La historia de Claudia Calzada Patón es la de alguien que decidió no mirar al campo como un problema, sino como una conversación pendiente. Trabaja para facilitar la continuidad de la actividad agrícola, reducir el aislamiento en el medio rural y apoyar un modelo agrario más conectado, inclusivo y sostenible.
Su objetivo es cambiar el relato para que el sector primario deje de ser invisible y sea más atractivo.
Calzada creció en Manzanares, Ciudad Real, donde los tractores, cabras y ovejas formaban parte del paisaje cotidiano, pero no de su vida diaria. Tras terminar sus estudios de Económicas, empezó a trabajar en una pequeña empresa agroalimentaria de su localidad.
Desde un puesto ligado a la administración y las finanzas, comenzó a hablar a diario con agricultores y profesionales del sector. Conversaciones que, casi sin darse cuenta, la fueron metiendo en una realidad compleja, exigente y profundamente desconocida para buena parte de la sociedad.
Cuando terminó esa etapa laboral, decidió parar. Acababa de ser madre y necesitaba unos meses para pensar hacia dónde quería orientar su carrera profesional. Oportunidades no le faltaban, pero había algo que le rondaba por dentro: no quería alejarse del sector agroalimentario.
Sentía —y sigue sintiendo— que es un ámbito que necesita apoyo externo, que le den voz, que se explique qué ocurre en el campo, que se traduzca lo que pasa a una población cada vez más desconectada de él. Ese "run run", como ella misma lo llama, fue más fuerte que cualquier otra opción profesional.
Digitalizar para cuidar
"El sector agroalimentario cuenta con una tecnología puntera, comparable —o incluso superior— a la de otros sectores productivos", asegura Calzada. Pero, paradójicamente, "la comunicación y las redes de contacto siguen siendo profundamente analógicas. Falta conexión, información accesible y puentes entre quienes necesitan ayuda y quienes pueden ofrecerla", explica.
De esa carencia nace Generación Agro, una plataforma que Calzada ha creado junto con sus socias Cristina Polo e Isabel Fuentes, en marcha desde enero de 2025. Su objetivo: "Conectar propietarios de terrenos, explotaciones agrarias y empresas de servicios o insumos agrícolas de forma ágil y sencilla", explica.
Los usuarios de esta herramienta son personas que quieren continuar con una actividad agraria, pero se encuentran desorientadas. "Alguien que hereda una finca o se pone al frente de una explotación y no tiene la agenda de contactos de la persona que la llevaba antes. Busca en Google… y no encuentra nada. Muchos de los proveedores que necesita no tienen página web ni presencia digital".
Calzada en el campo.
Es precisamente ahí donde el proyecto de Calzada, Polo y Fuentes trabaja, "ayudando a los usuarios a encontrar a esos profesionales invisibles en internet y facilitando, al mismo tiempo, que las empresas de servicios entren en el mundo online, sin inversión ni necesidad de aprender tecnología", explica su creadora.
Para Calzada, la digitalización no es un fin, es un medio. "Es una herramienta para tomar decisiones, acceder a información y, sobre todo, no quedarse aislado. En ese sentido, Generación Agro trabaja en ambos lados: ayuda a los usuarios a encontrar proveedores invisibles en internet y facilita a pequeñas empresas del sector su entrada en el mundo digital sin inversión ni barreras tecnológicas".
Mujeres, cuidado y liderazgo
El modelo que defiende Claudia Calzada también es un modelo de liderazgo. Aunque el sector agrario sigue siendo mayoritariamente masculino, ella no ha sentido una desconfianza directa por ser mujer. Cree que la forma de llegar —desde la humildad, la escucha y la voluntad de ayudar— marca la diferencia.
Aun así, reivindica el valor diferencial del liderazgo femenino. "Las mujeres —sostiene— suelen aportar una mirada a largo plazo, una mayor conciencia de que las decisiones de hoy tendrán impacto mañana. Incorporan el cuidado de las personas, la empatía y la capacidad de conectar, empujando hacia modelos más colaborativos y menos jerárquicos. Justo el tipo de liderazgo que necesita un sector en plena transformación".
Sus referentes no suelen aparecer en titulares: "Forman parte de esa generación anónima de personas de 60 y 70 años que reconstruyeron el país y sentaron las bases de cómo se trabaja y se vive hoy".
Cambiar el relato
Uno de los grandes ejes del trabajo de Generación Agro es la comunicación. Calzada está convencida de que el problema del relevo generacional no es solo económico o técnico, sino "profundamente cultural".
Asegura que "durante décadas se ha repetido a los jóvenes que el éxito estaba en marcharse del pueblo, que el campo no ofrecía futuro. Ese mensaje ha calado hasta generar una desconexión casi total entre las nuevas generaciones urbanas y el territorio".
Claudia Calzada y Cristina Polo, socias en Generación Agro.
Advierte que "si no cambiamos el relato, el campo se queda en silencio". Para ella, "no se trata de una España vaciada, sino de una España viva que necesita ser contada desde otro lugar: poniendo en valor la calidad de vida, la cercanía, la naturaleza y las oportunidades reales que existen en el medio rural".
Un futuro en disputa
Claudia Calzada es optimista, aunque realista. Es consciente de que "el relevo generacional es complejo y el proceso de concentración de explotaciones parece inevitable en un mundo globalizado".
Aun así, defiende que "eso no debería implicar el abandono de tierras ni la desaparición de pequeños negocios que sostienen la vida en los pueblos".
Le preocupa que una joven de 16 años que quiera estudiar algo relacionado con la agricultura sea objeto de burlas en su entorno. "Me gustaría que dedicarse al sector primario fuera un orgullo y que estuviera mucho más reconocido socialmente".
Entre sus próximos planes está el desarrollo de un observatorio agroalimentario en Castilla-La Mancha para apoyar a las pymes que sostienen el empleo en sus comarcas y no tienen relevo generacional.
"Una alternativa para que no tengan que bajar la persiana y condenar a sus pueblos a desaparecer. Un proyecto aún en construcción, con una fuerte pata de comunicación", dice. Porque, para Claudia Calzada, "cambiar el relato sigue siendo la clave".
