París

De nuevo, Rafael Nadal buscará el domingo ganar la Copa de los Mosqueteros. En las semifinales de Roland Garros, el español estaba sorteando un cruce muy duro ante Alexander Zverev. Hasta que el alemán se torció el tobillo derecho en una carrera y tuvo que abandonar la pista en silla de ruedas. Un infortunio que se confirmó un rato después, cuando confirmó su retirada y volvió a la Philippe Chatrier con dos muletas para despedirse del público. El partido finalizó con 7-6 y 6-6, ya que la lesión llegó cuando se disputaba el 'tie-break'.

Así, el número cinco se dio la oportunidad de pelear por su decimocuarto título en el torneo ante el ganador del Casper Ruud-Marin Cilic. Antes, sin embargo, otra exhibición de deseo: el día de su 36 cumpleaños, el mallorquín se regaló una demostración de rebeldía contra la lógica y se colocó a una sola victoria de llegar a los 22 trofeos de Grand Slam. [Narración y estadísticas].

Después de perder el tie-break de la primera manga, a Zverev se le quedó la cara descompuesta, pálido desde la frente hasta el cuello. No fue para menos: el alemán ganaba 6-2 ese desempate, cuatro pelotas para hacerse con el parcial inaugural.

Un desafío que terminó perdiendo, porque Nadal firmó una reacción sobrecogedora, remontando y ganando tres puntos con tres derechas imposibles, en carrera y desde posiciones muertas. Lo que le sirvió para darle un bocado crucial al encuentro, que compitió empapado en sudor por la tremenda humedad (un 86%) de un día trampa.

Más de 60 horas después de eliminar a Novak Djokovic en una noche mágica, Nadal se encontró acorralado ante Zverev en la Chatrier. Jugando con la pista cubierta, consecuencia de la lluvia que descargó el viernes sobre París, y asfixiado por el calor, el número cinco vio como su contrario sacaba ventaja de esas condiciones de juego en un arranque extraordinario. Algo que le valió para ponerse por delante en el encuentro, obligando a Nadal a reaccionar para no desengancharse de la lucha por estar en la gran final.

Rafa Nadal juega con su revés. REUTERS

Golpeando la pelota con limpieza y mala baba, Zverev comenzó disparando ganadores (siete) mientras Nadal buscaba la manera de conectar el primero, que consiguió con un saque directo tras 20 minutos de partido. Levantada una muralla de la mano de su saque (por encima del 90% de primeros servicios), el alemán se colocó con un interesante 4-2 que le permitió soñar con el triunfo ante el rey del templo de la tierra. 

Sin volverse loco, Nadal comenzó a ganar en agresividad. Eso se tradujo rápidamente en el marcador (de 2-4 a 4-4), en las tres pelotas de set que se fabricó al resto (con 5-4) y su actuación en el desempate, que volteó pese a enfrentarse a un 2-6 muy peligroso.

A partir de entonces, la semifinal entró en un terreno pantanoso difícil de entender. 

Nadal estuvo más de una hora sin ganar un saque, encajando break tras break (desde el 6-5 del primer set al 5-5 del segundo). Durante ese tramo, de una calidad malísima, con un puñado de imprecisiones de ambos lados que emborronaron el espectáculo, Zverev se puso dos veces por delante (4-2 y 5-3), pero fue incapaz de dar un paso al frente para ganar la segunda manga y empatar el partido. 

Así llegaron los dos a otro tie-break, que terminó abruptamente cuando Zverev se lesionó corriendo a por una pelota. El alemán, que abandonó la pista en silla de ruedas, regresó unos minutos después ayudándose de unas muletas para confirmar lo evidente: su retirada del encuentro. 

[Más información: Rafa Nadal y el 'efecto Bullet': Marc López, el talismán con el que no pierde en Grand Slams]

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