"He vomitado algo, no sé si tengo que tomarme algo". Corría el ecuador del tercer set cuando Carlos Alcaraz se dirigió a su banquillo para espetarles esta frase que inmediatamente hizo saltar todas las alarmas. [Así vivimos la victoria de Alcaraz ante Zverev en la semifinal del Open de Australia]
El murciano tenía todo bajo control. Había dominado en las dos primeras mangas y caminaba desbocado hacia la final del Open de Australia, pero ahí todo cambió. Aparecieron los calambres y pasó a jugar absolutamente 'tieso' desde ese momento.
Zverev olió la sangre y alargó el partido, pero Alcaraz es un mago que puede sacarse cualquier truco de la chistera. Como el de ganar estando completamente cojo y lesionado.
Zverev forzó el cuarto set, también el quinto. Lo hizo después de recurrir a dos tiebreaks para llevar el partido por encima de las cinco horas. En la quinta manga los problemas de Alcaraz desaparecieron, remontó el break en contra y terminó completando una gesta emocionante que ya es historia del tenis.
Jugará por primera vez la final del Open de Australia ante Djokovic o ante Sinner. La duda es en qué estado de forma llegará a la gran cita, pero eso ya será otra película.
Alcaraz lo encarrila
El favoritismo recaía todo del lado de Carlos Alcaraz. Un año y medio después, todavía resonaba en la mente del alemán aquella final de Roland Garros en 2024, cuando el murciano le dejó a las puertas de su primer grande.
Pese a todo, estaba claro que no iba a ser coser y cantar. Eso quedó claro desde el inicio. Un arranque de partido en el que pasaron seis juegos sin que ninguno de los dos tuviera la más mínima opción al resto.
En el séptimo juego llegó la primera oportunidad de rotura para Alcaraz, pero Zverev solventó bien la situación para pasar página. No pudo hacerlo, sin embargo, en el tramo final de esta primera manga.
Alcaraz ejecuta un golpe con su revés en el partido ante Zverev.
Cuando Carlos aprieta el acelerador es prácticamente imposible detenerlo. Sabe elegir el momento perfecto, el más delicado, cuando al resto se le encoge la muñeca. Subió las revoluciones para romper en el tramo final, ponerse 5-4 arriba y finiquitar después la primera manga con un servicio en blanco.
Tras el primer zarpazo, llegaba el segundo. Zverev se las vio tiesas para retener su primer juego de la segunda manga. Un inicio interminable, con una bola de break salvada, para sobrevivir como podía.
No se iba a dar por rendido el germano antes de tiempo. Los partidos en un Grand Slam son muy largos y pueden cambiar de un momento a otro. Logró lo que parecía imposible, romperle el servicio a Alcaraz para ponerse 2-4 arriba.
Carlos Alcaraz cierra el puño en el partido ante Zverev.
Ratificó el break y se colocó 2-5, a un solo juego de equilibrar el partido. Parecía perdido este segundo parcial, pero eso de rendirse tampoco va con Alcaraz. Ni mucho menos. Recuperó el break perdido y forzó el tiebreak.
En el desempate, otra exhibición de calidad y de saber estar para anotarse el segundo set. A un paso de la gran final.
Llegan los calambres
Todo iba como la seda para Carlos Alcaraz. Tenía el pase en su mano, desprendía unas sensaciones fantásticas sobre la Rod Laver Arena, y Zverev tenía un mundo por remontar.
Sin embargo, de repente el oasis de tranquilidad se rompió. De la forma más abrupta e inesperada posible. En el ecuador de este tercer set, de repente Alcaraz se acercó a su banquillo para hablar con ellos.
"He vomitado algo, no sé si tengo que tomarme algo". No se llegó a apreciar en directo, pero a partir de ahí empezó un nuevo partido. Los calambres se apoderaron del cuerpo del tenista español, y pasó a ser casi un zombie sobre la pista.
De repente, Alcaraz no podía moverse. Sin despegar las piernas del suelo, sin realizar grandes carreras y estirando constantemente su musculatura, el número 1 del mundo era un jugador lesionado peleando contra las circunstancias por no abandonar a las puertas de la final.
Zverev se quejó amargamente de la atención médica que le dieron al español. No quería conceder nada. Pero lo cierto es que le costó domar a un rival que vagaba sobre la pista sin más argumentos que una calidad impresionante.
Alcaraz dejó de moverse, pero en su lugar hizo gala de un repertorio de golpes que demostró que hasta cojo puede plantarle cara al número 3 del mundo.
Zverev ejecuta un golpe con su derecha en el partido ante Carlos Alcaraz.
No fue sencillo tampoco para Zverev lidiar con ese momento. El alemán se vio ante un rival que no hacía más que pegar palos de mago, y la mente por momentos se le nubló pensando en cómo no sería capaz de ganar a alguien que no podía moverse sobre la pista.
Lo logró, aunque tuvo que recurrir al tiebreak en esta tercera manga. Se abría un partido completamente nuevo.
Alcaraz sobrevive
Había alguna duda de qué haría Carlos Alcaraz tras perder este tercer set. De repente se le venía encima una gran montaña. Tener que disputar al menos una manga más lesionado no parecía el mejor panorama, pero se aventuró a ello.
Lejos de bajar los brazos, plantó cara de manera emocionante. Sin embargo, Carlos no podía ser Alcaraz. Su cabeza quería, pero su cuerpo no le dejaba.
En esas, Zverev ni siquiera fue capaz de romperle el saque al tenista español, aunque sí que llegó a forzar el tiebreak. Otra vez más el desempate, y de nuevo el alemán apretó los dientes en él para forzar el quinto set.
Alcaraz culmina la gesta
Todo o nada, el quinto set dejaba paso a emociones fuertes, muy fuertes. Eso sí, las cosas no empezaron nada bien para Alcaraz, que perdió su primer servicio y pasó a jugar a contracorriente desde el primer instante.
De repente, las molestias de Alcaraz desaparecieron. Eso le dio alas y abrió un resquicio para la esperanza. Más todavía al ver que era capaz de alcanzar varias bolas de break al resto, aunque muchas de ellas se escaparon.
Llegó el momento de la verdad. Zverev se plantó 4-5 arriba sacando para ganar. Lo tenía todo de cara el germano, pero entonces llegó el ciclón de El Palmar.
En el momento justo, con el toque mortal preciso, como hacen los grandes campeones, Alcaraz le rompió el servicio a Zverev, puso el 5-5 y a partir de ahí el resto ya es historia.
Zverev y Alcaraz se funden en un abrazo.
Inmediatamente después se adjudicó su servicio y, lejos de quedarse ahí, enlazó un segundo break consecutivo para cerrar el partido y su pase a la final. Lo hizo con una derecha marca de la casa buscando superar la subida a la red de Zverev, que agranda su etiqueta de 'loser' en los grandes.
Lo tuvo ganado, después perdido, y terminó logrando el pase a la final con uno de los partidos más emocionantes de los últimos tiempos. Este encuentro ya es historia de los Grand Slams. Alcaraz jugará por primera vez la final del Open de Australia.
