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Ruth Conde, enfermera pediátrica de profesión, trabajadora humanitaria de vocación, asegura que para ella es doloroso dar entrevistas, pero no le queda otra: "Como no os dejan entrar a los periodistas en Gaza, nos toca a nosotros comunicar lo que ocurre allí".

La coordinadora médica de Médicos Sin Fronteras (MSF) confiesa que es una labor compleja, pues "faltan las palabras para describir lo que vemos", aunque en realidad "no las hay", matiza.

Conde, que trabaja en MSF desde 2012, y ha actuado en Níger, República Centroafricana, Yemen, India, Venezuela, Colombia, Guinea-Bisáu, Guatemala, Mozambique, Ucrania y Cisjordania, atiende a ENCLAVE ODS tras una guardia, desde Galicia, donde toma distancia de los horrores vividos en Gaza.

Hace apenas tres semanas volvió tras su tercera rotación en la Franja. La primera fue justo después de 7 de octubre; formaba parte del equipo que se encargó de contratar al personal de refuerzo —MSF llevaba ya cuatro décadas de presencia ininterrumpida en la Franja—, y comenzar las labores humanitarias de emergencia. Ahora, con el anuncio de Israel de prohibir las operaciones de MSF sobre el terreno, testimonios de sanitarios como ella son vitales.

Conde asegura con firmeza que la violencia israelí en Gaza se ejerce no sólo con las explosiones diarias. "También es violencia no dejar pasar comida, ni material humanitario", afirma. Además, arguye que "no dejar pasar a periodistas o bloquear las comunicaciones también lo es".

Lamenta que el genocidio continúe ante la mirada impasible del mundo y que esta situación siente "un precedente" muy peligroso para futuras crisis humanitarias.

Situación médica extrema

Pregunta: Ruth, ha estado con MSF en crisis humanitarias de todo el mundo. ¿En qué se diferencia la que hay en Gaza del resto de contextos en los que ha trabajado?

Respuesta: No me gusta decir que esta situación es peor que otra, porque no hay ningún sufrimiento más importante que otro. Y nosotros, MSF, estamos presentes en zonas donde hay crisis humanitarias, es nuestra razón de ser. Pero en Gaza ha habido una vulneración total y absoluta de los derechos humanos desde el primer día.

Conde afirma que este conflicto ha generado una situación única: "Ha sido la primera vez en el que, no sólo MSF, sino todos los trabajadores sanitarios y la población civil, han sentido que no están protegidos por ninguna ley ni por ningún derecho".

Esto, recuerda, ha sucedido mientras "los gobiernos han mirado para otro lado". Y es que en otros contextos, como puede ser la guerra de Ucrania, se han producido evacuaciones médicas. "La gente ha podido salir del país: mujeres y niños, personas mayores o con discapacidades, personas enfermas… En Gaza, no", lamenta.

En total, según Médicos Sin Fronteras —dato que corrobora Naciones Unidas—, habría alrededor de 18.500 personas esperando por una evacuación médica en la Franja. De ellas, 4.000 son menores.

Asimismo, como recuerda Conde, "han muerto más de mil personas esperando ser evacuadas". Eso, dice, "es quizás lo que diferencia Gaza" de otros conflictos.

"Y nos duele también mucho más porque está sentando un precedente superpeligroso para las guerras de ahora y para las crisis humanitarias del futuro", reconoce.

P.: A esta frágil situación se añade que en los últimos años se han reducido los presupuestos destinados a la cooperación exterior en todo el mundo.

R.: Los recortes que ha habido en la ayuda humanitaria han sido brutales. Para este año se prevén aún más. Y eso nos lleva a nosotros a hiperpriorizar lo que tenemos que atender.

En una situación en la que ya hay una necesidad brutal de la población, de repente verte a ti, ver a tus compañeros, teniendo que elegir a quién atender… eso es superjodido. Nosotros no estamos aquí para jugar a ser Dios y elegir a quién salvar y a quién no.

Culpa y agotamiento

P.: Como personal sanitario, tomar esa decisión tiene que ser difícil de digerir. ¿Cómo gestiona todas esas emociones que surgen?

R.: Lo gestionamos mal. Yo hablo por mí, pero también por mis compañeros. Quienes hemos estado en Gaza somos personal muy sénior, muy veterano, que ya hemos estado en otros contextos de crisis humanitarias, y aun así es superdifícil. Además, somos los que estamos en primera línea, los que le ponemos cara y nombre a nuestros pacientes… Eso hace que sea muchísimo más difícil de gestionar.

Es verdad que en el fragor de las actividades o en el día a día vas tirando, porque tienes muchísimas cosas que hacer; trabajas 20 horas al día y eso te hace no pensar. Pero al mismo tiempo, en el momento en el que te sientas y lo piensas… A mí es lo que me está pasando ahora, desde que volví: llevo tres semanas llorando todos los días. Es superdifícil de gestionar.

Conde junto al equipo gazatí de MSF. Cecida MSF Gaza

Conde asegura que la "sensación de culpabilidad" le acompaña: "Qué derecho tengo yo a sentirme mal si sólo he pasado ocho semanas dentro", reconoce que piensa. Eso sí, en total, sus tres rotaciones, la han llevado a la Franja un total de cinco meses en dos años. En su mente también están presentes sus compañeros gazatíes, que "llevan viviendo esto día tras día durante más de dos años".

P.: ¿Qué es lo que peor se lleva?

R.: Son muchísimas cosas las que tienes que gestionar, como el ver que no eres capaz. Cuando estás dentro eres superconsciente de que no eres suficiente. Médicos Sin Fronteras está cubriendo casi el 20% de la asistencia sanitaria ahora mismo en Gaza. Y cuando ves que no es suficiente, que no llegas a todo lo que te gustaría llegar, es superdifícil.

P.: En un intento de restringir aún más la ayuda humanitaria en Gaza, las autoridades israelíes no han renovado el registro de MSF para operar en la Franja y Cisjordania este 2026, ni de una treintena de organizaciones, lo cual os obliga a cesar operaciones en 60 días… ¿qué consecuencias tendría, de cumplirse esta amenaza, para los gazatíes?

R.: Todos los hospitales dependen de las organizaciones que estamos trabajando mano a mano con el Ministerio de Salud para poder garantizar el acceso. Y esto puede hacer que se pierda por completo una atención médica vital, como las cirugías o la atención materno-infantil. MSF está ahora mismo apoyando los dos únicos hospitales con capacidad de manejo de embarazos y partos complicados y las dos únicas UCI neonatales que quedan funcionantes en Gaza.

Además, Conde lamenta que habrá muchos pacientes que pierdan acceso a su medicación habitual, pues MSF está presente en varios centros de salud. A esta enfermera gallega le preocupa, sobre todo, el acceso a tratamiento de salud mental que dejará de existir: "Para muchos pacientes somos la única alternativa ahora mismo", dice.

Conde recuerda, además, que esta medida impuesta por Tel Aviv no sólo afecta a MSF, sino a otras organizaciones presentes en la Franja. Y es que, insiste, "ahora mismo la gran mayoría de la población depende casi exclusivamente de la ayuda humanitaria, sobre todo en cuanto a acceso a la salud y a servicios básicos (agua, higiene, saneamiento…)".

Por eso, incide en que, para ella, "esto es la punta del iceberg" de una situación que lleva gestándose más de dos años. Y lo explica: "Todas las organizaciones nos hemos estado enfrentando a trabas burocráticas, como retrasos en los visados, denegación de permisos de entrada para el personal internacional o de material".

La decisión del Gobierno de Netanyahu llega, lamenta la enfermera, en un momento en el que "el sistema de salud gazatí está totalmente colapsado".

Una sociedad rota

Los sanitarios de MSF cuentan, como explica Conde, con un "equipo de apoyo en salud mental, tanto para el personal internacional como para el nacional". La Unidad de Apoyo Psicosocial está disponible para que llamen "en cualquier momento: tanto antes como durante la misión, y también una vez que estamos en casa", indica.

Sin embargo, eso no quita que "te encuentres teniendo sentimientos que no habías tenido antes, de rabia, de impotencia, de enfado. Y son emociones que no te gusta tener".

Conde trata a un recién nacido en Gaza. Mariam Abu Dagga MSF Gaza

P.: Si al personal internacional os afecta así… ¿cómo golpea a los compañeros gazatíes?

R.: Les he visto agotados. En esta última rotación vi también el cambio físicamente: están mucho más delgados, mucho más cansados. Hemos tenido compañeros que han tenido que cogerse la baja porque no son capaces de gestionar la situación.

P.: Tiene que ser duro…

R.: Hay muchísimos compañeros que han perdido familiares y amigos durante estos dos años de conflicto y que, aun así, han venido a trabajar. Ves también distintas estrategias de gente que se esconde o protege en el trabajo, justamente para no pensar.

Al mismo tiempo, los ves que están gestionando el duelo de nuestros pacientes sin ellos gestionar su propio duelo, bloqueándolo. Y esto es algo que va a tardar muchísimo en recuperarse. Mucho más que en reconstruir los hospitales o las viviendas. Esto van a ser años de terapia y de trabajo.

Conde, en la Franja. Cedida MSF Gaza

P.: Lo mismo ocurre con la población en general, ¿no?

R.: Hablo de nuestros compañeros, pero también de sus hijos, de los niños, de los adolescentes… La adolescencia, por ejemplo, es una época ya supercomplicada en un contexto como el nuestro [en España], imagínate en una situación así, que en los últimos dos años lo único que han visto es violencia, destrucción, que no tienen acceso a educación…

Muchos universitarios que no han podido terminar su carrera o continuar sus estudios… Ven que lo único que les rodea es violencia, y la violencia lo único que genera es más violencia, odio, rabia. Y eso vamos a tardar muchísimo en gestionarlo. Da mucho miedo lo que se nos viene.

P.: ¿A qué te refieres?

R.: A nivel de nuestros compañeros, si esta situación llegase a mejorar en algún momento, va a ser cuando rompan, porque se permitirán poner los sentimientos en su sitio. Ellos ahora están en modo supervivencia: a ver qué como hoy, ver dónde tengo a mi familia, si tengo casa o no, si me tengo que volver a desplazar o no.

Si en algún momento este modo supervivencia para o mejora, ahí es cuando van a romper. Y tenemos que estar preparados para ello. Al mismo tiempo, somos conscientes de que no vamos a conseguir estarlo; es imposible.