Cada 22 de mayo, en el marco del Día Internacional de la Diversidad Biológica, la conversación global tiende a oscilar entre la urgencia científica y la retórica institucional. Según Naciones Unidas, alrededor de un millón de especies animales y vegetales están actualmente en peligro de extinción como consecuencia de la actividad humana, en lo que los expertos ya consideran un declive de la naturaleza sin precedentes en la historia de la humanidad.
En este contexto de degradación acelerada de ecosistemas, el foco se desplaza inevitablemente hacia la acción. Y es ahí donde la empresa privada, particularmente y en nuestro caso, el sector del lujo, comienza a consolidarse como agente relevante en la transformación.
Durante décadas, el lujo se construyó sobre la excepcionalidad: materias primas exclusivas, savoir-faire singular, herencias culturales profundas. Hoy, ese mismo concepto de excepcionalidad está siendo redefinido.
La escasez ya no puede verse sólo como un símbolo de exclusividad, también deberíamos verlo como una advertencia sobre los límites del planeta. Por eso, incorporar la regeneración del entorno natural, de la biodiversidad que nos rodea, pasa de ser una cuestión de imagen o posicionamiento, a una consecuencia natural de lo que el lujo debe representar en nuestro tiempo.
En el caso de la marca que represento, YSL Beauty, dentro de la división de L’Oréal Luxe, esta transformación se articula en una doble dimensión: una más estratégica y otra cultural. Estratégica, porque la sostenibilidad (y más específicamente la regeneración de la biodiversidad) se incorpora a la cadena de valor, desde el sourcing hasta la formulación.
Cultural, porque redefine la identidad de marca, desplazando el foco desde el producto hacia el impacto. Esta ambición se enmarca, además, en la hoja de ruta global del grupo, L’Oréal for the Future, que establece objetivos medibles para 2030 en materia de clima, biodiversidad y uso responsable de los recursos.
Un ejemplo paradigmático de esta convergencia es el proyecto impulsado por YSL Beauty en los jardines comunitarios de Ourika, en Marruecos, a los pies de las Montañas del Atlas. Concebido en 2014 como un homenaje al legado de Yves Saint Laurent, este enclave ha evolucionado hacia un modelo híbrido que combina investigación científica, agricultura regenerativa y desarrollo social.
Lejos de ser un simple espacio de cultivo, los Jardines Comunitarios de Ourika funcionan como un laboratorio a cielo abierto donde se exploran prácticas agrícolas sin tratamientos químicos, se estudian procesos de extracción innovadores y se preserva la biodiversidad local.
Más de 300 botánicos conviven en este ecosistema, y desde 2025, cada producto de la marca incorpora, al menos, un ingrediente procedente de este entorno.
Pero el verdadero valor del proyecto reside en su dimensión social. En colaboración con la organización AGRISUD, se estableció en 2017 una cooperativa de mujeres que no solo participa en el cultivo y procesamiento de ingredientes, sino que accede a formación en alfabetización financiera, emprendimiento y diversificación de habilidades.
Este enfoque no busca un modelo de impacto que entienda el desarrollo local como condición necesaria para la sostenibilidad y la regeneración de la biodiversidad allí donde más necesario es.
Este tipo de iniciativas encarnan con precisión la intersección entre los Objetivos de Desarrollo Sostenible, en particular el ODS 13 (Acción por el Clima) y el ODS 15 (Vida de Ecosistemas Terrestres). No se trata únicamente, que también, de reducir emisiones o proteger especies, sino de rediseñar sistemas productivos que regeneren el capital natural y humano simultáneamente.
La evolución del lujo hacia modelos más responsables es, por tanto, una reconfiguración profunda de sus fundamentos. En un mundo donde la biodiversidad se erosiona a un ritmo sin precedentes, el verdadero lujo reside en la capacidad de preservar, restaurar y co-crear valor con los territorios.
La pregunta va más allá de si las marcas deben implicarse, va sobre cómo lo hacen y con qué ambición. Aquellas que integren la regeneración como parte estructural de su estrategia estarán alineadas con las exigencias del presente, por supuesto, pero también estarán definiendo el estándar del futuro.
Porque en última instancia, la biodiversidad, y su preservación,es la condición que posibilita de todo lo demás. Y reconocerlo, ya sea desde la ciencia, la política o la empresa, es, quizás, el gesto más sofisticado y lujoso de nuestro tiempo.
***Abdel Jahouh es director general de YSL Beauty.