"Una de las formas más graves de violencia contra las niñas". Así define UNICEF la mutilación genital femenina (MGF), una práctica de la que el fondo para la infancia de Naciones Unidas dice que "no sólo vulnera sus derechos fundamentales, sino que deja secuelas físicas, sexuales y psicológicas que pueden acompañarlas durante toda la vida".
María del Carmen Gutiérrez Vélez, especialista en Ginecología y Obstetricia del Hospital Universitario 12 de Octubre, subraya en un comunicado de la oenegé Entreculturas, que esta práctica también constituye "una grave forma de violencia desde el punto de vista médico". E insiste en que se trata de "un procedimiento lesivo que no tiene fines médicos, busca realizar un daño intencionado"
Los datos hablan por sí solos: según la ONU, hoy, más de 230 millones de niñas y mujeres viven con las consecuencias de la ablación. Asimismo, alrededor de cuatro millones de niñas siguen estando en riesgo de sufrirla cada año, muchas de ellas antes de cumplir los cinco años.
Desde UNICEF alertan que para alcanzar la meta de erradicación en 2030, "la reducción de esta práctica debería avanzar 27 veces más rápido que en la actualidad".
Sin embargo, como señala Gutiérrez Vélez, este objetivo es complejo, especialmente si no se pone más énfasis en la concienciación social: "La formación en los ámbitos sanitarios, educativos y de servicios sociales es fundamental para identificar mujeres y niñas que han sufrido esta práctica y concienciar sobre sus efectos lesivos, con el fin de que se erradique su práctica en los países de origen".
Los expertos consultados por este vertical coinciden en que la mutilación genital femenina sigue siendo común en algunas poblaciones y que, por eso, requiere de un trabajo de sensibilización sostenido en el tiempo para que sea abandonada.
Ablación con bata blanca
El problema está, como indica medicusmundi, en que el "combate internacional" contra la mutilación genital femenina ha hecho emerger un "fenómeno alarmante" como es "la medicalización de la ablación, una tendencia hoy en alza". Esto es, la práctica de la ablación en centros sanitarios o, mejor dicho, realizada por médicos, enfermeras o matronas.
Fotografía de una mujer sujetando las láminas con las que se practica la MGF.
La oenegé alerta de que "que la haga una 'bata blanca' no la hace menos mutilación. No la hace más segura. No la hace legal. Y, sobre todo, no la hace ética". Se estima que una de cada cuatro mujeres y niñas que viven con mutilación genital femenina fue "cortada" por un profesional de la salud.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), afectaría a unos 52 millones de jóvenes en todo el mundo. UNICEF matiza tal afirmación y asegura que al menos el 66% de niñas mutiladas en los últimos años lo fueron por trabajadores de salud. Esto es, dos de cada cuatro.
Medicusmundi, además, indica que "hay evidencia de esta terrible nueva tendencia en 94 países", lo que "legitima violaciones sistemáticas de derechos infantiles".
Asimismo, la oenegé médica lamenta que "sólo siete de los 31 países más afectados van por el buen camino hacia la erradicación", aunque "31 millones de padres decidieron en 2025 que ya no mutilarían a sus hijas".
Cuestión de educación
Nazareth Mateos Aparicio, especialista en Género de UNICEF España, explica por qué la erradicación de la mutilación genital femenina sólo es posible con "inversión sostenida, alianzas a largo plazo y trabajo continuado con comunidades y gobiernos". Y es que, enfatiza, "las víctimas necesitan acceso y atención a servicios adecuados".
Si no se aceleran los esfuerzos, UNICEF calcula que cada año cuatro millones de niñas más serán sometidas a la MGF. De ellas, más de dos millones ni siquiera habrán cumplido los dos años cuando se les practique.
"Las niñas siguen dependiendo de nuestra voluntad colectiva de actuar. Sabemos lo que hay que hacer, sólo tenemos que acelerar y ampliar las medidas que funcionan", recuerda Mateos Aparicio. Y recalca: "Seamos claros, no podremos hacerlo sin un compromiso y una inversión sostenida".
La experta no sólo hace referencia a recursos económicos, sino también a "iniciativas que dediquen las habilidades y los conocimientos de las personas, la tecnología, la información y la influencia a la lucha contra la MGF". Sin todo esto, concluye, "millones de niñas pierden la protección y la esperanza".
UNICEF recalca que "la educación de las niñas, el fortalecimiento de leyes y políticas que protejan sus derechos, el acceso a servicios de calidad para quienes están en riesgo o han sobrevivido y el trabajo con comunidades para transformar normas sociales dañinas son medidas eficaces que requieren tiempo y recursos".
Y aunque en las últimas décadas se han logrado avances, incluida una disminución progresiva del riesgo de mutilación genital femenina para las niñas en los países más afectados —de un 47% en 1993 a un 33% en 2023—, el progreso sigue siendo frágil y desigual, y corre el riesgo de estancarse o revertirse si no se mantiene el compromiso político y financiero.
