Nueva York

Bill Clinton, presidente de los Estados Unidos entre 1993 y 2001, no pudo hacer otra cosa que aplaudir, aplaudir y aplaudir. El lunes por la noche, sentado en una butaca de la Arthur Ashe, la pista más grande del mundo, el hombre que ocupó la Casa Blanca durante dos mandatos se unió a casi 30.000 personas para despedir a Serena Williams en el último torneo de su carrera.

La tenista, sin embargo, se regaló algo de tiempo, un poquito más de vida en el circuito: ganó a Danka Kovinic y se citó este miércoles con Anett Kontaveit, la número dos mundial, antes de decir adiós definitivamente. El Abierto de los Estados Unidos 2022, en cualquier caso, marcará un punto de inflexión importante: se retira una deportista como no habrá otra, estrella e icono universal.

"Quiero que la gente se inspire con mi historia", se arrancó después de la victoria la estadounidense frente a una grada entregada, desecha en muestras de cariño hacia la jugadora. "Soy de Compton, en California. ¡Y lo he logrado!".

Nacida en esa humilde y peligrosa ciudad del condado de Los Ángeles, y forjada por su padre Richard, con un método de trabajo ideado para llegar la cima, Williams conquistó su primer grande en 1999 (Abierto de los Estados Unidos) y el último en 2017 (Abierto de Australia), sumando 23 títulos de Grand Slam (73 en total).

Williams, durante el homenaje en la Arthur Ashe. Mike Segar REUTERS

Por encima de eso, de las 319 semanas como número uno del mundo, de las cuatro medallas de oro olímpico (una individual) o del título de la Billie Jean King Cup, Serena se ha erigido como una figura que ha traspasado todas las fronteras del deporte.

Convirtiéndose en una tenista que será recordada por cambiar las reglas del juego, fulminar todas las marcas hasta derribar la frontera de la eternidad e inspirar a muchas generaciones, despejando el camino de todas las mujeres que encontraron en Williams una fuente de inspiración, motivos para creer, ejemplo ante las trabas de una sociedad que a veces sigue levantando barreras en lugar de derribándolas.  

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Así, y aunque no haya logrado cazar los 24 grandes de Margaret Court, récord de todos los tiempos, Williams tiene argumentos de sobra para merecer la primera posición de la carrera por ser la mejor tenista de todos los tiempos.

Serena Williams, en el US Open 2022 Reuters

Sus intangibles son demasiado poderosos: aparecer en el circuito con un estilo de juego rompedor, de potencia y velocidad, para contrarrestar el tenis táctico de la época (dominada por Martina Hingis), impulsar la figura de la mujer en el deporte, rebasando todos los límites imaginables, y llevar el deporte a otro nivel, transformándose en un referente cultural que ha colonizado mundos muy distintos al suyo.

Evolución

"Prefiero la palabra evolución (a retirada), siento que estoy en una etapa de mi vida donde no me retiro, estoy evolucionando del tenis", explicó la estadounidense ante los periodistas. "Este deporte me ha dado mucho, me ha dado una plataforma que nunca pensé tener gracias al tenis. Es hora de evolucionar hacia lo siguiente, es importante porque hay muchas otras cosas que quiero hacer".

Serena ha puesto el acento ahora en otros desafíos. Hace unos años, la estadounidense fundó Serena Ventures, una compañía de capital de riesgo y apoyo a emprendedores. Luego, fue mamá (su hija Alexis Olympia tiene cuatro años) y se casó con Alexis Ohanian, formando una familia. Ahora, cerca de cumplir los 41 años, el cuerpo le pide descanso y la mente enfrentarse a otros retos, como volver a ser madre sin tener que estar pensando en recuperarse para la competición, una trituradora despiadada.

Williams ha dado lo máximo y algo más, por eso merece disfrutar del segundo capítulo de su vida en paz.