La felicidad es una suerte de "espejismo"; un muerto que el siglo XXI impone como el objetivo de la vida. Así de contundente se muestra el ensayista y catedrático de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada, Jesús G. Maestro (Gijón, 1967), en su libro El fracaso de la felicidad (HarperCollins, 2026).
En conversaciones con ENCLAVE ODS, Maestro matiza que "la felicidad de hoy es un producto del mercado, una promesa… pero nadie puede prometerla porque nadie puede darla". Y es que, insiste, "no se compra en una tienda o en un supermercado como se puede comprar un libro, un medicamento o un objeto decorativo".
Y a pesar de que este concepto tan romántico —y abstracto— no sea "susceptible de comercio", Maestro lamenta que el mundo actual "te la venda" como si fuera mercantilizable.
Sin embargo, para el catedrático asturiano, "la felicidad consiste en tener salud". Simple y llanamente. Aunque apunta que es algo de lo que uno no es consciente hasta que enferma.
Pregunta: ¿El ser humano siempre ha buscado la felicidad?
Respuesta: No necesariamente. El ser humano hace siglos lo que buscaba era la supervivencia. El Lazarillo de Tormes no buscaba la felicidad, sino comer. Esto es un producto de la Ilustración. Porque es un concepto asociado a un mundo donde están supuestamente resueltos otros problemas, como la subsistencia o la alimentación.
En resumidas cuentas, para Maestro "la búsqueda de la felicidad es el resultado de una vida vacía; la busca el que no tiene nada que hacer, los ociosos".
Y añade: "Actualmente no es fácil encontrar trabajo, y tampoco una solución a los problemas de la vida, así que, por un lado, el mercado te vende la felicidad y, por otro, el sistema te deja desamparado ante muchos problemas".
Felicidad vs. ansiedad
Para Maestro, uno de los principales problemas de la sociedad del siglo XXI es la mercantilización de la vida y, en concreto, la "confusión" generalizada que entremezcla y redefine la felicidad y la ansiedad.
La segunda, indica el catedrático, "consiste básicamente en estar alerta frente a determinados estímulos y tratar de compensarlos emocionalmente". Sin embargo, alerta de que "la felicidad no tiene nada que ver con eso".
Y lo explica: "Tú no eres más feliz por tener más dinero; hay gente rica muy infeliz. Tampoco eres más feliz por tener mucho poder, porque hay gente muy poderosa que no lo es".
Además, matiza, "tener excesivo dinero puede resultar tan problemático como tener excesivamente poco". Y lo mismo sucede con el poder.
Por eso, remarca que "si alguien cree que la felicidad se compra, está completamente equivocado". Porque, insiste, algunas cosas, como el amor, no se pueden comprar. "Hay cosas que no se traducen de manera económica, pero actualmente vivimos en una sociedad que destruye aquello que no puede convertir en dinero", zanja.
Romper el espejismo
Según Maestro, sí se puede romper con la trampa de la felicidad. Y quienes lo harán serán los miembros de esa generación que él llama cervantina —esa nacida en la primera década del siglo XXI conocida como Z—. Él defiende este rebautismo no porque sean como Cervantes, sino porque viven en un mundo como al que se enfrentó el escritor, regido por "las tres D: desencanto, desengaño, decepción".
"Estos chavales ya no son milenaristas [o milenials]; son una generación que no ha nacido con un mundo dorado, maravilloso, sino en uno muy adverso, con muchos problemas económicos, un mercado laboral cerrado, impotencia, imposibilidad para pagar un alquiler, comprar una vivienda… Esto a los milenaristas los pilló despistados, ya con 30 años, y no contaban con ello porque habían tenido una adolescencia y una primera juventud muy feliz, muy cómoda", explica.
Y arguye que, de pronto, "llegó la tormenta y la tormenta no se fue" y, por tanto, los milenials, como generación, se sintieron "muy engañados. Y, de hecho, lo fueron: los boomers prometieron la felicidad y no les dieron nada".
Sin embargo, recuerda que los cervantinos ya han crecido "más advertidos de los peligros", lo que les hace "buscar alternativas a esta experiencia de fracaso tan poderosa". Para Maestro, sin duda, son ellos quienes "van a dar una respuesta con la que nadie cuenta y que los milenaristas no han dado". Eso sí, para ello, "aún necesitan tiempo".
