La alimentación es uno de los actos más cotidianos que realizamos y, paradójicamente, uno de los más complejos. Detrás de cada elección en lo que comemos se esconden hábitos culturales, condicionantes sociales y, en muchos casos, consecuencias directas sobre la salud de las que no siempre somos conscientes.
Para las personas con Enfermedad Inflamatoria Intestinal (EII) —que incluye patologías como la enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa— la elección de los alimentos adquiere un papel fundamental.
Convivir con estas enfermedades obliga a prestar atención a lo que comemos, a escuchar las señales del cuerpo y a comprender que la alimentación, sin sustituir al tratamiento médico, forma parte del abordaje integral de la enfermedad.
En España, más de 300.000 personas conviven hoy con EII, muchas de ellas diagnosticadas en edades tempranas. Son pacientes activos, que aspiran —como cualquiera— a una vida plena, pero que aprenden pronto que el intestino no siempre perdona los excesos ni la improvisación.
Durante años, la relación entre dieta y EII se abordó desde la restricción, con listas de alimentos prohibidos, limitaciones severas y mensajes confusos.
Sin embargo, hoy sabemos que este enfoque no solo es insuficiente y carece de sustento científico, sino que puede resultar contraproducente si no se acompaña de educación y criterio clínico.
De hecho, la única restricción ampliamente consensuada es evitar la fibra en pacientes con enfermedad de Crohn y estenosis sintomática, siempre bajo supervisión médica.
La alimentación no cura la EII, pero influye de manera decisiva en cómo se vive con ella.
La evidencia científica ha demostrado que determinados patrones dietéticos, especialmente los basados en ultraprocesados, grasas saturadas y azúcares añadidos, alteran la microbiota intestinal y favorecen un estado inflamatorio persistente, y algunos de ellos se han relacionado incluso con el desarrollo de la EII.
El intestino, lejos de ser un órgano aislado, es un termómetro sensible a factores externos como el estrés, el descanso o el estilo de vida, y que está en constante diálogo con el entorno.
Frente a ello, una alimentación más consciente y planificada puede ayudar a reducir síntomas, mejorar la tolerancia digestiva y favorecer la respuesta a los tratamientos.
No hablamos de dietas milagro, sino de elecciones razonables y adaptadas a cada momento clínico.
Hablar de alimentación en la EII es también hablar de educación sanitaria. No todos los pacientes tienen el mismo acceso a información fiable, o al acompañamiento necesario para entender qué les sienta bien y por qué.
En este sentido, abordar la EII desde una mirada integral es también una forma concreta de avanzar hacia un desarrollo más justo, sostenible y centrado en las personas, conceptos directamente alineados con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), en particular, con el ODS 3, que promueve la salud y el bienestar a lo largo de toda la vida, con el ODS 10, porque persisten desigualdades en el acceso a recursos e información, y con el ODS 12, que nos interpela a repensar nuestros modelos de consumo.
Desde GETECCU defendemos un enfoque individualizado y humano. Planificar las comidas, mantener rutinas y evitar excesos no son consejos menores: son herramientas de autocuidado que devuelven al paciente una sensación de control sobre su enfermedad.
La alimentación es también una forma de relación con el entorno. Apostar por alimentos frescos y no procesados, técnicas de cocinado sencillas y consumo responsable no solo beneficia al intestino, sino que conecta la salud individual con la colectiva.
Cuidar la salud digestiva es una forma de invertir en bienestar futuro.
La EII nos recuerda algo esencial: la salud no se construye solo en la consulta médica. Se construye cada día, en decisiones aparentemente pequeñas, en la forma en que comemos, descansamos y escuchamos a nuestro cuerpo.
Quizá por eso, hablar de alimentación en la Enfermedad Inflamatoria Intestinal no es un tema menor. Es una invitación a repensar cómo vivimos, cómo cuidamos y cómo acompañamos a quienes conviven con una enfermedad crónica en un mundo que a menudo no se detiene a escuchar.
***Yamile Zabana es presidenta de GETECCU (Grupo Español de Trabajo en Enfermedad de Crohn y Colitis Ulcerosa).