Carlos Serrano
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Hablar del tenis español en la actualidad pasa, inevitablemente, por Carlos Alcaraz. A sus 23 años, el tenista de El Palmar (Murcia) ya ocupa un lugar privilegiado en la historia del deporte nacional. Cuatro Grand Slam y una colección de títulos y reconocimientos avalan una carrera que, pese a su juventud, acumula ya una dimensión propia de las grandes figuras.

A Carlitos, como le conocen en su entorno más cercano, parece no haberle puesto límites la pista. El murciano continúa ampliando un palmarés al alcance de muy pocos y afronta ahora un nuevo desafío en el circuito. Después de un periodo alejado de la competición por una lesión de muñeca, su regreso vuelve a situarle bajo los focos.

Pero antes de convertirse en una de las grandes estrellas del tenis mundial, Alcaraz tuvo que tomar una decisión que muchos deportistas de élite terminan afrontando: dejar a un lado los estudios para centrarse por completo en su carrera deportiva.

El camino académico suele presentarse como la opción natural después del Bachillerato. Sin embargo, para quienes comienzan a competir al máximo nivel desde muy jóvenes, compaginar ambas facetas puede convertirse en una tarea prácticamente imposible.

El murciano tomó esa decisión hace años. En 2021, reconocía en una entrevista concedida al diario AS que había puesto punto final a su etapa académica tras completar el Bachillerato.

"Me saqué el segundo de bachiller y ahí lo dejé. De momento, no voy a estudiar una carrera. Aunque no es por falta de tiempo, siempre hay tiempo si de verdad quieres hacer lo que buscas", explicaba entonces.

Carlos Alcaraz, en el US Open. EFE

La exigencia del deporte profesional terminó inclinando la balanza. Viajes constantes, torneos y largas jornadas de entrenamiento dejaban poco espacio para continuar con su formación.

Para Alcaraz, además, no tenía sentido añadir una nueva obligación a una agenda ya marcada por la competición. "Para mí sería muy sacrificado tener que estudiar también en los viajes. Lo veo complicado en este momento y personalmente no he querido seguir", señalaba.

Cinco años después, aquella decisión parece haber quedado plenamente justificada por los resultados. Alcaraz ha construido una trayectoria meteórica y se ha consolidado entre los nombres más importantes del tenis internacional. Un éxito que, sin embargo, no parece haberle alejado de sus raíces.

Porque detrás del campeón está también la familia. En un deporte en el que la fama puede transformar rápidamente la vida de un joven, los Alcaraz han desempeñado un papel fundamental para mantener los pies en la tierra. Especialmente sus hermanos, a quienes el propio tenista atribuye buena parte de esa competitividad que le ha acompañado desde niño.

Carlos es el segundo de cuatro hermanos: Álvaro, su hermano mayor y también segundo entrenador dentro de su equipo profesional; Ángel y Jaime. Todos ellos forman parte de ese núcleo familiar al que el tenista se ha mantenido estrechamente ligado pese al crecimiento exponencial de su popularidad.

Su carácter competitivo, de hecho, viene de mucho antes de los grandes estadios y los trofeos. El propio Alcaraz lo explicaba recordando sus enfrentamientos con sus hermanos durante la infancia.

"Creo que esto viene de cuando tienes un hermano mayor [...] Me acuerdo de que cuando jugaba con mis hermanos ya fuera al fútbol, al pimpón, al baloncesto o a juegos de mesa, daba igual. Quería ganarles a todo; pero, como buen hermano pequeño que era, no les ganaba a nada", relataba.

Mucho ha cambiado desde aquellos partidos entre hermanos. Alcaraz ya no compite por ganarles en el salón de casa, sino por seguir escribiendo su nombre entre los grandes de la historia del tenis. Pero la ambición que le acompañaba entonces continúa siendo, quizá, uno de los principales motores de su carrera.