Emilio Saracho, en el centro, nuevo presidente del Banco Popular. A la izquierda, Ángel Ron y, a la derecha, el consejero delegado Pedro Larena.

Emilio Saracho, en el centro, nuevo presidente del Banco Popular. A la izquierda, Ángel Ron y, a la derecha, el consejero delegado Pedro Larena.

Empresas Minoritarios con poco margen de maniobra

Saracho arranca en el Popular con el consejo deslegitimado por los accionistas

Los minoritarios piden una purga real para cambiar la estructura de control del banco.

Juan Carlos Martinez

La mayoría de los 27 accionistas minoritarios que alzaron la voz para criticar, en la junta extraordinaria, la gestión de Ángel Ron como presidente saliente del Banco Popular, entienden que la responsabilidad debería ser extensible al resto del consejo.

“Deberían dimitir todos y seguir solo Saracho, Larena y Ruiz Sacristán”, decía el accionista Ángel Cereceda, salvando así solo a los últimos en llegar. Unas horas después se pudo comprobar que los consejeros no se dieron por aludidos. No hubo dimisión alguna en el primer consejo presidido por Emilio Saracho.  

Otro pequeño accionista, José Manuel Galeote, representante de los tenedores de obligaciones, iba más lejos. “Mientras no se haga una purga real, estaremos en las mismas”, para ahondar en las críticas hacia la actual estructura accionarial del banco, controlado por el núcleo duro de la Sindicatura de Accionistas. “Hay que actuar contra el consejo que ha dilapidado mis ahorros desde 2007”, clamaba Manuel Caso.

"Echar a los que había que echar"

Un aspecto, el de aunar esfuerzos entre los accionistas, que fue apuntado por varios de ellos. El primero en hacerlo, el empresario Félix Revuelta, el presidente de Naturhouse, quien comentaba, tras reconocer que había perdido más del 90% de los 60 millones invertidos en el banco, que “los accionistas no hemos sabido asociarnos, hemos estado callados” y, por ello, decía, “debemos poner coto a esta sarta de cosas, buscar un grupo fuerte de accionistas y echar a los que había que echar”.

No obstante, el asunto resultará casi imposible de llevarse a cabo, como se trasluce del resultado de las votaciones de los puntos del orden del día de la junta, aprobados por amplísima mayoría, superior en todos los casos al 90% de los casi 23.500 accionistas, representativos del 51,75% del capital que, presentes o representados, votaron en la junta. Y, algún que otro accionista, a la vista de estos resultados, se resignaba a comentar que “todo seguirá igual. Por mucho que nos uniéramos nunca podremos enfrentarnos al poder del consejo y de la Sindicatura”, se  lamentaba Antonio Almarza.

Las críticas a las innumerables ampliaciones de capital llevadas a cabo - “hasta 47 en 8 años enumeraba Miguel Ángel Vázquez, el primer minoritario en intervenir en la junta-, y las causantes de que la mayoría se quejara de la ruina a la que se han visto abocados, fueron constantes.

¿Quién hubiera ido a la última ampliación con pérdidas de 3.500 millones?

Alguno, como José Manuel Galeote, no tuvo reparo en señalar que ningún accionista hubiera ido a la última ampliación -la de 2.500 millones de junio de 2016- ”si nos dicen que seis meses después iban a perder 3.500 millones”.

En respuesta a toda estas críticas, relativas a la vertiginosa pérdida de valor de los títulos, el vicepresidente Roberto Higuera -que presidió la histórica junta ante la espantada de Ron- reiteraba en varias ocasiones que “todos lamentamos que hayan perdido todos sus ahorros, pero ya se sabe que en el mercado de renta variable hay riesgos”.

A partir de aquí, las dudas banco versaron sobre el futuro del banco. Algunos quisieron ver el futuro con cierto optimismo, como Damián García, quien solo ve como amenaza una nueva ampliación. “El banco no lo necesita y solo beneficiaría a los bajistas que ya se frotan las manos con insana satisfacción”. Tampoco cree que que deba suprimirse el proyecto Sunrise. Solo aplazarlo si en este momento no se dan las condiciones para sacarlo adelante.

"Estamos en la ruina. Esto no lo levanta ni San Pedro"

Otros, en cambio, no escondían su pesimismo. “Estamos en la ruina. Esto no lo levanta ni San Pedro”, comentaba Ángel Cereceda, mientras que Antonio Ramos cree que “si en lugar de un banco fuéramos otra empresa, hace ya tiempo que hubiéramos tenido que echar la persiana a la vista del balance”. Y, aun así, “el tiempo se agota y hay que hacer algo porque, si no, esta entidad se encamina hacia su liquidación”.

En la respuesta a todos los accionistas, Higuera defendió a Ron por los servicios prestados y que cobre la pensión. “La pensión no se la ha ganado en el último año. Se la ha ganado durante todo el tiempo que ha trabajado. Es un derecho adquirido. Tiene derecho a ella”.