Jorge Pacheco
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La gloria y el infortunio se cruzaron en la temporada de Carlos Alcaraz. Tras coronarse en Australia y completar el Grand Slam de carrera, una lesión en su muñeca derecha frenó su marcha. En esta larga pausa, el tenista se sinceró sobre su madurez y su necesidad de pisar tierra.

Al recibir en Madrid el premio Laureus al mejor deportista del año en abrul, Alcaraz conversó en el podcast oficial del Mutua Madrid Open. Sin poder competir por problemas físicos, el murciano mostró gran madurez al explicar el control que ahora ejerce sobre su carrera:

"Las decisiones que podías tomar con 19 años prácticamente casi todas podían ser erróneas, y por eso tenía a mi equipo, donde ellos me iban guiando. Yo, en cierto modo, solamente les hacía caso. Ahora tengo más o menos voz y voto: puedo opinar, decidir, comunicar lo que necesito, cuándo tengo que parar o cuándo necesito entrenar. Por lo menos, ya tengo opinión".

Esta autonomía no altera su esencia. Para afrontar la soledad del circuito, Alcaraz busca siempre sentirse en casa cuando viaja:

"Intento pasármelo igual de bien cuando estoy fuera de pista con mi equipo y con mi gente. Tengo la suerte de que viaja bastante gente conmigo: mucha familia, amigos y gran parte del equipo. Eso me hace estar como en casa en cada torneo, y para mí eso es superimportante. La rutina, una vez que entras en el torneo, es prácticamente la misma".

Carlos Alcaraz, en la final del Mundial de fútbol 2026. Europa Press

Con todo, su verdadero refugio es su tierra natal. Murcia representa un santuario indispensable frente a la presión y la sobreexposición mediática:

"Una de las cosas que más echo de menos de Murcia, obviamente, es dormir en mi cama; eso es lo principal, el número uno. Lo que representa Murcia para mí es que, cuando paso mucho tiempo fuera de casa en torneos, te expones mucho a la prensa y a todo tipo de situaciones. Cuando vuelvo a Murcia, es como que vuelvo al niño de antes. En cierto modo me olvido de que soy tenista y vuelvo a ser la persona que siempre he sido, haciendo las cosas más sencillas del mundo con mis amigos. Eso es lo que me relaja, lo que me vuelve a poner los pies en la tierra, y ahí es donde desconecto".

Hoy, este largo descanso en El Palmar es forzado. Tras retirarse del Conde de Godó a mediados de abril, Alcaraz suma casi cuatro meses de inactividad, lo que le impidió jugar Roland Garros y Wimbledon. Su renuncia al Masters de Cincinnati confirma que su recuperación es lenta y deja en el aire su participación en el US Open.

En esta larga baja, sus pasatiempos y su familia son su terapia de desconexión: "Ahora ya no juego nada a la Play; estoy jugando bastante al ordenador. Tengo un juego que juego con mi hermano y con varios amigos, y luego el golf cada vez que puedo. Esos son mis hobbies de desconexión cuando no estoy compitiendo o entrenando".