Raquel Nogueira
Publicada

En 2024 la Tierra cruzó un umbral simbólico: la temperatura media global superó, durante todo un año, los 1,5 °C por encima de los niveles preindustriales por primera vez, según el servicio europeo Copernicus y la Organización Meteorológica Mundial (OMM).

Los expertos esperan, a falta de confirmación oficial, que 2025 se situará entre el top cinco de los récords de calor.

Y es que, hasta el momento, el período entre 2015 y 2024 constituye ya la década más cálida jamás registrada, con cada uno de esos años entre los diez más cálidos de la serie.

Aunque el calentamiento de la Tierra a largo plazo se sitúa todavía en torno a 1,3 °C, lejos de hacer saltar las alarmas sólo en los gráficos, se manifiesta en forma de fenómenos muy concretos: un océano más agitado, un Ártico con menos hielo y episodios de calor extremo que redefinen cómo se vive y se trabaja, también en España.

Caos marino

El océano absorbe la mayor parte del exceso de calor generado por los gases de efecto invernadero. De ahí que el último informe de Copernicus sobre su estado, publicado el año pasado, indique que en 2024 la temperatura marina volvía a batir récords.

En concreto, la media de la superficie del mar alcanzó por primera vez los 21 °C en primavera a escala global.

Pero el calor no es lo único que afecta a las masas acuáticas del planeta: la subida acumulada del nivel del mar desde 1901 ronda ya los 23 centímetros, y la velocidad actual de ascenso se sitúa en torno a los 4,3 mm anuales en la última década, un tercio más rápido que la de los años noventa.

Ese océano más cálido y elevado es el escenario sobre el que se forman las olas. No es de extrañar, por tanto, que los satélites de la Agencia Espacial Europea y Copernicus muestren cambios en los patrones de oleaje.

En concreto, han registrado un aumento de la altura de las olas, especialmente en latitudes altas y en el océano austral, donde las tormentas encuentran más energía disponible.

Asimismo, varios estudios recientes apuntan a un incremento de las olas extremas en varias cuencas de todo el mundo y advierten de que los temporales costeros tenderán a ser más dañinos al combinarse con un nivel del mar más alto.

Deshielo ártico

Las temperaturas del Ártico entre octubre de 2024 y septiembre de 2025 fueron las más cálidas registradas desde 1900, y el grosor del hielo marino alcanzó mínimos históricos en 2025.​

Esta tendencia, que lleva sucediéndose en los últimos años, ha hecho que la comunidad científica haya ya lanzado una alerta: el Ártico podría quedarse sin hielo por primera vez a finales de agosto o principios de septiembre en esta década.

Asimismo, los glaciares del Ártico escandinavo y de Svalbard habrían sufrido entre 2023 y 2024 la mayor pérdida anual de hielo jamás registrada, según el informe que elabora cada año la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA, por sus siglas en inglés).

El punto caliente del Mediterráneo

El Ártico se derrite, la temperatura oceánica sube y la región mediterránea se presenta como una de las más sensibles al calentamiento global.

El Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) calcula que la temperatura media mediterránea ya ha subido alrededor de 1,5 °C respecto a la era preindustrial, con un incremento claro de los episodios de calor extremo y con un aumento de la frecuencia de los fenómenos extremos, como las danas.

España ilustra bien ese patrón. El informe de AEMET sobre el estado del clima en 2024 confirma que fue el tercer año más cálido de la serie histórica, sólo por detrás de 2022 y 2023. La temperatura media de la región del Mediterráneo se situó en 15,1 °C, más de un grado superior que en el periodo de referencia 1991‑2020.

Asimismo, los 11 años más cálidos registrados en España han tenido lugar en este primer cuarto de siglo: sólo en 2025 se produjeron tres olas de calor y ninguna de frío, como ya sucediera en 2024.

De ese año, además, AEMET destaca que el 62% de los días fueron más cálidos de lo normal y que se batieron 31 récords de días cálidos, frente a ningún récord de frío. En 2025, a la espera del análisis de los datos finales, habría habido al menos 25 días en los que las máximas para esa época se habrían superado con creces.

Estos datos encajan con las proyecciones del IPCC para la región mediterránea, que prevén más olas de calor, sequías agrícolas e hídricas más severas y un aumento del riesgo de incendios con el avance del calentamiento, así como un fuerte incremento de la mortalidad asociada al calor si no se refuerzan las medidas de adaptación.

En la práctica, esto ya se traduce en cambios en horarios laborales y escolares, más demanda de aire acondicionado y tensión sobre los sistemas eléctricos y los recursos hídricos, además de impactos sobre cultivos sensibles al calor y sobre la salud, especialmente de mayores, niños y trabajadores al aire libre.