El voto del Parlamento Europeo sobre el paquete Ómnibus marca un nuevo capítulo en el debate sobre la Directiva de Diligencia Debida en Sostenibilidad (CSDDD). Más allá de los ajustes técnicos, que reducen el alcance de la norma, el resultado muestra que la sostenibilidad corporativa avanza en un entorno más inestable y politizado.
La alianza que impulsó la aprobación del texto, dejando fuera a buena parte del centro político, refleja que las dudas sobre nuevas obligaciones regulatorias están ganando espacio. Este contexto plantea una cuestión relevante: ¿cómo deben posicionarse las empresas ante una agenda de sostenibilidad que evoluciona con tanta incertidumbre?
En este escenario, conviene preguntarse si tiene sentido frenar esfuerzos cuando los riesgos siguen presentes: vulneraciones de derechos laborales, impactos ambientales o disrupciones operativas continúan afectando a las cadenas de suministro. A ello se suman expectativas crecientes por parte de consumidores, inversores y ciudadanía, que no dependen de los cambios legislativos.
Por eso, interpretar el retroceso normativo como un alivio regulatorio puede ser una lectura incompleta. La cuestión ya no es solo qué exigirá la normativa final, sino qué nivel de responsabilidad necesitan las organizaciones para gestionar riesgos reales y responder a un entorno que demanda más transparencia y coherencia en materia de sostenibilidad.
El voto del Parlamento introduce cambios significativos en la CSDDD. Especialmente relevante es el aumento de los umbrales de aplicación, que limitaría la Directiva a empresas de más de 5.000 personas trabajadoras.
También se eliminan los planes obligatorios de transición climática y se avanza hacia un enfoque menos armonizado sobre la responsabilidad a escala europea.
Estos ajustes se interpretan como un retroceso respecto a la ambición inicial, que buscaba promover prácticas de diligencia debida más amplias. Sin embargo, allí donde existen normas similares ya se observan avances.
La Ley de la cadena de suministro alemana es un ejemplo claro, con mejoras relacionadas con mecanismos de reclamación, claridad para proveedores y procesos de evaluación más consistentes.
Estos resultados no modifican la situación legislativa europea, pero sí ofrecen una enseñanza útil. Las empresas que trabajan con estructuras claras y basadas en riesgos pueden generar impactos tangibles incluso cuando el marco político se encuentra en revisión o debate, lo que subraya la importancia de mantener el rumbo.
En paralelo, los Objetivos de Desarrollo Sostenible aportan una referencia estable en un contexto de volatilidad. El trabajo decente (ODS 8), la producción y el consumo responsables (ODS 12) y la acción por el clima (ODS 13) siguen señalando la necesidad de gestionar riesgos, prevenir impactos y reforzar la transparencia en las cadenas de valor.
Su utilidad en este momento radica en que ponen el foco en riesgos que ya existen y que seguirán afectando a las organizaciones más allá del resultado final de la CSDDD. La sostenibilidad empresarial no es solo una respuesta normativa, sino una condición para conservar la confianza de consumidores e inversores y fortalecer relaciones en la cadena de suministro.
Para las empresas que ya han desarrollado sistemas de diligencia debida alineados con la CSDDD, este momento no debería impulsar un cambio de dirección. Aunque el marco regulatorio siga en negociación, existen motivos sólidos para continuar avanzando con procesos basados en riesgos y evidencias que fortalecen transparencia y credibilidad.
Además, la relación con proveedores mejora cuando hay expectativas claras y un compromiso sostenido. Actuar hoy evita medidas correctivas más costosas en el futuro y permite que la diligencia debida se consolide como una capacidad estratégica en lugar de una obligación puntual dentro de un entorno político cambiante.
En resumen, el voto del Parlamento ofrece una visión parcial del rumbo que tomará la CSDDD, pero no determina el resultado final. La responsabilidad corporativa no desaparece con los cambios de umbrales, y la transparencia sigue marcando las expectativas del mercado.
Las empresas que definan ahora su nivel de ambición estarán mejor preparadas para la incertidumbre y para construir modelos más resilientes y sostenibles.
*** Enrique Marroquín es VP Service Engagement de EcoVadis.