Marcos de Quinto, durante un mitin de Cs, este sábado.

Marcos de Quinto, durante un mitin de Cs, este sábado. Efe

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Marcos de Quinto, el empresario que nunca temió mojarse, se tira a la piscina política

Marcos de Quinto no sorprende a nadie con su entrada como número dos por Madrid en las listas de Ciudadanos. Al menos no a nadie que haya pasado la última década, más o menos, leyendo su cuenta de Twitter y viendo cómo ha ido comentando los vaivenes de la política y la sociedad españolas.

De Quinto siempre ha sido un vividor en el mejor sentido. Le gustan su mujer, la soprano Angélica de la Riva, la poesía, el deporte, el desierto, hacer vino o miel… Pero también ha sido un individuo preocupado por la situación social del país que denunció siempre que tuvo ocasión la corrupción, que alentó los movimientos sociales del 15M y que sufrió una enorme decepción con Podemos, el partido que capitalizó a los indignados.

Los últimos grandes pasos profesionales de De Quinto (Madrid, 1958) fueron liderar el marketing mundial de Coca-Cola desde Atlanta y ocupar el cargo de asesor personal de James Quincey, presidente y CEO del coloso global de los refrescos. Antes, había pasado casi quince años liderando la filial ibérica de la compañía.

Después, vivir bien y con coherencia antes de dar el salto a la política. Lo de la coherencia no lo escribimos por casualidad. Cuando en su puesto de consejero de Telepizza le hablaron del gran acuerdo con Pizza Hut, prefirió dejar la compañía que asumir un acuerdo que no le parecía positivo para la compañía. Cuando la pizzera dijo que era por “motivos personales”, la CNMV la puso firme. No se había ido por eso, sino por principios.

De Quinto, licenciado en Economía por la Universidad Complutense de Madrid, llevaba en Coca-Cola desde 1982, como parte del equipo de marketing. En los 90 ocupó esta responsabilidad en el Sudeste Asiático y Alemania.

Tras su aterrizaje en el partido de Rivera, no han faltado quien ha intentado manchar su figura. Le llaman “antifeminista” y le responsabilizan del ERE de la embotelladora de Coca-Cola.

Feminismo, Twitter y ERE

Lo primero es absurdo. De Quinto considera que cuestiones como el feminismo o el cambio climático son “incuestionables y transversales”. Lo que no le gusta es que “los profesionales de la revolución” encajen en dichas causas su agenda, “la que nadie ya les compra, esa que pide nacionalizar banca y eléctricas…”

Siempre ha defendido su actividad social en Twitter, red en la que cuenta con cerca de 40.000 seguidores. “Para mí Twitter es como ir a un bar y hablar con la gente, forma parte de mi vida personal”, dijo en una entrevista. Ya en 2011 decidió que sería así y que se quedaría en la “tierra de Twitter”.

Consideraba que esta red social cambiaría nuestra forma de comunicarnos porque “implica pensar lo que se va a decir, condensar la idea y hacerlo con rapidez”. Trump ganó las elecciones pocos años después apalancándose en la popularidad alcanzada en dicha red.

Eso no quiere decir que todo le gustase. En una ocasión comparó Twitter con el bar de "Star Wars": “alguna gente con nombre y cara y el resto o no sabes si son quien dicen ser, o ni lo dicen”. “Yo en Twitter instauraría un carnet por puntos y al que los perdiera por maleducado, le obligaría a hacer un cursillo para recuperarlos”, bromeaba en 2014, cuando arreciaban las críticas en su contra por el ERE en Coca-Cola Iberian Partners.

Fue un año complicado. En él, defendió los motivos de la compañía embotelladora recién fusionada, que presta servicio a la estadounidense en España, Portugal y Andorra. Pero también insistió siempre que pudo en su solidaridad con los trabajadores y en que no eran la misma compañía. El ERE no era de la propia Coca-Cola sino de un socio, una compañía “prima hermana”.

De Quinto ha sido siempre un enemigo de la corrupción. Ha zurrado a todos los partidos hasta en el cielo del paladar y no ha dudado en saltar ante todas las injusticias posibles. Un ejemplo: el directivo pidió "auditar todas las universidades públicas”, especialmente “todos los procesos internos”, porque “la ausencia de controles externos propicia el chanchulleo y el enchufismo”.

Lo hizo poco después del escándalo de Cristina Cifuentes, pero no era una inquietud nueva. Durante años ha pedido poner al nivel unas unidades españolas que “ni aparecen en los rankings internacionales mientras que el mercado laboral se globaliza”.

Enemigo del postureo, ha defendido una gran alianza constitucionalista entre PP, PSOE y Ciudadanos y ha dejado claro que no le gusta “que los votos de Vox sean los que inclinen el cambio en Andalucía”. Eso sí, ha reconocido que al menos el partido de Santiago Abascal “no tiene terroristas ni golpistas en sus listas” y ha lamentado la foto en la que representantes de PSOE, PNV o Podemos “han blanqueado al exconvicto Otegui en Nochebuena”.

Nótese que De Quinto no está en política para forrarse porque, en realidad, ya está forrado. En un mundo en el que apenas existen incentivos para que los empresarios puedan captar talento de la sociedad civil, Ciudadanos ha reclutado a uno que, en realidad, no necesita más incentivos que el demostrar, ahora con hechos, lo que lleva años denunciando con palabras. Tampoco le ha faltado sentido de la oportunidad en el momento del anuncio: dos días después de las elecciones, el 30 de abril, publica su libro Notas desde la Trinchera con Planeta.

Lo que la experiencia empresarial de De Quinto deja claro, eso sí, es que no se quedará en este partido si no está a la altura de sus expectativas. Igual que no se quedó en Telepizza cuando la compañía hizo algo que no le gustaba, Rivera ha apostado fuerte por alguien que no le perdonará al partido que se aparte de lo que él considera justo.

Porque la capacidad de ser coherente es, quizá, lo más importante que se puede comprar con dinero. Él mismo lo tuiteaba en 2011: “La integridad y la coherencia te dan ‘paz interior’, pero a veces conllevan la ‘incomodidad exterior’. Un precio que sale a cuenta pagar”.