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El ATP 500 de Doha se ha convertido, casi por inercia, en el escenario perfecto para cruzar dos relatos que hoy mandan en el tenis masculino: el dominio creciente de Carlos Alcaraz y la reconstrucción de Jannik Sinner tras su sanción por dopaje.

Un año después de que el italiano quedara señalado por un positivo que sacudió al circuito, el torneo catarí abre la puerta a la primera gran cita del curso entre ambos, con el murciano instalado en el número uno y con la sensación de que cada semana empieza a girar en torno a sus resultados.

La edición de 2026 del Qatar ExxonMobil Open llega con un cuadro cargado de nombres ilustres, pero son Alcaraz y Sinner quienes concentran la mayor carga simbólica.

Ocupan lados opuestos, configurando el guion soñado por organizadores y aficionados: un posible cara a cara por el título que actuaría como primer pulso directo del año entre dos tenistas que han monopolizado buena parte de las grandes finales desde 2023.

Antes, eso sí, ambos tendrán que sobrevivir a una semana de trampas en pista dura al aire libre, con condiciones de viento y calor siempre traicioneras en Doha.

Sinner, tras su derrota en el Open de Australia 2026 Reuters

La sombra de lo ocurrido hace un año sobrevuela la presencia de Sinner. En febrero de 2025, el italiano aceptó una sanción de tres meses después de que se le detectara clostebol en unos controles realizados en Indian Wells 2024, en un caso que pasó de la exoneración inicial a un acuerdo con la Agencia Mundial Antidopaje para evitar un castigo mucho más severo.

Aquella suspensión le dejó fuera de la gira de pista dura y de la recta inicial de la temporada de tierra, y convirtió su calendario de 2025 en un ejercicio permanente de gestión de daños, tanto deportivos como de imagen.

Sinner estaba ya en Doha, preparando su participación en la pasada edición, cuando le comunicaron su sanción y hoy este torneo es casi un símbolo de lo que esa decisión le 'arrebataría' al número dos del mundo.

Doce meses después, el italiano regresa a Catar con su carrera plenamente reactivada, varios títulos más en el palmarés y una narrativa todavía marcada por la necesidad de demostrar que su tenis y su competitividad están por encima del ruido que le acompañó durante buena parte de 2025.

La tripa llena de Alcaraz

En el polo opuesto se sitúa Alcaraz, que llega a Doha como la vara de medir del circuito. El murciano ha utilizado el último año para reforzar su condición de referencia, encadenando grandes triunfos en Grand Slams y Masters 1.000 y ampliando la distancia simbólica con sus perseguidores.

Su victoria en el reciente Open de Australia le ha consolidado como líder del ranking y ha reforzado la sensación de que, ahora mismo, todos los caminos en el tenis masculino pasan por su raqueta.

Doha no es, en principio, un objetivo prioritario dentro de un calendario cargado, pero sí funciona como examen de rutina: la prueba de si también en semanas 'normales' sigue imponiendo su ley.

La rivalidad entre ambos añade una capa decisiva al contexto. El cara a cara total favorece a Alcaraz y, sobre todo, los últimos episodios han cargado el relato del lado del español. En 2024 y 2025, el murciano se llevó encuentros clave en escenarios como Roma, Roland Garros, Cincinnati o el US Open, donde logró remontadas y victorias que reforzaron su imagen de jugador capaz de elevarse en los momentos más críticos.

Sinner, por su parte, ha pasado de ser el joven llamado a disputarle el futuro a Alcaraz a convertirse en el rival al que se le exige una respuesta inmediata, más aún después del paréntesis que supuso la sanción.

Carlos Alcaraz, con el trofeo del Open de Australia 2026 Europa Press

Por eso Doha se presenta como un examen doble. Para Alcaraz, el torneo mide su capacidad para mantener la intensidad competitiva tras el desgaste de un Grand Slam y comprobar si puede imponer su tenis agresivo desde el primer torneo 'menor' del año.

El número uno ha demostrado que se adapta bien a condiciones externas complicadas, pero el debut ante Arthur Rinderknech y un cuadro con nombres como Khachanov, Medvedev o Rublev no le permiten ningún despiste en los primeros días. Cada victoria en Catar, más allá de los puntos, refuerza la impresión de que ha alcanzado una estabilidad que le permite ganar donde y cuando le toque.

Para Sinner, Doha es el escenario donde comprobar si su reconstrucción está ya a la altura de las expectativas. El italiano cerró 2025 con buenos resultados y ha arrancado 2026 con el objetivo explícito de volver a pelear de tú a tú por el número uno, pero el recuerdo de la sanción forma parte inevitable de su relato público.

Cada semana importante se lee también en clave de redención: cómo responde en los momentos de máxima presión, qué nivel muestra frente a los mejores y hasta qué punto ha logrado que su tenis vuelva a ocupar el centro de la conversación.

El sorteo del cuadro alimenta la sensación de que Doha puede ser el primer gran cruce de caminos del año. Alcaraz gobierna la parte alta, con un estreno exigente y una hipotética ruta hacia semifinales plagada de sacadores y pegadores de pista dura. Sinner manda en la parte baja, rodeado de jugadores capaces de desgastarle en intercambios largos y de explotar cualquier bajón de confianza.

Si los dos cumplen con su condición de favoritos, la final soñada en Catar ofrecería mucho más que un título: sería el primer capítulo de 2026 en la batalla por la cima del ranking y en la disputa por el relato de la era que están escribiendo.

En términos de percepción, el torneo también sirve para medir hasta qué punto el circuito y los aficionados han recolocado a cada uno. Alcaraz se ha asentado como figura central, con un juego explosivo y una imagen de campeón precoz que conecta tanto con la tradición del tenis como con las nuevas audiencias.

Sinner, tras el sobresalto del dopaje, ha tenido que trabajar no solo en la pista, sino también en reconstruir la confianza alrededor de su figura, con mensajes de responsabilidad y con la intención de que su nombre vuelva a asociarse, ante todo, al rendimiento competitivo.

Jannik Sinner y Carlos Alcaraz se saludan tras la final en Turín EFE

Doha, en definitiva, no es solo un ATP 500 más en el calendario. Es el primer gran termómetro de 2026 para comprobar si Alcaraz mantiene el pulso firme después de su último gran éxito y si Sinner está preparado para sostener la comparación con el número uno un año después de la sanción que marcó su carrera.

Si el guion conduce a ese primer enfrentamiento de la temporada entre ambos, Catar habrá conseguido algo más que un cuadro de lujo: habrá encendido, desde febrero, la lucha por el trono del tenis masculino.