Arantza García
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Incorporar la perspectiva de género se ha vuelto una condición indispensable para que la transición sea realmente justa. Así lo ha señalado el Instituto Europeo para la Igualdad de Género (EIGE), que considera a España un caso relevante en la integración de la igualdad en las políticas energéticas.

Según este organismo, avanzar hacia un nuevo modelo sin tener en cuenta las desigualdades supone desperdiciar talento, limitar el impacto social de las medidas climáticas y dejar fuera a una parte significativa de la población en un momento de transformación profunda.

Los datos lo confirman: el sector energético sigue siendo mayoritariamente masculino, tanto en los empleos técnicos como en los puestos de decisión.

En muchos casos con porcentajes de mujeres muy por debajo del 30% en la fuerza laboral y con menos de un 5% en los cargos de máxima responsabilidad, lo que subraya la necesidad de políticas y prácticas que impulsen la diversidad de género. Si las mujeres no participan en igualdad de condiciones, el proceso será incompleto.

Oportunidades en construcción

Desde dentro del sector, esa transformación se percibe con claridad. Isabel López Echevarría es ingeniera de la Energía con el máster habilitante en Ingeniería de Minas. Defiende que la transición está generando "oportunidades reales y cada vez más atractivas" para las mujeres jóvenes.

En su opinión, el momento es especialmente interesante porque el trabajo tiene un impacto directo y visible, desde la descarbonización empresarial hasta el desarrollo de tecnologías emergentes como el hidrógeno verde o los pequeños reactores modulares.

López Echevarría explica que el sector combina cada vez más lo técnico con lo económico y lo regulatorio, lo que favorece la aparición de perfiles híbridos. "La capacidad de comprender la tecnología, evaluar modelos de negocio y analizar la viabilidad económica aporta un valor diferencial muy bien valorado", señala.

Trabajador de energía de subestación. iStock

Además, muchas de estas oportunidades se desarrollan en entornos internacionales, lo que amplía horizontes profesionales y permite adquirir una visión global del sistema energético.

Una percepción similar comparte Sara García Lambán, también ingeniera vinculada al sector de las renovables. Desde su experiencia, destaca que la transición energética está creando oportunidades porque se trata de un ámbito todavía en expansión, con alta demanda de talento y menos inercias que industrias tradicionales.

Al ser un sector "en construcción", permite que las nuevas generaciones crezcan al mismo tiempo que evoluciona el propio mercado.

García Lambán subraya que no solo se necesitan ingenierías puras. También hacen falta perfiles estratégicos, financieros y regulatorios, lo que amplía el acceso a distintos itinerarios profesionales y favorece una mayor diversidad. Esa amplitud de roles, coincide con López Echevarría, abre la puerta a que más mujeres encuentren su espacio en la transformación energética.

Barreras que persisten

Aunque el sector ha avanzado en igualdad, López Echevarría señala que siguen existiendo barreras que dificultan el acceso y la promoción de muchas mujeres. Una de las más importantes es la conciliación. Los ritmos exigentes del sector energético hacen que ese equilibrio sea complicado.

También apunta a resistencias culturales que, aunque más sutiles que antes, todavía se perciben en algunos entornos donde la presencia femenina en puestos de liderazgo genera reticencias.

A esto se suma la falta de referentes cercanos. "Muchas chicas no se sienten atraídas por carreras técnicas porque no visualizan modelos reales", explica. De ahí la importancia de visibilizar a profesionales jóvenes que ya están desarrollando trayectorias sólidas en el sector.

La propia estructura territorial del empleo influye. López Echevarría advierte de que muchos puestos se concentran en grandes ciudades como Madrid o Barcelona, lo que limita las opciones para quienes quieren desarrollar su carrera sin alejarse de su entorno familiar. Apostar por una mayor descentralización empresarial sería, en su opinión, una medida clave para ampliar oportunidades.

Para Sara García Lambán, las barreras hoy no siempre son explícitas. En su experiencia personal no ha encontrado dificultades directas por razón de género, pero reconoce que en los ámbitos más técnicos sigue predominando la mayoría masculina. Por eso considera fundamental animar a más jóvenes a orientarse hacia disciplinas STEM.

Una integración laboral justa

El cierre de minas, centrales térmicas o industrias vinculadas a los combustibles fósiles que ha traído consigo el cambio de modelo productivo, ha afectado directamente a miles de trabajadores y trabajadoras. En ese contexto, la llamada transición justa busca que el nuevo modelo no deje atrás a quienes dependían del anterior.

El Instituto para la Transición Justa tiene un papel central en ese proceso. Entre sus funciones está analizar quién participa en los programas de formación y empleo que acompañan la reconversión y detectar posibles desequilibrios.

La colaboración con el Instituto de las Mujeres ha servido para identificar colectivos que tradicionalmente quedaban fuera y para adaptar los canales de información a realidades que no siempre encajaban en los esquemas habituales.

Sobre el terreno, los agentes territoriales de transición justa se han convertido en una figura clave. Trabajan en las zonas más afectadas por el cambio de modelo energético, detectan oportunidades económicas, acompañan iniciativas locales y tratan de asegurar que las mujeres accedan en igualdad de condiciones a los recursos disponibles. La experiencia demuestra que la igualdad no surge por inercia, requiere seguimiento y medidas específicas.

España, además, se ha adherido a iniciativas internacionales como Equal by 30, centrada en promover la igualdad de oportunidades en el ámbito de la energía limpia.

En el plano normativo, la Ley de cambio climático y transición energética incorpora la perspectiva de género como principio rector. El marco está definido; la cuestión es que esas previsiones se traduzcan en resultados medibles.

La energía en casa

Otro aspecto que merece atención es la relación de las mujeres con la energía en el día a día de los hogares. Las estadísticas muestran que son ellas quienes siguen asumiendo una mayor responsabilidad en las tareas de cuidado y gestión doméstica, lo que influye en su relación con el consumo energético y las hace más vulnerables a situaciones de pobreza energética.

El EIGE insiste en que el análisis del impacto de género debe incorporarse desde el diseño de las políticas climáticas, no como un ajuste posterior. Anticipar posibles desigualdades permite corregirlas a tiempo.

España ha avanzado en esta línea y ha recibido reconocimiento europeo por ello. Pero el desafío es convertir la igualdad en un criterio estable de evaluación y garantizar que la participación femenina en el sector energético deje de ser una excepción y pase a ser la norma.