballos insiste en la misma idea desde la investigación: "La evidencia por sí sola no transforma la realidad si no se comprende y no se percibe como relevante".

Y es que, tras la expedición, ninguna volvió cuestionando la ciencia. Volvieron cuestionando cómo convivimos con ella. Porque, como resume Gómez: "El gran reto es traducir las evidencias para que sean comprensibles y emocionalmente significativas".