Este martes 17 de febrero comienza el Ramadán, el mes sagrado para los más de 2.200 millones de musulmanes que se contabilizan en el mundo. Por eso, desde hoy, durante aproximadamente 30 días, desde el alba hasta la puesta de sol, quienes lo practican no ingerirán alimentos ni agua.
En España se estima que la población musulmana supera los 2,5 millones de personas y, durante las fechas invernales, el ayuno diurno puede rondar las 10-12 horas. De ahí que nos surja una pregunta: ¿cómo puede sobrevivir el organismo humano sin beber durante tanto tiempo? ¿Y qué efectos tiene ese ayuno?
La respuesta está en la propia fisiología. Pues, el cuerpo humano dispone de mecanismos de reserva y adaptación que le permiten soportar períodos prolongados sin ingesta, siempre que se trate de adultos sanos.
Según explica el enfermero y dietista Rafael Sobrino Calado, el organismo no entra en una situación extrema desde el primer momento. "En torno a las 12 primeras horas se emplean los azúcares (glucosa) que tenemos en el cuerpo, utilizando primero la disponible en el torrente sanguíneo (glucemia)", señala.
Por eso, la composición de la última comida antes del amanecer —el suhoor— influye directamente. Y es que, tal y como indica el experto, si acabamos de hacer una comida rica en carbohidratos, posiblemente tengamos más glucosa, mientras que si a esa última ingesta le añadimos proteínas y grasas, "el azúcar en sangre tendrá un pico menos elevado y más sostenido".
Una vez el combustible inmediato se agota, el organismo recurre a sus reservas. Es decir, tras consumir la glucosa circulante, el cuerpo empieza a utilizar el glucógeno almacenado en músculos e hígado; funcionando como una batería de emergencia donde la actividad diaria determina su duración: cuanto mayor sea el esfuerzo físico, antes se vaciará.
Hombres musulmanes rezar durante el Ramadán.
Cuando ese almacén también se agota, el metabolismo cambia de estrategia. "El cuerpo comenzaría a tirar de la grasa almacenada, mediante un proceso llamado lipólisis", explica Sobrino. Y es en ese momento cuando aumentan los cetónicos en sangre, pues el organismo pasa de quemar azúcar a quemar grasa.
Sin embargo, este cambio metabólico suele coincidir con el momento en que se termina la jornada de ayuno y se rompe la abstinencia al anochecer, por lo que sería un proceso menos habitual.
¿Y el agua?
La ausencia de hidratación es la parte más llamativa del Ramadán, pero parece ser que está todo bajo control gracias a que el organismo dispone de sistemas de ahorro hídrico muy eficaces.
"El cuerpo, mediante el sistema endocrino, ahorra agua y la retiene", indica el dietista. Las hormonas reguladoras de la orina y la sudoración reducen al máximo las pérdidas. De ahí, que veamos un color más bien amarillo oscuro al miccionar y este sea posiblemente más oloroso, dado que "los desechos están más concentrados".
En cualquier caso, en climas templados, como es el caso de España, no suele haber problemas, pero el calor puede complicar la situación. Y es que, tal y como apunta Sobrino Calado, la sudoración es necesaria para regular la temperatura corporal y, en estas situaciones, el organismo debe elegir entre refrigerarse o conservar líquido, lo que puede provocar sensación de incomodidad y "sobrecalentamiento".
Los primeros días
El impacto inicial no es solo físico. De hecho, durante la primera semana muchos practicantes han llegado a referir síntomas leves.
"Puede doler la cabeza por el cambio en la hidratación, estar más cansado y, por tanto, más irritable. También cambia el ciclo del sueño habitual", señala Sobrino Calado. Y es que durante el Ramadán el motivo es doble: primero, por la modificación de los horarios de comida y, segundo, por el despertar temprano para la ingesta previa al amanecer.
Sin embargo, con el paso de los días, el organismo se adapta. "Se vuelve a una estabilidad metabólica y se supone que hay una claridad mental en las horas de ayuno", añade el dietista.
Cómo romper el ayuno
La tradición islámica recomienda romper el ayuno con agua y dátiles. Lo que, desde el punto de vista nutricional, tiene sentido.
"El agua sirve para preparar la falta de hidratación; es nuestro corrector principal del organismo", explica el experto. Los dátiles, por su parte, aportan energía rápida, pero equilibrada gracias a su contenido en azúcares, minerales y fibra. Se trata, dice Sobrino Calado, de "un inicio tras el ayuno poco copioso y sirve para abrir boca".
En cualquier caso, es lógico pensar que tras muchas horas sin comer pueda aparecer la tentación de realizar una comida abundante de golpe. Sin embargo, no es muy recomendable (y hacerlo tiene sus consecuencias).
"Lo que más vamos a notar es malestar digestivo: distensión abdominal, gases, reflujo o incluso dolores tipo cólico", advierte el dietista. Y, a nivel interno, se podrían experimentar problemas metabólicos tales como "picos de insulina para contrarrestar glucemias elevadas".
Beneficios para la salud
Pese a que el Ramadán es un ayuno intermitente con base religiosa, la ciencia ha estudiado sus efectos y, según se ha podido concluir, "hay mejoras desde el punto de vista metabólico". Tal y como indica el enfermero, "la insulina es más eficiente y se logra un mejor control de las grasas en sangre".
Además, podría favorecer la autofagia celular —el proceso de reciclaje de células dañadas— y reducir marcadores inflamatorios.
No obstante, el resultado depende de la dieta nocturna, pues, matiza Sobrino Calado, "de nada serviría darse un atracón y menos si es comida basura".
Para sobrellevar este periodo de la mejor forma posible, el especialista presenta tres recomendaciones clave para esta festividad: asegura que hay que hidratarse bien durante la noche, adaptar la actividad física y planificar la comida previa al amanecer con hidratos, grasas y proteínas para mantener la saciedad y la glucosa estable.
Curiosidades de Ramadán
¿Por qué empieza cada año en una fecha distinta? Se rige por el calendario lunar islámico, que tiene 354 días, unos 11 menos que el solar. Por eso cada año se adelanta aproximadamente once días respecto al calendario gregoriano.
¿Quiénes están exentos del ayuno? Niños pequeños, enfermos, embarazadas o lactantes, ancianos vulnerables y viajeros. En muchos casos pueden recuperarlo más adelante o compensarlo mediante obras de caridad.
¿A qué edad comienza? No hay una edad universal obligatoria, pero suele iniciarse tras la pubertad. En el caso de las niñas, empiezan tras su primera menstruación. Además, hay quienes realizan ayunos parciales de forma progresiva para acostumbrarse.
¿Cuánto dura? Entre 29 y 30 días, dependiendo de la observación de la luna creciente que marca el final del mes.
¿Qué se celebra al terminar? La festividad del Eid al-Fitr, una de las principales celebraciones del islam, centrada en la oración comunitaria, las comidas familiares y la ayuda a personas necesitadas.
