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El pasado 12 de enero Mattel anunciaba un nuevo paso en su estrategia de diversidad e inclusión con el lanzamiento de su primera Barbie con Trastorno del Espectro Autista (TEA). Sin embargo, no es la primera vez que la icónica muñeca se aleja del canon tradicional.

En los últimos años, la compañía ha presentado modelos con discapacidad, como puede ser el modelo en silla de ruedas o con prótesis, además de una muñeca ciega u otra con síndrome de Down racializada.

Ahora, la neurodiversidad entra de lleno en el universo Barbie con una figura desarrollada durante más de 18 meses junto a la Autistic Self Advocacy Network (ASAN), una organización estadounidense dirigida por y para personas autistas.

Desde Mattel defienden que se trata de un paso coherente con la evolución de la marca. Pues, asegura Jamie Cygielman, directora global de muñecas de la empresa, "Barbie siempre se ha esforzado por reflejar el mundo que ven los niños y las posibilidades que imaginan".

En una línea similar, Céline Ricaud, directora de marketing de Iberia e Italia, subrayó que "el juego tiene el poder de dar forma a la manera en que los más pequeños entienden el mundo" y que esta muñeca busca fomentar "la empatía, la inclusión y el sentimiento de pertenencia desde edades tempranas".

Particularidades

La nueva Barbie con Trastorno del Espectro Autista (TEA) incorpora decisiones de diseño pensadas para reflejar algunas experiencias habituales dentro de esta condición del neurodesarrollo.

Entre ellas, se percibe una mirada ligeramente desviada para evitar el contacto visual directo, articulaciones que permiten representar movimientos repetitivos, ropa holgada concebida desde la comodidad sensorial y accesorios como auriculares con cancelación de ruido, un spinner antiestrés o una tablet con sistemas de comunicación aumentativa y alternativa.

Una suma de elementos que, según Mattel, pretende normalizar apoyos y adaptaciones en el juego infantil.

Barbie, a examen

Para las organizaciones que trabajan directamente con personas autistas y sus familias, el gesto es relevante, aunque no exento de matices. Desde la Asociación Argadini, Paula Gimeno pone el foco en lo positivo y dan "la enhorabuena" a Mattel por este nuevo lanzamiento.

"Consideramos que todas las acciones que contribuyan a la visibilidad de las personas TEA son positivas para la sociedad", señala Gimeno.

Y es que, a su juicio, dar visibilidad "favorece la comprensión de la diversidad, de las necesidades específicas de cada persona y ayuda a eliminar falsas creencias", algo especialmente relevante cuando llega a través de un objeto tan cotidiano como una muñeca.

Mattel presenta la primer Barbie con TEA. Cedida

"Que sea Barbie quien haga este tipo de presentaciones da mucha amplitud e invita a que forme parte del día a día", añade. Eso sí, advierte de que el impacto real en términos de inclusión "es algo para lo que hay que esperar y verlo con tiempo".

Esa prudencia se repite en la Confederación Autismo España, donde Teresa González de Rivera, psicóloga del área de investigación, valora de forma positiva que una empresa con el alcance global de Mattel incorpore el autismo en una línea tan emblemática porque "contribuye a situarlo en la agenda social y a generar conversación en torno a la neurodiversidad desde edades tempranas".

Sin embargo, insiste en que el autismo "es un espectro neurobiológico muy amplio y heterogéneo", por lo que cualquier intento de representación única debe abordarse con cautela.

Y es que, por ejemplo, aunque considera acertada la inclusión de apoyos sensoriales y de comunicación y el diseño de la vestimenta, alerta de que concentrar rasgos concretos en una sola figura puede tener un efecto indeseado.

"El riesgo es que se refuerce una imagen estereotipada del autismo, cuando en realidad cada persona en el espectro es única y presenta necesidades, fortalezas y formas de interactuar muy diversas", indica González de Rivera.

Desde Fundación ConecTEA, Pedro Antonio García López comparte esa visión. "Los juguetes son una de las primeras tomas de contacto de los niños y niñas con el mundo en el que viven", explica, y por eso considera positivo que se contemple el autismo y se normalice la neurodiversidad desde la infancia.

Aun así, subraya que "el autismo es muy diverso" y que "cualquier representación única corre el riesgo de simplificar una realidad compleja". Pues, insiste, "no hay dos personas iguales".

La cuestión de hasta qué punto estos juguetes trabajan por la inclusión real también genera consenso. Para González de Rivera, estas iniciativas pueden ayudar a la visibilización "especialmente si se acompañan de información adecuada y mensajes que destaquen la diversidad de perfiles existentes", pero no son suficientes por sí solas.

Una niña con diferentes modelos de las muñecas de Barbie. Cedida

"No garantizan inclusión real si no van acompañadas de cambios estructurales, educativos y sociales que aseguren derechos, apoyos y participación plena", remarca.

Por su parte, la Fundación Ángel Rivière aporta otro matiz al debate. Su coordinador, Luis Miguel Aguilar Pérez, destaca que cualquier iniciativa que dé a conocer el TEA "sigue siendo una buena noticia" porque "a día de hoy continúa siendo un espectro muy desconocido".

Señala, además, la importancia de que la muñeca represente a una mujer adulta, ya que "contribuye a que el mito del niño autista se desvanezca poco a poco" y ayuda a visibilizar una realidad que va más allá de la infancia.

Sin embargo, relativiza su impacto como referente directo para los más pequeños que padecen esta condición. "Las personas TEA tienen dificultades con la simbolización y la representación", explica, por lo que no siempre jugarán con la muñeca de la forma que se presupone.

En cuanto a la capacidad de este tipo de juguetes para combatir estereotipos y prejuicios, las organizaciones coinciden en que el potencial existe, pero depende del contexto.

García López señala que, aunque toda representación es en cierto modo una simplificación, "el juego es un espacio fundamental para el aprendizaje social" y contar con referentes diversos puede ayudar a construir actitudes de respeto si se hace de forma cuidadosa y realista.

Aguilar apunta en la misma dirección y sitúa el foco en la escuela, donde la muñeca podría convertirse en una herramienta de sensibilización "si se acompaña de historias, cuentos y otras medidas que ayuden a contextualizarla".