España ha amanecido este miércoles 28 de enero bajo el impacto de la borrasca Kristin, un temporal atlántico de gran intensidad que ha dejado viento muy fuerte, lluvias abundantes, nevadas copiosas y un notable empeoramiento del estado del mar en buena parte del país.
Aunque su paso será breve, sus efectos se están dejando sentir con especial fuerza en amplias zonas de la península, reabriendo el debate sobre hasta qué punto estos episodios están relacionados con el cambio climático.
Kristin es una baja atlántica, pequeña pero muy profunda, formada rápidamente en el contexto de una circulación del oeste especialmente activa. Llega tras el encadenamiento de otras borrascas recientes —como Harry, Ingrid o Joseph— y concentra su impacto principal entre hoy y mañana, con un desplazamiento rápido, pero condiciones adversas durante varias horas.
Prácticamente todas las comunidades autónomas peninsulares permanecen bajo algún tipo de aviso por nieve, lluvia, viento u oleaje, con la excepción de Navarra y, según algunos seguimientos, Canarias.
Los fenómenos más severos se han registrado en puntos concretos del sur y el oeste peninsular. Almería y zonas de la provincia de Cáceres han alcanzado el nivel rojo por rachas de viento de carácter huracanado, cercanas a los 130 kilómetros por hora, acompañadas de daños en infraestructuras y un fuerte temporal marítimo.
En paralelo, las nevadas están siendo especialmente intensas en el interior y el norte, afectando a Castilla y León, Madrid, áreas de Extremadura y el sistema Central. Carreteras como la A-6 han sufrido incidencias relevantes, junto a cortes de vías secundarias, caídas de árboles, interrupciones del suministro eléctrico y suspensión de clases en algunos municipios de Andalucía y Extremadura.
Ubicación clave
Este episodio no llega de forma aislada. Kristin se suma a una sucesión de borrascas de gran impacto que han marcado el mes de enero, hasta el punto de que algunos recuentos hablan ya de la cuarta o incluso la sexta baja nombrada en apenas unas semanas.
La situación responde a un patrón de fuerte circulación atlántica, con frentes entrando de forma casi continua, viento intenso y precipitaciones generalizadas.
Tras el paso de Kristin, los pronósticos oficiales apuntan a una mejora progresiva, aunque sin una ruptura clara de este carrusel atlántico: el temporal más violento remitirá, pero seguirán llegando nuevas perturbaciones menos profundas que mantendrán la inestabilidad.
La ciclogénesis de la borrasca Kristin.
La posición geográfica de España explica en buena medida esta predisposición a encadenar borrascas. Y es que situada en el extremo suroccidental de Europa y directamente expuesta al Atlántico norte, la península ibérica se encuentra en una zona de paso habitual de las borrascas de latitudes medias durante el otoño y el invierno.
Cuando el chorro polar se refuerza y adopta una trayectoria zonal, las bajas atlánticas circulan con rapidez de oeste a este, impactando de lleno en el oeste y el norte peninsular. De ahí que la AEMET y otros organismos describan estos periodos como "trenes de borrascas" o "temporadas de temporales", un patrón bien conocido y documentado desde hace décadas, anterior al calentamiento global actual.
Borrascas del siglo XXI
En este contexto, no resulta excepcional que se acumulen cinco, seis o más borrascas seguidas afectando a España en un mismo invierno. La variabilidad natural del clima atlántico explica estos episodios, que históricamente se han repetido con mayor o menor intensidad según las décadas.
Por ese motivo, la clave, según la ciencia climática, no está tanto en la frecuencia de las borrascas como en sus características.
Los informes del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) indican que el calentamiento global aumenta la cantidad de vapor de agua en la atmósfera, lo que incrementa la probabilidad de lluvias intensas y precipitaciones extremas.
Para el sur de Europa y la región mediterránea, las proyecciones apuntan a menos precipitación total a lo largo del siglo, pero concentrada en episodios más breves y violentos, con mayor riesgo de inundaciones repentinas y riadas.
En Europa, estudios recientes sobre grandes temporales han detectado una huella clara del calentamiento de origen humano en la intensidad de las lluvias asociadas a algunas borrascas, aunque no en un aumento claro de su número.
En las latitudes medias no se observa una subida generalizada de cuántas borrascas se forman, sino cambios en por dónde pasan, cuándo lo hacen y qué intensidad alcanzan. De hecho, los análisis del Atlántico Norte muestran un ligero desplazamiento del principal pasillo de borrascas hacia el norte, con más actividad cerca de las islas Británicas y menos sobre el Mediterráneo en determinados escenarios.
Para España, AEMET subraya que las temporadas con varios temporales intensos se encuadran dentro de una gran variabilidad interanual. Sin embargo, también constata que, en un clima más cálido, cuando las borrascas llegan pueden descargar más agua en menos tiempo y generar impactos más severos, aunque no sean más numerosas.
Cómo actuar
Ante episodios como el de Kristin, las autoridades insisten en la importancia de extremar las precauciones. En el ámbito doméstico, se recomienda revisar ventanas, persianas y elementos sueltos en balcones o terrazas, así como disponer de un pequeño kit básico con linterna, pilas, agua, alimentos y medicación esencial.
Si es necesario desplazarse, conviene evitar los viajes durante avisos naranja o rojo, consultar el estado de las carreteras y llevar el vehículo en condiciones adecuadas, con especial atención a neumáticos, frenos y sistemas de iluminación. En caso de nieve o lluvia intensa, se aconseja circular despacio y por vías principales.
En zonas costeras, Protección Civil recuerda que no es momento de acercarse a playas, espigones o paseos marítimos para observar el oleaje. También se recomienda no estacionar en zonas inundables y evitar caminar junto a árboles, andamios o estructuras inestables en áreas urbanas.
En todos los casos, seguir los avisos oficiales de AEMET y de los servicios de emergencia es la principal herramienta para reducir riesgos.
