Hoy en día, en nuestro país, datos del Barómetro de la Soledad No Deseada 2024 nos dicen que más de dos millones de personas mayores de 65 años viven solas, y alrededor del 20% sufre soledad no deseada.

Esta cifra debería invitarnos a reflexionar sobre cómo queremos acompañar a nuestros mayores durante su envejecimiento en esta sociedad cada vez más digital.

En 2030, casi una tercera parte de la población española tendrá más de 60 años. Sin embargo, esta generación se diferenciará de sus predecesoras en un aspecto clave: su relación con la tecnología.

Fueron testigos del nacimiento y la evolución de la era digital y, a diferencia de generaciones anteriores, han sido, son y serán una parte activa de ella.

Según un estudio de la Fundación ONCE y el Observatorio Estatal de la Soledad No Deseada, el 50,1% de la población cree que la tecnología puede ayudar a sentirnos más acompañados (o ayudarles a sentirse más acompañados). Pero hoy sabemos que para que eso sea posible debe ser accesible, comprensible y cercana.

La generación Baby Boomer, donde se incluyen todos los nacidos entre 1958 y 1975, ha visto nacer y desarrollarse una tecnología que, hoy, forma parte de nuestras vidas. Han aprendido, probado y adaptado la tecnología a su día a día.

Sin embargo, el paso del tiempo y el rápido avance del mundo no van a impedir que requieran un acompañamiento digital más humano dentro de unos años. Porque, aunque hayan podido hacer un uso frecuente de dispositivos tecnológicos durante muchos años, llega un momento en el que el cuerpo humano, por su biología, necesita ayuda con ciertas tareas.

Es en ese momento donde la tecnología no debe ser un obstáculo, sino una verdadera aliada que favorezca el bienestar, la independencia y la conexión. Dispositivos como los smartphones adaptados no deben renunciar a las últimas tecnologías, sino ponerlas al servicio de las personas que lo van a usar.

A partir de cierta edad, utilizas móviles que incorporan iconos y letras a gran tamaño para leer mejor correos o mensajes, botones físicos para atender llamadas o un volumen adaptado a necesidades de personas con las capacidades auditivas mermadas. Pequeños detalles que transforman la experiencia digital en algo más sencillo, amable y accesible.

En la nueva sociedad en la que vivimos, envejecer de forma saludable no es solo alcanzar el objetivo diario de pasos, dormir las horas recomendadas o seguir una dieta saludable. También es poder elegir tecnología que facilite el día a día y fomente la autonomía y la tranquilidad.

La tecnología adaptada de este tipo de dispositivos actúa como un catalizador de la conexión. Videollamadas con amigos, chatear con familiares, o poder enviar y recibir fotos o vídeos refuerzan los lazos afectivos y reducen la sensación de aislamiento. Aquellos otros aparatos que convierten estas tareas en algo difícil para los que no están al día de las últimas novedades tecnológicas, separan.

Otras acciones como gestionar el presupuesto, establecer un plan de ahorro o aprender a utilizar pagos digitales con seguridad refuerzan la independencia. Los smartphones actuales, incluso los que están diseñados para el público más sénior, permiten hacerlo de forma sencilla y segura gracias a la tecnología NFC.

La alfabetización digital es sinónimo de bienestar y libertad. Conocer cómo manejarse con seguridad en la red abre la puerta a la cultura, el ocio y la gestión financiera sin miedo.

Aprender a identificar correos fraudulentos, utilizar la banca online con confianza o explorar nuevas herramientas digitales refuerzan la confianza y la tranquilidad en el entorno digital.

Está demostrado que las personas mayores que reciben formación en ciberseguridad no solo utilizan más la tecnología, sino que también se sienten más autónomas y conectadas.

En la actualidad, también existen servicios que contribuyen a facilitar el uso de móviles a las personas mayores: aplicaciones como SPC Care, que se instalan en el smartphone de sus familiares o cuidadores y les permiten ajustar de manera remota ciertos parámetros del teléfono sénior que pueden resultarles más complejos o de difícil acceso como el volumen, el timbre de llamada, la organización de iconos…

De esta forma, los mayores reciben apoyo inmediato sin perder su autonomía y la tecnología, una vez más, se convierte en un recurso que amplía las posibilidades de vivir con confianza, seguridad y libertad.

Los baby boomers son la prueba de que la edad solo es un número. Esta generación ha decidido vivir esta etapa con energía, autonomía y ganas de seguir aprendiendo. Para ello, la tecnología debe continuar siendo su gran aliada, aunque avance rápidamente e implique que puedan necesitar acompañamiento puntual.

El reto actual pasa por conseguir una tecnología que continúe democratizando el envejecimiento saludable, inclusivo y conectado. Porque cuidar de quienes nos cuidaron también significa ofrecerles herramientas para seguir siendo ellos mismos: autónomos, activos y conectados con la vida.

*** Verónica Catediano es PR Manager en SPC.