Kristin, Leonardo, Marta... Son nombres que podríamos tener cualquiera de nosotros, pero, además, estas palabras corresponden a la denominación que se ha empleado para las últimas borrascas que han asolado la Península Ibérica.
Y es que la aparición de un gran temporal en los mapas meteorológicos ya no se comunica únicamente con términos técnicos.
Desde hace algunos años, las borrascas más intensas que afectan a España reciben un nombre propio —como ocurrió con Filomena—. Y pese a que hay quienes pueden pensar que la elección es fruto del azar, nada más lejos de la realidad.
Esta función responde a un sistema internacional diseñado para mejorar la gestión del riesgo y la coordinación entre países. El objetivo principal es comunicativo. Porque, tal y como explican los servicios meteorológicos europeos, nombrar una borrasca permite que la población identifique con claridad un mismo fenómeno atmosférico.
Se trata de un mecanismo de alerta para los momentos en los que se prevén efectos adversos importantes, como vientos intensos, precipitaciones persistentes, nevadas o temporal marítimo. Y, de este modo, facilitar la implementación de recomendaciones de protección civil y evitar confusiones con códigos técnicos complejos.
Trabajo en equipo
En el caso de España, el proceso no depende únicamente de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET). La asignación forma parte de un mecanismo internacional gestionado por el denominado Grupo Suroeste Europeo.
Está formado por los organismos meteorológicos de siete países: AEMET (España), IPMA (Portugal), Météo-France (Francia), RMI (Bélgica), MeteoLux (Luxemburgo) y MeteoAnd (Andorra, incorporado recientemente).
Estas entidades trabajan de forma coordinada porque las borrascas extratropicales —las que afectan habitualmente a la Península Ibérica— no respetan fronteras. Porque, como es habitual, un mismo sistema puede impactar primero en Portugal, cruzar España y alcanzar Francia o el Mediterráneo occidental en cuestión de horas.
La borrasca 'Bernard' situada frente a las islas Británicas en 2023.
En ese sentido, la regla es clara. El país cuyo servicio meteorológico prevé primero emitir avisos de nivel naranja o rojo es el encargado de bautizar la borrasca. Y, una vez elegido el nombre, lo comunica al resto de agencias para unificar la información pública.
Además, el grupo se coordina con el llamado Grupo Oeste Europeo (Reino Unido, Irlanda y Países Bajos) cuando el sistema se origina en el Atlántico norte, respetando el nombre asignado previamente si procede.
Elegir nombre
Lo primero a tener en cuenta es que el bautismo no es automático. Solo reciben nombre las llamadas borrascas de alto impacto y el criterio principal es la previsión de fenómenos meteorológicos peligrosos.
Las características a tener en cuenta son: rachas de viento muy fuertes (en España generalmente superiores a 90-110 km/h según la zona), lluvias intensas o persistentes, nevadas relevantes o combinación de varios riesgos.
Eso sí, vientos locales habituales —como cierzo o tramontana— no se nombran si no están asociados a un sistema de baja presión significativo.
Para los que sí tienen una denominación, la asignación se escoge cada temporada meteorológica, que va del 1 de septiembre al 31 de agosto. Es ahí cuando los servicios preparan una lista de 21 nombres ordenados alfabéticamente, donde se alternan nombres masculinos y femeninos y se incluyen diferentes idiomas de los países participantes.
La alternancia de género responde a un criterio de igualdad. Y es que, históricamente, las tormentas tropicales en Estados Unidos se nombraban solo con nombres femeninos desde los años 50, pero las críticas sociales llevaron a modificar el sistema en 1979 y Europa adoptó desde el inicio la alternancia para evitar estereotipos.
El Grupo Suroeste Europeo empezó a aplicar este método coordinado en la temporada 2017-2018. Antes, algunos temporales recibían nombres asignados por la Universidad Libre de Berlín, pero sin coordinación operativa entre países.
Respecto al listado, hasta ahora nunca se ha agotado. Incluso en la temporada más activa, 2019-2020, no se alcanzó el límite. Se nombraron 18 borrascas, cerca del límite de 21, aunque el promedio habitual se sitúa entre 10 y 15 episodios por año.
Las letras Q, U, X, Y y Z no suelen emplearse por la escasez de nombres comunes pronunciables en todos los idiomas implicados.
