Un plato de comida. Esa es la mejor forma de resumir qué es la seguridad alimentaria. Más allá de las definiciones o los indicadores con los que se explica y se mide este concepto, observar un plato de comida permite leer cómo es la producción local y el acceso a los mercados, si hay o no alimentos, o qué tamaño y diversidad tiene una dieta, entre otras cosas.
De la misma forma, contemplándolo es posible adivinar si en un contexto avanza la guerra, la violencia, la estabilidad o la paz.
Los ejemplos de cómo este plato de comida se rompe en medio de los conflictos son dolorosamente recurrentes. El hambre sigue siendo utilizada como arma de guerra en diferentes partes del mundo.
Sin embargo, probablemente no se ha explorado lo suficiente el papel que ese plato puede jugar en los procesos de reconstrucción y transformación que contribuyen a la construcción de paz.
Pero, ¿qué es lo que realmente entendemos por construcción de paz? Desde nuestra perspectiva, se trata del compromiso de impulsar las transformaciones materiales y las relaciones humanas necesarias para superar los factores que se encuentran en el origen mismo de la violencia y que, en muchos casos, la perpetúan.
Asimismo, alude al esfuerzo que, junto con múltiples actores del ámbito local, nacional y global, debe realizarse antes, durante y después de la violencia. La construcción de paz es un proceso amplio e integral que se encuentra en distintas acciones, niveles de decisión y participación de actores.
Entonces, ¿qué relación existe entre la seguridad alimentaria y la construcción de paz? El vínculo es profundo por todo lo que la seguridad alimentaria representa, tanto en tiempos de guerra como de estabilidad.
No solo juega un rol esencial a la hora de disminuir el impacto de la violencia durante los conflictos, sino que genera estabilidad en los complejos procesos de transición posteriores.
Alrededor de la seguridad alimentaria se brinda asistencia humanitaria durante las crisis, se construyen proyectos de desarrollo en el marco de los procesos de reconstrucción y se consolidan horizontes de reconciliación y sostenibilidad en sociedades que han superado etapas de violencia.
En su dimensión material, la seguridad alimentaria contribuye a construir la paz porque permite transformaciones estructurales que mejoran tanto el acceso a los alimentos como, en general, los medios de vida de la población.
Superar las barreras que impiden acceder a ella implica abordar desigualdades profundas e incluso históricas, como la pobreza y la exclusión, así como transitar desde economías asociadas al conflicto armado hacia formas de vida más sostenibles y resilientes.
La seguridad alimentaria también contribuye a la paz en tanto que posibilita crear o reconstruir relaciones entre personas, grupos y sociedades, lo cual es fundamental en cualquier proceso de superación de la violencia.
Facilitar el acceso a la alimentación, y dentro de él a los medios de vida, es una razón para impulsar colaboraciones entre actores de todo tipo, incluso entre aquellos que pudieron haber estado enfrentados durante el conflicto.
Puesto que la alimentación ocupa un espacio central en lo cultural, lo social y lo económico, brinda la posibilidad de crear espacios de encuentro y posibles consensos.
Apostar por la seguridad alimentaria como un vehículo de construcción de paz es central en un mundo donde los conflictos armados y la violencia van al alza.
Entenderla de esta manera nos permite generar nuevas miradas, colaboraciones y oportunidades que contribuyan activamente al bienestar, la estabilidad y la convivencia pacífica. No solo se trata de (re)construir el plato, sino también de propiciar que las personas y los grupos se reúnan alrededor de él.
Ahí radica la magia de la seguridad alimentaria en la construcción de paz: compartir la mesa es a la vez un fin y un medio para transformar la realidad. Todo empieza y termina en un plato.
*** Mateo Echeverry Ángel dirige el proyecto Hambre y Conflicto de Acción contra el Hambre desde Colombia.