Meron Desaleg tiene nueve años y vive en la comunidad de Farawocha, en Boloso Bombe, al sur de Etiopía. La pobreza ha obligado a sus hermanos mayores —ella es la quinta de ocho— a abandonar la escuela para trabajar.
No es raro. Muchas de las niñas de su comunidad se ven forzadas a casarse aún siendo adolescentes y los niños tienen que migrar a la capital en busca de empleo.
El informe del Departamento de Trabajo de EEUU sobre las peores formas de trabajo infantil en Etiopía, publicado en 2023, asegura que al menos 200.000 menores viven y trabajan en las calles del país, y un millón adicional está en riesgo.
Asimismo, 3,6 millones de pequeños no pueden acceder a ningún tipo de educación debido a conflictos armados o desastres naturales. Esto agrava una situación que lleva a que más de 19,9 millones de mujeres y niñas etíopes se hayan casado antes de los 18, según UNICEF.
Precisamente por la situación que vive Etiopía, el caso de Meron es inusual: ella sigue yendo a la escuela a diario. Su sueño es convertirse en enfermera, y pretende estudiar duro para conseguirlo.
Meron y Tagesech.
Su madre, Tagesech, la apoya desde la cooperativa de ahorro y crédito puesta en marcha en su comunidad por Ayuda en Acción. Allí aprendió educación financiera, multiplicó sus ahorros, accedió a pequeños préstamos para emprender y descubrió la importancia que tiene la escuela en el futuro de su hija.
Transformar la sociedad
Este es sólo uno de los programas que Ayuda en Acción desarrolla en Etiopía, y que no serían posibles, según la oenegé, sin el compromiso de los padrinos.
"El apadrinamiento no decora: transforma. Cada niño o niña que puede seguir estudiando es una luz que permanece encendida", destaca la organización, que estas Navidades ha buscado impulsar este tipo de iniciativas.
Una de las principales misiones de la entidad en el país es reducir las barreras que impiden a las niñas acceder y permanecer en el sistema educativo. Además de promocionar la cultura de paz en una nación devastada por la guerra.
Una escuela etíope.
Para ello, como ya se explicó en ENCLAVE ODS, involucran, además, al profesorado, las autoridades educativas, los padres, las madres y los líderes comunitarios en la educación de los más pequeños.
Porque, a pesar de que el conflicto haya acabado, como indica Ayuda en Acción, este sigue leyéndose "en los tanques que salpican el paisaje, las infraestructuras dañadas y los carteles de las minas antipersona".
Y añade: "Permanece su marca en las escuelas que fueron usadas por ambos bandos como hospitales y refugios. Los techos y paredes aún muestran el impacto de los ataques con mortero y falta mucho mobiliario que fue utilizado para hacer fuego".
Educación vital
Los estragos de la guerra y la crisis climática que vive Etiopía han dejado a más de 9 millones de niños fuera de la escuela, según UNICEF y el Education Cluster, el pasado 2025. Esto representa más del 35% de la población en edad escolar y tres veces más menores que en 2022.
Los hermanos de Misganu Kassa, de ocho años, son algunos de esos jóvenes que no pueden ir a la escuela. Él —el séptimo de diez hermanos— es el único varón que aún vive con sus padres. El resto tuvo que migrar buscando trabajo en las ciudades de Oromía y Adís Abeba antes de cumplir la mayoría de edad.
Misganu, en la escuela.
Misganu, como Meron, ha podido empezar a estudiar en el centro preescolar construido por Ayuda en Acción en Farawocha. Esta es, dice la oenegé, "su primera oportunidad real de aprender y jugar como cualquier niño".
Pero la educación no sólo transforma la vida de los niños, sino la de sus familias. Y un ejemplo claro son las madres de Misganu y Meron. Ambas forman parte del programa de Ayuda en Acción que, a través del apadrinamiento, financia las escuelas y las cooperativas de ahorro.
Las dos contribuyen ahora a la economía doméstica, han accedido a préstamos y han podido emprender en la venta de harina, café y areke, un licor casero local. Asimismo, han podido mejorar sus casas, lo que mejora la vida de toda la familia.
