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Magdalena García tiene 64 años. Su hijo Antonio, 37. Cuando nació hace cuatro décadas, lo hizo con una parálisis cerebral. Fue a los 12 años cuando empezó a empeorar; ahora tiene un 89% de discapacidad y el grado III de dependencia.

Vive en una silla de ruedas, y necesita de cuidados constantes: tiene problemas digestivos y respiratorios, escoliosis… Hasta hace una década, era su pareja quien le ayudaba a cuidarlo. También sus padres, "que murieron muy viejecitos, con 90 años", cuenta.

Aunque a ellos, al final de sus vidas, también le tocó cuidarlos. Así que García, podría decirse, se dedica a eso de los cuidados, una profesión que no es considerada como tal y a la que se dedican, de forma no profesional, alrededor de seis millones de personas en España.

Cuando su hijo nació, García estaba acabando sus estudios universitarios… y no los dejó: terminó su carrera y empezó a trabajar como becaria. "Estuve años así", cuenta.

Al final, obtuvo un puesto en la Universidad de Granada. Con el paso del tiempo, y el fallecimiento de su pareja, ese rol de cuidadora le empezó a desbordar. "Si ahora la conciliación es complicada, imagínate entonces", lamenta.

La situación era tan compleja que, confiesa, hubo quien le dijo que "mandara a Antonio a una residencia". Pero se negó, y sigue haciéndolo: "Hasta que yo pueda, seguirá conmigo en casa, porque lo que quiero para él es calidad de vida".

Optó, en cambio, por la reducción de horarios, por "intentar compaginar" los cuidados constantes con un empleo que ella y su hijo necesitan para subsistir. Todo, claro, combinado con bajas médicas por sufrir lesiones que, en la mayoría de las ocasiones, derivan de su condición de cuidadora.

Magdalena y Antonio durante una actividad acuática. José Albornoz Fundación 'la Caixa'

Y es que, como cuenta, ahora mismo no tiene "ninguna ayuda por parte de la familia" y los recursos que hay "son insuficientes", indica. Pese a ello, ella no se rinde: "Me gusta estar informada, saber qué hay y qué se puede hacer, estar al día, porque por muchos años que lleves cuidando, siempre puedes mejorar y hacer las cosas mejor".

Escuela de Cuidadores

Fue su afán por aprender lo que la llevó a preguntarle un día a ChatGPT por formaciones para personas como ella, con dependientes a su cargo. Así, afirma, llegó a la Escuela de Cuidadores de Fundación 'la Caixa'.

Esta iniciativa, cuenta la fundación, que "pone a disposición de los cuidadores no profesionales y voluntarios conocimientos, técnicas y habilidades para acompañar con calidad a las personas que se encuentran en situación de enfermedad avanzada o final de vida".

Magdalena y Antonio. José Albornoz Fundación 'la Caixa'

Se trata, explica, "de un espacio de transmisión de los valores esenciales del cuidado que aporta las herramientas necesarias para facilitar la labor de los cuidadores familiares y de los voluntarios. De esta forma, se ayuda a ampliar sus competencias y, consecuentemente, mejorar la calidad de vida de las personas cuidadas".

García describe el programa, que se puso en marcha en 2018, como "una serie de talleres online donde aprender mucho". Desde que comenzó, se han organizado más de 2.400 cursos en los que han participado cerca de 10.000 personas, entre cuidadores de familiares y voluntariado del programa.

En ellos se abordan temas como cuidarse para cuidar, acompañamiento y buen trato, gestión del duelo, demencia, nutrición o confort físico y emocional.

Combatir la soledad

Este tipo de programas, al igual que los grupos de WhatsApp o Telegram de diferentes asociaciones de madres —casi siempre son ellas las que cuidan— de personas dependientes, son para Magdalena García imprescindibles para combatir la soledad entre los cuidadores. Una emoción, por cierto, muchas veces no deseada.

"Cuidar hace que tengas una vida muy solitaria", confiesa Magdalena García. Porque, dice, "te impide tener vida social normal, te centras mucho en la persona que depende de ti".

García admite que a veces echa de menos salir a tomarse un café, tener un "ratito" para ella. Aunque ha encontrado una suerte de grupo de apoyo en otras cuidadoras que, como ella, "tiran de móvil" para charlar, para compartir recursos y penas.

A pesar de todo, reconoce que no cambiaría ninguna de las decisiones que ha tomado a lo largo de su vida y que la han llevado a cuidar de su hijo: "Elegí al niño y no me arrepiento de ello", concluye.