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Carlos Alcaraz sigue recuperando sensaciones sobre la pista. Tras pasar más de cuatro meses en el dique seco y su caída en los cuartos de final del US Open, el estreno del murciano en el ATP 500 de Tokio se certificó con una victoria más sufrida de lo esperado frente a Alex Michelsen (7-6, 4-6, 6-1).

Fue un encuentro de altibajos en el que el español no logró mostrar su versión más brillante hasta que vio las orejas al lobo. El primer parcial fue una auténtica batalla que Alcaraz solo pudo decantar a su favor en la muerte súbita del tie-break.

Sin embargo, cuando parecía tener el billete a octavos en el bolsillo tras encarrilar la segunda manga con un 4-2 y servicio, se produjo un apagón. Los errores no forzados le llevaron a ceder su saque en varias ocasiones, perdiendo el control del parcial, entregando el set y dándole alas al número 34 del mundo.

Ante este escenario, y con el riesgo real de meterse en un atolladero irremediable en la manga definitiva, Alcaraz tiró de oficio y madurez táctica para evitar el desastre. El vigente campeón supo mantener la cabeza fría, ajustó la velocidad de sus golpes y encontró refugio en su derecha para frenar la inercia del estadounidense, demostrando que su gen competitivo sigue intacto para salvar la papeleta justo a tiempo.

De esta forma, comenzó con buen pie, aunque con sobresaltos, su defensa del trono en el cemento japonés. La hoja de ruta pasa por seguir engrasando la maquinaria progresivamente, en un cuadro donde el avance hacia la final no debería convertirse en un camino de espinas.

Su próximo obstáculo será Matteo Arnaldi en los octavos de final, a sabiendas de que un rival de la talla de Alejandro Tabilo o Shapovalov le aguardaría como posible oponente en unos hipotéticos cuartos.

Montaña rusa

Pocas veces Alcaraz se ha visto las caras con un tenista más joven para él. Michelsen, de la generación 2004, propuso una batalla de tú a tú en la que aguantó en pie durante 2 horas.

Al norteamericano se le escapó la primera manga en el tie break después de aprovechar los errores no forzados del murciano y fue capaz de reaccionar en el segundo set cuando todo el pescado parecía vendido.

Con 4-2 abajo, firmó un break impecable que dio alas y le hizo ganar después tres juegos seguidos para apuntarse el set e igualar el partido. Un golpe de autoridad que resonó en la cabeza de un Alcaraz totalmente desconectado.

Sin embargo, el zarandeo que sufrió en los últimos compases del set provocó la reacción del español. Sin fisura, rompió dos veces el saque de Michelsen para poner el 4-0 y caminar con tranquilidad hacia el triunfo. Pudo completar el rosco, pero el norteamericano ganó al menos un juego de consolación que dejó el marcador final en 6-1.