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En el corazón del continente más inhóspito del planeta, ha nacido el primer santuario mundial de núcleos de hielo: una bóveda sin puertas, sin metal, sin electricidad. Solo nieve compacta, frío puro y tiempo.

A nueve metros bajo la superficie blanca e infinita de la Antártida, en un lugar donde el aire quema a -52 °C, un grupo de científicos acaba de dar un paso destinado a perdurar en la historia de nuestra civilización.

Los dos primeros núcleos —uno del Mont Blanc, otro del Grand Combin— viajaron durante más de cincuenta días por tres océanos a bordo del buque científico Laura Bassi para alcanzar su destino final: una cueva de hielo eterno excavada bajo la estación franco-italiana Concordia.

"Estos primeros núcleos proporcionan datos vitales sobre Europa durante siglos, pero su verdadero valor está en el futuro", indica Carlo Barbante, vicepresidente de la Ice Memory Foundation, quien habla con la voz entrecortada, no solo por la altitud fisiológica (3.700 metros sobre hielo compacto) sino por la emoción.

Lleva más de diez años trabajando para que este santuario sea real. Y hoy, entre vaho y cristales de hielo suspendidos en el aire, lo es.

Esta iniciativa, lanzada en 2015 y respaldada por instituciones científicas de Francia, Italia y Suiza, así como por la UNESCO y la Fundación Príncipe Alberto II de Mónaco, inaugura una era nueva: la de preservar físicamente el pasado climático del planeta para que pueda seguir siendo estudiado incluso cuando los glaciares desaparezcan.

Una cápsula del tiempo

Los núcleos de hielo son hebras verticales del pasado del planeta, algo así como los círculos en un árbol que muestran su vida. Cada capa atrapa un año, un invierno, una erupción volcánica, un incendio lejano, un episodio de contaminación que se creía moderno.

Son cápsulas atmosféricas en perfecto estado, esenciales para descifrar cómo han cambiado el clima y los patrones atmosféricos a lo largo del tiempo. Pero su existencia corre peligro, dado que los glaciares se están derritiendo a una velocidad sin precedentes.

"No sabemos todavía qué conocimiento extraordinario contienen ni quién los analizará dentro de décadas", señala Barbante.

Hacia el corazón de la Antártida

El traslado de los primeros dos núcleos ha sido una operación logística sin precedentes. La expedición salió de Trieste en octubre, cruzó el Mediterráneo, el Atlántico, el Pacífico, el Océano Austral y el mar de Ross hasta alcanzar Mario Zucchelli Station el 7 de diciembre de 2025.

El buque científico Laura Bassi durante la travesía que transportó los primeros núcleos de hielo desde Europa hasta la Antártida, en un viaje de más de 50 días a través de tres océanos. Cedida

Allí, un vuelo especial —sin calefacción en la bodega para garantizar la temperatura constante de -20 °C— trasladó los núcleos a la única base gestionada por dos países: Italia y Francia, situada a 3.200 metros de altitud. Este recorrido extremo garantizará que el archivo pueda consultarse durante siglos.

"Nuestra responsabilidad es mantener la estación en condiciones óptimas —energía, agua, mantenimiento— para que la ciencia pueda avanzar. El traslado de estos núcleos ha sido una operación delicadísima: un solo grado de variación puede comprometerlos", apunta Pierre Goe Cochea, responsable técnico de la estación Concordia (IPEV, Francia)

Un santuario sin electricidad

La Ice Memory Sanctuary no es un edificio convencional, sino una cámara excavada directamente en la nieve compacta: 35 metros de longitud, 5 metros de alto y 5 metros de ancho, situada a nueve metros bajo la superficie.

No necesita energía eléctrica ni materiales de construcción. Su estabilidad la garantiza la propia Antártida, con temperaturas naturalmente constantes.

Este diseño —concebido por ENEA y el Instituto Polar Francés (IPEV)— minimiza el impacto ambiental y cumple con el Protocolo de Madrid. La aprobación del Sistema del Tratado Antártico en 2024 certificó la viabilidad y sostenibilidad del proyecto.

La última 'biblioteca'

Desde el año 2000, los glaciares han perdido entre un 2% y un 39% de su volumen según la región y cerca del 5% a nivel global. En muchos casos, jamás se recuperarán.

Durante décadas, los datos de los núcleos de hielo han alimentado los informes del IPCC y han permitido elaborar modelos de predicción climática fiables. La diferencia ahora es que muchos de los glaciares de los que proceden esas muestras están desapareciendo.

"Cada año desaparecen 273.000 millones de toneladas de hielo, el equivalente a treinta años del consumo humano mundial de agua dulce. Esto altera ciclos del agua, producción de alimentos y economías enteras, y destruye archivos climáticos que nunca podremos recuperar", comenta Celeste Saulo, secretaria general de la Organización Meteorológica Mundial (WMO).

La Antártida estrena el primer santuario mundial de hielo. Una bóveda a –52°C que guardará la memoria climática del planeta durante siglos. Cedida

En los próximos años se espera que lleguen decenas de núcleos procedentes de los Andes, el Pamir, el Cáucaso, Svalbard y otros sistemas glaciales en riesgo.

La iniciativa forma parte de la UN Decade of Action for the Cryospheric Sciences, que impulsará un marco internacional de gobernanza para garantizar que estos archivos se gestionen como un bien común global, accesible para la ciencia futura.

"Situar el santuario bajo un marco internacional marcará una responsabilidad compartida, una existencia a largo plazo y un acceso justo para los científicos del futuro", indica Lidia Brito, subdirectora general de Ciencias Naturales de la UNESCO.

El mensaje es claro: si la memoria del hielo es patrimonio común, su protección debe ser universal. Sin fronteras. Sin apropiaciones. "Somos la última generación que puede actuar".

El príncipe Alberto II de Mónaco lo ha resumido con precisión quirúrgica: "Tenemos una responsabilidad histórica: construir un patrimonio de archivos glaciares para nuestros hijos". De ahí que la Fundación Príncipe Alberto II de Mónaco ha financiado la infraestructura del santuario. De este modo, su presidente honorífico H.S.H. Príncipe Alberto II de Mónaco deja un legado.

Una llamada a la acción

Para alcanzar su hoja de ruta —20 glaciares en 20 años— la Ice Memory Foundation lanza un llamamiento urgente para financiar nuevas campañas de perforación en glaciares en riesgo, apoyar la logística polar y ampliar la colección mientras los glaciares aún existen.

"Este santuario está listo para preservar el patrimonio glaciar del mundo. Ahora necesitamos apoyo diplomático y político para garantizar su gobernanza y su futuro", concluye Anne-Catherine Ohlmann, directora ejecutiva de la Ice Memory Foundation.