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Las borrascas que llevan desde que comenzó 2026 surcando España han devuelto el agua a los suelos y embalses de buena parte del territorio nacional. Y lo han hecho tras varios años de sequía prolongada.

Según datos del Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF), los niveles de humedad en el suelo forestal han alcanzado valores máximos en gran parte del país, lo que indica que la tierra ha absorbido grandes cantidades de agua y que los acuíferos vuelven a recargarse.

Sin embargo, los expertos advierten: la bonanza hídrica podría ser temporal si las temperaturas extremas regresan.

Para entender mejor este proceso, el Laboratorio Forestal del CREAF ha ampliado dos herramientas clave, ForestDrought y Meteoland, que permiten analizar la humedad del suelo, el riesgo de incendio y otros parámetros ecológicos a escala estatal.

Ambas aplicaciones combinan datos de organismos oficiales como la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), el Inventario Forestal Nacional y servicios autonómicos como MeteoGalicia o el Servei Meteorològic de Catalunya.

Niveles máximos

Tal y como indica Víctor Granda, científico de datos del CREAF, estas plataformas "permiten hacer un seguimiento exhaustivo de la relación bosque-agua", una información esencial para la gestión forestal, la planificación agrícola y la prevención de incendios.

Los datos, disponibles públicamente, muestran cómo la llamada agua verde —la que se retiene en el suelo y la vegetación— ha alcanzado niveles máximos en muchas zonas, mientras que el exceso, conocido como agua azul, fluye hacia ríos, fuentes y acuíferos.

Este fenómeno no sólo alivia el riesgo inmediato de incendios, sino que refuerza la resiliencia de los ecosistemas frente a futuras sequías. Como recuerda la investigadora del CREAF Annelies Broekman, "tener el suelo lleno de agua es un seguro de futuro".

Eso sí, advierte que en anteriores episodios húmedos, como los registrados tras la borrasca Gloria en 2022, se evaporaron rápidamente por las olas de calor posteriores.

Por encima del 55%

En Cataluña, por ejemplo, ha llovido hasta un 150% más que la media de los últimos 20 años, según la AEMET, lo suficiente para recuperar acuíferos emblemáticos como el de Carme-Capellades, que había sido símbolo de sequía al quedarse seco durante meses. 

Además del beneficio ambiental, el aumento de la humedad del suelo forestal tiene implicaciones directas para el abastecimiento humano.

Los embalses españoles se encuentran por encima del 55% de su capacidad, según el último informe del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO), lejos de los mínimos históricos de 2023, cuando apenas superaban el 40%. Esta recarga es esencial para mantener caudales ecológicos, regar cultivos y garantizar reservas frente a nuevas sequías.

Suelos saturados

No obstante, los suelos saturados también implican riesgos. La alta infiltración en terrenos con fuerte pendiente puede provocar corrimientos o desprendimientos, especialmente en zonas del norte y el este peninsular donde han caído lluvias concentradas.

Según la Sociedad Geológica de España, estos deslizamientos son eventos naturales que pueden intensificarse cuando los suelos permanecen demasiado tiempo encharcados.

Las herramientas ForestDrought y Meteoland, desarrolladas bajo el paraguas del programa Severo Ochoa de investigación de excelencia, representan un avance en la llamada ciencia abierta, pues permiten que cualquier usuario acceda a modelos climáticos y forestales actualizados.

Su disponibilidad también facilita la toma de decisiones ante un clima cada vez más incierto y variable.

El reto ahora, señalan los expertos, está en aprovechar la actual recarga hídrica para restaurar ecosistemas y planificar un uso más eficiente del agua.

Porque, aunque los embalses y acuíferos se llenen, la verdadera garantía frente al cambio climático seguirá estando bajo nuestros pies: en la capacidad de los suelos y los bosques para absorber, retener y liberar el agua cuando más se necesita.