Cuando varios grandes carnívoros comparten territorio, la norma ecológica suele ser clara: el más fuerte termina imponiéndose.
La competencia por las presas y el espacio rara vez permite equilibrios duraderos. Sin embargo, en la Selva Maya de Guatemala ocurre algo que contradice esa lógica.
Jaguares, pumas, ocelotes y margays habitan el mismo bosque sin expulsarse entre sí.
Un estudio publicado a finales de 2025, titulado Reparto de nichos entre felinos neotropicales en la revista Journal of Animal Ecology, analizó a cuatro depredadores estrechamente emparentados.
Se trata del jaguar (Panthera onca), el puma (Puma concolor), el ocelote (Leopardus pardalis) y el margay (Leopardus wiedii).
Todos son hipercarnívoros con tamaños corporales comparables y funciones tróficas similares. En teoría, esa semejanza debería generar una competencia intensa.
Margay, felino de tamaño medio que caza en los árboles de la Selva Maya.
Los resultados muestran poca evidencia de diferenciación basada únicamente en el tamaño de las presas. La separación más clara aparece en la estratificación del bosque.
La investigación demuestra que la clave no está tanto en el tipo de carne que consumen, sino en el nivel del bosque donde buscan su presa. Es decir, en la altura a la que cazan.
Los cuatro felinos utilizan los mismos senderos y áreas generales. La convivencia no se organiza por territorio exclusivo, sino por niveles.
Caza por alturas
La selva funciona como un edificio natural de varios pisos. Los jaguares y ocelotes cazan principalmente presas terrestres, los pumas y margays consumen muchos más animales que viven en los árboles.
El jaguar domina la planta baja. Caza principalmente presas terrestres de gran tamaño, como pecaríes y armadillos.
Jaguar, caza principalmente en tierra.
Más arriba, en las copas de los árboles, el puma encuentra un espacio distinto. Allí aprovecha la presencia de primates arborícolas y otros animales que raramente bajan al suelo.
Su dieta revela una adaptación más flexible de lo que se pensaba.
Entre los felinos medianos, el margay muestra una marcada preferencia por cazar zarigüeyas y ratones.
El ocelote, por su parte, ocupa un rango intermedio dentro de esta estructura en capas. No es un reparto casual: es una estrategia de coexistencia.
Ocelote, adaptado a un nivel intermedio del bosque como estrategia de convivencia.
Aunque existe evidencia de que los felinos cazan tanto en el suelo como en los árboles, los expertos destacan que hay pocos estudios sobre estas interacciones en la Selva Maya.
Las distintas capas verticales del bosque son clave para entender cómo, dónde y qué cazan.
Cómo estudiaron a los felinos
La investigación se desarrolló en áreas protegidas de la Reserva de la Biosfera Maya, uno de los bloques de selva tropical más extensos de Mesoamérica.
Allí, un equipo de la Universidad Estatal de Oregón y de la Wildlife Conservation Society (WCS) Guatemala desplegó una estrategia poco habitual.
"Esta investigación desafía las suposiciones arraigadas sobre cómo coexisten los grandes carnívoros", afirmó Ellen Dymit, investigadora de la Universidad Estatal de Oregón y principal autora tras publicar el artículo.
Instalaron 55 cámaras trampa a ras del suelo y otras 30 en el dosel de los árboles. Esta combinación permitió registrar actividad tanto en el nivel terrestre como en las alturas. El trabajo se complementó con la recolección de 215 muestras fecales detectadas por perros rastreadores.
Esas muestras fueron analizadas mediante metacodificación de barras de ADN, una técnica que identifica con precisión las especies consumidas.
El análisis integró datos de dieta, distribución espacial y patrones de actividad diaria. Al cruzar estas variables, la conclusión fue clara: la diferenciación vertical pesa más que la territorial.
Ecosistema en riesgo
La Selva Maya es el mayor bloque continuo de bosque tropical de Mesoamérica. Se extiende por México, Guatemala y Belice, formando un solo paisaje natural y cultural.
Destaca por su gran biodiversidad, extensas áreas protegidas y miles de sitios arqueológicos mayas, donde la selva y la historia están profundamente unidas.
Rony García-Anleu, director de investigaciones biológicas de WCS Guatemala, explica que "conocer qué comen los felinos y cómo se distribuyen en el bosque permitirá diseñar mejores estrategias de conservación".
Alejandro Hernández, especialista en mesocarnívoros, señala que "es información que las autoridades pueden incluir en sus estrategias o usar para crear bases de datos sobre estas especies".
Estos hallazgos ayudan a evaluar la salud de todo el ecosistema, no solo de los depredadores. Además, la investigación advierte cómo la pérdida de bosque podría alterar este delicado equilibrio.
Si desaparecen las copas de los árboles, los felinos medianos se ven obligados a bajar al suelo, aumentando la competencia y los conflictos.
Proteger la verticalidad del bosque no es un lujo: es la clave para que jaguares, pumas, margays y ocelotes sigan coexistiendo.
