La sinceridad de Nicolás Almagro siempre le caracterizó dentro y fuera de las pistas de tenis. Pero en enero de 2017, durante el Open de Australia, el tenista murciano protagonizó una de las declaraciones más contundentes sobre dinero en el deporte profesional español.
Tras retirarse a los 23 minutos de su partido de primera ronda ante el francés Jeremy Chardy, cuando perdía 4-0 por problemas físicos, la prensa australiana le acusó de haber saltado a la pista únicamente para cobrar el cheque de 50.000 dólares australianos (unos 35.000 euros) que garantizaba el torneo por participar.
La respuesta de Almagro fue demoledora: "Salí a la pista pensando que podía jugar porque estaba en condiciones. He sido 'top-10', tengo más de 10 millones de dólares, no voy a jugar por 50.000".
La frase, pronunciada en la conferencia de prensa posterior al partido, evidenció la incomodidad del español ante las acusaciones de amaño y la intención de dejar claro que su patrimonio acumulado durante 15 años de carrera profesional le permitía no verse condicionado por premios menores.
Almagro había llegado a Melbourne con problemas físicos evidentes. Una semana antes del torneo se había sometido a una resonancia magnética que revelaba lesiones que arrastraba desde tiempo atrás.
Nicolás Almagro
Sin embargo, decidió presentarse al compromiso profesional, tal y como había hecho durante toda su trayectoria. "Sentí el problema de nuevo en la pista y tuve que retirarme", explicó el tenista, que había alcanzado el puesto número 9 del ranking ATP en 2011 y acumulaba 13 títulos en su palmarés.
Horas después de la polémica, Almagro publicó un comunicado en su cuenta de Twitter para aclarar aún más la situación: "A día de hoy, y en mis quince años de carrera, he jugado por pura ambición de ganar".
El murciano quiso dejar constancia de que su decisión de jugar no había estado motivada por el aspecto económico, sino por la competitividad que siempre le había caracterizado y porque, en febrero de 2017, nacería su hijo y no disputaría algunos partidos, por lo que necesitaba sumar puntos antes de su pausa paternal.
La declaración de Almagro puso sobre la mesa una realidad incómoda del tenis profesional: la enorme brecha salarial entre los jugadores de élite y el resto del circuito. Según los datos oficiales de la ATP, Almagro había acumulado más de 11 millones de dólares en premios a lo largo de su carrera.
El episodio también reflejó la presión mediática a la que se enfrentan los deportistas profesionales cuando sufren lesiones en torneos de Grand Slam. En 2017 entró en vigor una nueva normativa por la que los jugadores lesionados cobraban igualmente el dinero de la primera ronda pese a no saltar a pista, dejando su sitio a un jugador de la previa.
Sin embargo, esta regla no se aplicaba en torneos de Grand Slam, lo que generaba suspicacias cada vez que un tenista se retiraba en las primeras rondas.
