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Aunque la tentación de adquirir un móvil a precio irrisorio que imita a los grandes referentes del mercado es muy grande, estos equipos suelen traer un coste oculto en forma de malware imborrable.

Una exhaustiva investigación de la firma de ciberseguridad Bitdefender ha revelado la presencia de software malicioso preinstalado en miles de dispositivos Android de gama de entrada y réplicas de modelos premium, como los Galaxy Ultra.

Se trata del malware denominado Midnight Mimosa. A diferencia de las infecciones tradicionales, este no requiere que el usuario cometa el error de descargar un archivo dudoso, ya que viene profundamente arraigado en el código base del dispositivo antes de que este salga de su caja.

Este software malicioso se camufla de manera sofisticada adoptando nombres que simulan ser procesos vitales del sistema operativo.

Al mimetizarse con la arquitectura de Android, logra evadir los controles de las herramientas antivirus convencionales y comienza a operar en la sombra desde el mismo instante en que se enciende el terminal.

Una vez que el sistema arranca, Midnight Mimosa convierte al hardware en un motor de ingresos fraudulentos.

El código ejecuta ventanas y procesos invisibles para mostrar publicidad en segundo plano, consumiendo recursos sin que el propietario perciba actividad alguna en su pantalla.

Concepto de malware en Android. EE

Sin embargo, el fraude publicitario es solo la primera fase. Los analistas advierten que esta vulnerabilidad forjada en la cadena de suministro deja una puerta trasera completamente abierta, otorgando a los ciberdelincuentes la capacidad de tomar el control total del teléfono o de reclutarlo para ejecutar ataques masivos en red.

El alcance geográfico de esta infección subyacente abarca más de 150 países, impactando principalmente a equipos económicos equipados con procesadores MediaTek.

Las estadísticas de la investigación sitúan a México como la región más vulnerable, acumulando el trece por ciento de los dispositivos afectados, seguido muy de cerca por los mercados de Estados Unidos y Canadá.

Todo el rastro de la infección apunta hacia los eslabones más opacos de la cadena de fabricación asiática, con intermediarios corporativos señalados como responsables de inyectar el código durante el ensamblaje.

La ramificación de esta amenaza llegó incluso a rozar los canales oficiales, logrando colar 13 aplicaciones infectadas en la Google Play Store.

Aunque el equipo de seguridad de Google ya ha rastreado y eliminado estas aplicaciones de su catálogo, el episodio subraya una lección vital sobre el hardware.

Mientras que el ecosistema certificado cuenta con corporaciones capaces de lanzar parches y eliminar amenazas a distancia, los compradores de teléfonos clonados quedan en una situación de abandono absoluto.

Sin soporte técnico ni actualizaciones de seguridad legítimas, se enfrentan a un dispositivo que lleva el peligro grabado en su propio ADN, haciendo que la eliminación del virus sea una tarea técnicamente imposible.