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En el monasterio de La Rábida, donde se respira la brisa del Atlántico, Cristóbal Colón halló el apoyo necesario para acceder a los Reyes Católicos y hacer posible esa navegación hacia un mundo desconocido por los europeos. Con el paso de los siglos, pervive el valor simbólico de esa localidad onubense en las relaciones iberoamericanas. Así, no fue casualidad que el pasado junio acogiera el lanzamiento de una iniciativa que contribuirá a fortalecer los lazos a ambos lados del océano.

En el Foro Iberoamericano de La Rábida se celebró la I Reunión del Programa de Rutas e Itinerarios Culturales Iberoamericanos. Con esta iniciativa, la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI) pretende definir los criterios para la certificación de rutas e itinerarios culturales en la región iberoamericana, cuyo patrimonio cultural compartido la hace idónea para este tipo de proyectos.

La OEI cuenta con el apoyo de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), así como del Ministerio de Cultura, a través del cual España ejercerá la presidencia pro tempore del programa hasta 2028 -la vicepresidencia está en manos de Bolivia-. Ángeles Albert, directora general de Patrimonio Cultural y Bellas Artes de dicho ministerio, será la responsable del programa, el primero de este tipo que se crea en la región iberoamericana.

En declaraciones a El Cultural, Albert subraya que el Programa de Rutas e Itinerarios Culturales Iberoamericanos (PRICI) “es una iniciativa de cooperación intergubernamental impulsada por la OEI con el propósito fundamental de promover la cooperación y fortalecer las políticas públicas y la articulación institucional en el ámbito cultural de Iberoamérica, fomentando el desarrollo sostenible, la cohesión social y la promoción de la cultura a través de la creación y gestión de rutas e itinerarios culturales como metodología de trabajo y aplicación en los territorios”.

La funcionaria añade que el Ministerio de Cultura al que representa “trabaja activamente con la OEI en el establecimiento de las líneas de actuación, de alianzas estratégicas, de los grupos de trabajo y promueve el desarrollo del programa para favorecer la implementación del plan de trabajo y el cumplimiento de sus objetivos”.

“La esencia del PRICI”, continúa Ángeles Albert, “radica en su compromiso con la Carta Cultural Iberoamericana (CCI) y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), reconociendo la cultura como un pilar fundamental para el progreso regional”.

El atractivo de las Rutas e Itinerarios Culturales Iberoamericanos para los países de la OEI quedó patente con la alta presencia de sus miembros en el mencionado encuentro en La Rábida. Según Albert, participó “prácticamente el conjunto de los países iberoamericanos, lo que indica un interés y un gran éxito de acogida”. La presidenta del programa PRICI destaca el trabajo de Perú y México, “muy activos en la materia y con proyectos ya desarrollados”.

Durante la formalización del programa en Huelva participaron rutas ya existentes en la región de México, Colombia, Paraguay o República Dominicana. OEI

Ejemplo de esos proyectos, en el caso de Perú, es la ruta cultural del Camino Principal Andino -caminos preincaicos e incaicos existentes en territorio peruano y también en países vecinos-. En México cuentan con el Camino Real de Tierra Adentro, que sigue la antigua ruta por la que, en el periodo virreinal, se transportaba la plata extraída de las minas de Zacatecas y San Luis Potosí hacia el norte. Existen también itinerarios histórico-culturales similares en otros lugares de América, como la Ruta de las Misiones, que recorre Argentina, Paraguay y Brasil.

Sin embargo, no solo encontramos rutas de este tipo en territorio americano, sino también en el europeo, que ofrece al PRICI un espejo en el que mirarse. Es el caso del Programa de los Itinerarios Culturales del Consejo de Europa, en el que el ministerio español de Cultura tiene una importante presencia. “La experiencia española en el Programa de los Itinerarios Culturales del Consejo de Europa es una de las aportaciones más relevantes que España puede trasladar al programa. El primer itinerario cultural certificado fue el Camino de Santiago en el año 1987. España cuenta con casi cuatro décadas de experiencia institucional, gestión de redes y metodologías desarrolladas en el ámbito europeo, además, en la actualidad tiene 32 rutas certificadas de un total de 52”, explica Ángeles Albert.

Las rutas e itinerarios culturales que nazcan al amparo del PRICI no deben tener obligatoriamente “un principio y un final específicamente definido”. Albert aclara que “son rutas patrimoniales de investigación sin una linealidad geográfica estricta”. Así, cita como ejemplo uno europeo que trasciende el Viejo Continente y alcanza el Nuevo Mundo.

“En el caso del Programa de Itinerarios Culturales del Consejo de Europa hay varias rutas con participación española que tienen socios y trabajan con países de Iberoamérica, como, por ejemplo: la Ruta de la Trashumancia, con presencia de países como Guatemala y México. Así mismo, el programa fomenta la colaboración y trabajo conjunto entre rutas, por ejemplo, actualmente, dos rutas tan reconocidas como El Camino de Santiago y el Qhapac Ñan están trabajando en un proyecto de formación internacional e intercambio de experiencias”.

Raphael Callou (OEI), Santiago Herrero (AECID), David Toscano (Diputación de Huelva) y Ángeles Albert (Ministerio de Cultura), en la la I Reunión del Programa de Rutas e Itinerarios Culturales Iberoamericanos. OEI

Albert recalca que la experiencia de España en las rutas del Consejo de Europa “constituye una referencia para construir el modelo iberoamericano de reconocimiento y certificación”.

¿Y cuáles serán los criterios que definan la certificación de las rutas e itinerarios culturales iberoamericanos? Albert indica que “la red o asociación gestora a cargo de la presentación de la candidatura deberá preparar un expediente de aplicación que aporte una descripción detallada del valor cultural, histórico y turístico de la ruta o itinerario cultural, así como su aportación específica a los objetivos del Programa PRICI en materia de democracia, diversidad cultural y diálogo intercultural”. Próximamente, la OEI prevé el lanzamiento de la convocatoria formal para que las entidades interesadas puedan formar parte oficial de este programa pionero en la región.

Son varios los ámbitos de acción prioritarios que el programa define para emitir la certificación. Entre otros, Cooperación en Investigación y Desarrollo, Valorización de la Memoria, la Historia y el Patrimonio; Paisaje Cultural, Desarrollo y Turismo Cultural Sostenible. Albert especifica que las propuestas que se presenten deberán enmarcarse “en al menos tres” de dichos ámbitos. La certificación también dependerá de “cuestiones como alcance geográfico, estatus jurídico, marco conceptual y temático, vinculación universitaria, viabilidad financiera y organizativa y gobernanza democrática”.

Albert apunta que el PRICI “está desarrollando criterios, parámetros e indicadores propios para certificar rutas e itinerarios culturales en Iberoamérica, adaptados a la diversidad de la región”. Concretando más, especifica que el programa “incorpora rutas gastronómicas, paisajísticas, de memoria, de patrimonio natural y vinculadas a prácticas culturales vivas”. De esta forma, no se limita únicamente “a grandes caminos históricos”, sino que “amplía el concepto de ruta cultural”.

Foto de familia de la I Reunión del Programa de Rutas e Itinerarios Culturales Iberoamericanos, celebrada en La Rábida. OEI

La alto cargo del Ministerio de Cultura resalta que el modelo introducido por la OEI “incorpora patrimonio material, inmaterial y natural. El propio manual del PRICI plantea criterios adaptados a esta diversidad. El objetivo es conectar administraciones, universidades, comunidades, gestores de patrimonio y otros actores para compartir conocimiento y desarrollar proyectos conjuntamente”.

Además, “el programa introduce mecanismos de gestión y evaluación lo que favorece la calidad, la sostenibilidad y la profesionalización en torno a las Rutas. El PRICI trata de favorecer un sistema en el que puedan encajar y cooperar las rutas existentes y futuras. Así mismo, el programa introduce una certificación iberoamericana específica”.

De acuerdo con Albert, el PRICI “se constituye en una plataforma estratégica de trabajo que actuará en torno a una estructura de gobernanza, un marco legal definido y un modelo de financiación flexible, todo ello con el fin de promover el intercambio, el desarrollo y la integración regional a nivel regional”.

En cuanto a su alcance geográfico, “las rutas, para ser certificadas, deberán involucrar una o varias regiones dentro de un país, o bien poseer carácter transnacional o transfronterizo, reflejando el ámbito continental en la región iberoamericana”.

Entre los participantes en la presentación del PRICI en el Foro Iberoamericano de La Rábida estuvo Raphael Callou, director general de Cultura de la OEI, quien subrayó el “marco común iberoamericano” que se establece por primera vez para el “reconocimiento, desarrollo y certificación de rutas e itinerarios culturales”. La iniciativa favorece “el desarrollo sostenible de los territorios, la participación de las comunidades y una mayor integración cultural iberoamericana a partir de nuestra historia, de nuestra diversidad y de nuestros valores comunes”, subrayó Callou.

En 2027, “previsiblemente en abril”, según Ángeles Albert, México tomará el testigo de La Rábida y acogerá la segunda reunión presencial del PRICI. Dicho encuentro “supondrá un espacio para el intercambio de información, prácticas y de seguimiento y desarrollo del programa”.