París

Carlos Alcaraz acabó las semifinales de Roland Garros de la peor forma posible: lesionado en su pierna derecha, cojo y casi sin poder moverse. En el arranque del tercer parcial, el español sintió un latigazo tremendo después de golpear una derecha y a partir de ese momento el encuentro se terminó para él, con Novak Djokovic clasificándose para la final (6-3, 5-7, 6-1, 6-1) y citándose con el ganador del Casper Ruud-Alexander Zverev por la Copa de los Mosqueteros, que le permitiría quedarse con el récord absoluto de títulos de Grand Slam (23, ahora mismo está empatado a 22 con Rafael Nadal).

"En primer lugar, tengo que decir que ha sido mala suerte para Carlos", dijo Djokovic en su entrevista en la pista, cuando ya tenía la victoria en la mano. "Obviamente, a este nivel lo último que quieres son calambres y problemas físicos. Lo siento por él. Espero que se recupere y que pueda volver muy pronto", prosiguió el serbio. Se lo dije en la red. Tiene mucho tiempo por delante, así que estoy seguro de que va a ganar este torneo muchas veces. Es un jugador increíble, un competidor increíble y alguien muy agradable, así que se merece todos los aplausos y todo el apoyo".

Lo que había sido una batalla encarnizada terminó convertido en un soliloquio de Djokovic, que no encontró oposición para echarle el lazo a un partido que arrancó apretado, un bonito cruce de poder a poder entre los dos tenistas del momento.

Alcaraz lucha por llegar a por una pelota REUTERS

Djokovic salió en tromba a conquistar la semifinal. Prevenido después de lo que había sucedido en su único precedente con Alcaraz (Madrid, 2022), y después ver el estado de forma del español (cuatro títulos esta temporada), el número tres mundial expuso de arranque lo mejor de su argumentario, mandándole un mensaje al joven de 20 años: para ganar vas a tener que hacer mucho más de lo que has hecho hasta ahora, yo no soy como los demás.

Así, el campeón de 22 grandes se llevó la primera manga de la mano de un break tempranero y marcó distancias con Alcaraz, quizás sorprendido por la manera de afrontar el duelo de su rival, impresionado por las ganas de triunfar de Nole. 

Carlos Alcaraz celebra un punto en el segundo set. REUTERS

Lejos de sacar bandera blanca, y como no podía ser de otra manera, el número uno mundial apretó los dientes y se reenganchó a la semifinal firmando un segundo parcial lleno de pasión, ganas y golpes graníticos que le permitieron empatar el duelo antes de que la tarde se volviese una pesadilla.

En ese inicio de la tercera manga, seguramente en el mejor momento de Alcaraz, el murciano se lesionó y todo se acabó. Aunque jugó hasta el final, aguantando como pudo, sus opciones de victoria se redujeron a la nada ante un Djokovic inabordable que no perdonó nada camino a otra nueva final de Grand Slam.