Carlos Alcaraz se ha instalado en la élite del tenis mundial con un cóctel en el que pesan tanto la potencia de su derecha como la minuciosidad con la que cuida lo que come.
Lejos de las dietas extremas de otros deportistas, el murciano ha construido un modelo propio: muy pensado para competir, pero con margen para seguir siendo 'Carlitos' cuando vuelve a casa.
El corazón de ese plan es el famoso plato 'secreto' que toma antes de saltar a la pista. En distintas entrevistas, entre ellas una pieza de ATP Tour sobre su alimentación y apariciones en televisión, Alcaraz ha descrito con detalle el ritual:
"Tomo un plato de pasta mezclada de gluten free, con una crema de cacao que se llama ambrosía que lleva aceite de oliva y dátiles. Todo eso me lo suelo tomar una hora y media antes del partido", ha explicado en alguna ocasión sobre su preparación antes de los grandes torneos.
Ese plato concentra buena parte de la filosofía nutricional del número uno español: hidratos de carbono como combustible principal, pero acompañados de grasas de calidad y azúcares procedentes de fruta seca, sin rastro de los procesados habituales en productos de cacao comerciales.
Alcaraz, durante la final de las ATP Finals contra Sinner
La llamada 'Ambrosía' es una crema artesanal a base de cacao 100%, dátiles, avellanas y aceite de oliva virgen extra, diseñada para aportar energía sostenida sin picos de glucosa.
Su jornada de competición se completa con una planificación igual de milimetrada. Durante los partidos, suele recurrir a una combinación fija: "A la hora de partido, suelo tomar una barrita que lleva dátiles, claras de huevo y creo que guaraná. Y la suelo combinar con plátanos", contó en una entrevista.
Con ello repone glucógeno, añade algo de proteína y cafeína natural, y previene calambres con el aporte extra de potasio.
La víspera de los grandes duelos también tiene su liturgia. Alcaraz ha admitido que "la noche anterior al partido como sushi, muchas veces lo hago...", una elección que encaja con el peso creciente del pescado como base de su dieta, por encima de las carnes rojas. Pescado, pasta, algo de arroz y ensaladas componen el esqueleto de su día a día.
Sin embargo, el murciano se ha cuidado de no convertir su vida en una lista infinita de prohibiciones. En otras declaraciones, ha reconocido que no vive esclavizado por la dieta: "No tengo ninguna restricción, lo que quiera, me lo como. Intento cuidarme bastante, pero si se me presenta algo que me gusta, me lo tomo encantado".
Cuando vuelve a El Palmar, confiesa que se permite hamburguesas, pizza o incluso kebab "de vez en cuando", una válvula de escape que considera necesaria para desconectar.
Ese equilibrio entre profesionalización y normalidad también se refleja en sus hábitos fuera de la mesa. Esa mezcla de ciencia, rutina y raíces explica que, detrás del plato de pasta con crema de cacao, siga habiendo un chico de 22 años que quiere ganar Grand Slams sin dejar de sentirse el mismo de siempre.
