Carlos Alcaraz sigue sumando malas noticias. El tenista español no jugará en Cincinnati y su presencia en el US Open queda ahora muy comprometida. La retirada oficial del Masters 1.000 llega en un momento clave del calendario y frena de nuevo el regreso que llevaba semanas esperando.
La decisión supone un golpe para su planificación. Cincinnati -donde ganó en 2025- era el último gran torneo antes de Nueva York y estaba marcado en rojo como una prueba decisiva. Sin esa escala, Alcaraz pierde competición, ritmo y una oportunidad importante para medir el estado real de su muñeca.
El problema arrastra ya varias semanas. La lesión ha obligado al murciano a frenar su regreso más de lo previsto y a modificar su hoja de ruta en plena gira americana. El objetivo era volver con garantías. Pero la evolución no ha sido la esperada y la prudencia ha terminado imponiéndose.
La baja en Cincinnati -que se disputa entre el 13 y 23 de agosto- no solo le deja sin un torneo de peso. También alimenta la duda sobre su presencia en el US Open, el gran objetivo del tramo final de verano.
A estas alturas, su participación en el último Grand Slam de la temporada está seriamente en el aire. No hay una certeza definitiva, pero sí un escenario mucho más delicado que hace apenas unos días.
La situación obliga a esperar a su respuesta física en los próximos entrenamientos. En un caso así, el día a día manda. Si la muñeca no tolera la carga, el regreso deberá seguir posponiéndose. Y si no compite antes de Nueva York, llegará al US Open sin rodaje y con muchas incógnitas alrededor.
En caso de tener sensaciones positivas, el torneo de Winston-Salem -entre el 23 y 29 de agosto- podría ser una solución para sumar ese rodaje necesario.
Carlos Alcaraz, durante un entrenamiento de este verano.
Para Alcaraz, el momento es incómodo. La temporada entró en una fase decisiva y él sigue atrapado en una recuperación que no termina de cerrarse. Cada semana fuera de pista reduce margen de maniobra. Y cada renuncia complica un poco más el plan de volver en plenitud.
La inactividad de Alcaraz pronto alcanzará los cuatro meses, habiendo superado ya la barrera de los 100 días y siendo su baja competitiva más larga desde que es profesional. Un periodo que se alarga desde el 14 de abril, cuando disputó los dieciseisavos de final del Conde de Godó, y se retiró del torneo.
El panorama, por tanto, es claro. Alcaraz no estará en Cincinnati y su nombre queda en duda para Nueva York. La prioridad pasa ahora por recuperar bien la muñeca y evitar un regreso precipitado. En un calendario tan exigente, forzar antes de tiempo puede costar más que esperar unos días más.
El tenista español afronta así un nuevo contratiempo en una temporada marcada por los parones y las interrupciones. Su evolución médica marcará el siguiente capítulo. Por ahora, la noticia es esta: otra retirada, otro retraso y un US Open que ya no aparece como un objetivo seguro.
