La borrasca Marta irrumpe en España en un escenario meteorológico ya marcado por la excepcionalidad. Tras el impacto de Leonardo a comienzos de febrero, este nuevo sistema depresionario de alto impacto afecta al país desde el sábado 7 de febrero, con especial incidencia a partir de este lunes día 8.
Su llegada consolida una de las secuencias de tormentas más intensas y persistentes de las últimas décadas, con consecuencias relevantes desde el punto de vista hidrológico, atmosférico y de gestión de riesgos.
Y es que Marta es ya la decimotercera borrasca de gran impacto de la temporada 2025-2026, una cifra que supera ampliamente los registros de la temporada anterior a estas alturas del invierno.
Se trata de un sistema atlántico impulsado por un flujo de vientos del oeste-suroeste que transporta grandes cantidades de humedad hacia la península, alimentado por un chorro polar desplazado anómalamente hacia latitudes bajas.
Así, este patrón ha favorecido la entrada directa y casi ininterrumpida de borrascas desde el Atlántico, sin la habitual alternancia de episodios anticiclónicos.
Qué esperar de Marta
El impacto previsto de Marta es significativo, especialmente en el tercio sur peninsular. Se esperan precipitaciones muy abundantes, con acumulados que pueden superar los 80 litros por metro cuadrado en apenas 12 horas en zonas de sierra, y totales que podrían alcanzar los 150 l/m² en sectores de las Béticas y del Sistema Central.
Estas lluvias se suman a las ya registradas en semanas anteriores, lo que incrementa notablemente el riesgo de inundaciones, crecidas rápidas de ríos y deslizamientos de tierra.
A ello se añaden rachas de viento que pueden superar los 80-90 km/h en áreas expuestas y un temporal marítimo con oleaje de varios metros en las costas atlánticas y cantábricas.
Zonas afectadas
Andalucía es una de las comunidades más expuestas. Las sierras y los litorales afrontan un nuevo episodio de lluvias torrenciales, con tormentas puntualmente acompañadas de granizo.
La saturación previa del suelo eleva el riesgo de inundaciones en zonas urbanas y rurales, especialmente en cuencas ya castigadas por Leonardo, como las del Guadalquivir, Guadalete o Genil.
Moreno no descarta ampliar el perímetro de evacuación tras el desalojo de Grazalema.
En Extremadura, el escenario es similar, con precipitaciones intensas que pueden superar umbrales críticos en pocas horas y provocar complicaciones en ríos y embalses.
Galicia, aunque con menores acumulados de lluvia, se verá afectada por un fuerte temporal marítimo y vientos persistentes, con impactos acumulativos en la costa.
Borrascas encadenadas
La comparación con la borrasca Leonardo resulta clave para entender la peligrosidad de Marta. Y es que Leonardo provocó desbordamientos históricos, como el del Guadalquivir, la mayor crecida en cuatro décadas, además de miles de desalojos, cortes de carreteras y activación de dispositivos de emergencia.
Ese episodio dejó los suelos completamente saturados y numerosos embalses al límite de su capacidad. En este contexto, Marta no parte de una situación neutra, pues, cualquier nueva aportación de agua se transforma rápidamente en escorrentía superficial, aumentando el caudal de los ríos y forzando desembalses preventivos que pueden agravar las inundaciones aguas abajo.
Se trata de la octava borrasca desde que empezó el año —después de Francis, Goretti, Harry, Ingrid, Joseph, Kristin y Leonardo— y, desde el punto de vista ambiental, los bosques y montes, que habitualmente actúan como amortiguadores naturales, han perdido gran parte de su capacidad de absorción.
Tras semanas de lluvias continuadas, el suelo forestal se encuentra saturado, lo que reduce drásticamente la infiltración y favorece la erosión y los deslizamientos en zonas de fuerte pendiente.
Además, el agua retenida en el terreno se libera de forma progresiva en los días posteriores, manteniendo elevados los caudales incluso cuando cesan las precipitaciones.
¿Es normal?
La llegada de Marta en pleno febrero no es habitual según los patrones climáticos históricos, que suelen mostrar una tendencia a la estabilización atmosférica en esta fase del invierno.
Sin embargo, la temporada 2025-2026 se está comportando de forma atípica, con un número de borrascas muy superior a la media y una clara intensificación de los episodios extremos.
Los expertos apuntan a la combinación de un vórtice polar más débil, un chorro polar muy ondulado y océanos más cálidos como factores clave de esta anomalía. Por eso, su evolución será determinante para evaluar hasta qué punto este invierno excepcional marca un nuevo patrón en la climatología reciente de España.
